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lunes, 8 de septiembre de 2008 Última actualización: 12:22:30

Joaqun Madina LoidiColumna de
EranYashiv



La paz en Oriente Medio, casi imposible

Es difícil alterar la percepción del mundo formada en la infancia.

Eran Yashiv

La secretaria de Estado, Condoleezza Rice, visitará Israel esta semana y se espera que el presidente George W. Bush lo haga la próxima, por lo que las conversaciones de paz entre Israel y los palestinos están en la agenda una vez más.

Esta difícil paz se califica de esencial y a la vez inalcanzable. Pero mientras lo primero es cierto y deseable, lo segundo es una percepción equivocada ampliamente extendida. La solución al conflicto existe y es bien conocida, pero no puede ser implementada en un futuro próximo.

Muchos políticos y comentaristas creen que la solución al problema palestino-israelí es posible por varias razones: en primer lugar, la gente racional cree en soluciones racionales; en segundo lugar, el conflicto se considera “demasiado importante” para no tener final; en tercer lugar, las líneas de una solución racional han sido trazadas una y otra vez, por lo que la mera existencia de una solución anima a creer en su implementación.

A lo largo de los últimos 12 años, se han ofrecido cuatro planes de una fórmula similar basada en el establecimiento de dos estados. De hecho, la declaración emitida a finales de la reciente conferencia de Anápolis se basa en esta lógica.

¿Entonces por qué hay tan pocas esperanzas de lograr una solución racional? Porque hay serios elementos disuasorios para lograr la paz que tienen que ver con la demografía, la intensidad de la violencia y la economía.

Además, los mecanismos de retroalimentación que están en funcionamiento refuerzan estos elementos disuasorios. En primer lugar, la demografía: la edad media de los palestinos es de 17 años, frente a la de EEUU, que es de 37 y la de Israel de 30. Los palestinos son una nación muy joven.

Nada menos que el 85% de la población palestina está por debajo de los 40 años y ha nacido bajo la ocupación israelí, que empezó en junio de 1967. Más del 40% de los palestinos vivió la segunda “intifada”, o levantamiento contra Israel cuando eran bebés o niños. Estos hechos significan que la mayoría de la población ha experimentado a Israel sólo como una fuerza de ocupación dentro de un entorno cada vez más violento.

Más de 4.300 palestinos han sido asesinados solamente en la pasada década. El número de heridos o traumatizados palestinos es de decenas de miles. Dado que es muy difícil alterar la percepción del mundo que uno se forma en la infancia, la probabilidad de que los palestinos se vuelvan más favorables hacia los israelíes es realmente inexistente.

En una entrevista reveladora en The New York Times Magazine el año pasado con un activista de Hamas, Steven Erlanger citaba a este activista diciendo: “Creo que esta generación será la generación de la liberación. Si en el pasado, el 1% de la gente entraba en la resistencia, desde esta generación, lo hará el 20% o más… Esta generación será nuestro ejército de liberación”.

Potentes mecanismos de retroalimentación refuerzan estos elementos disuasorios para la paz. Uno tiene que ver con la situación económica. Desde 1999, la economía palestina ha experimentado un declive de en torno a un tercio, en términos de PIB per cápita. El índice de desempleo ha aumentado desde el 14% hasta el 22% entre 2000-2005, con las últimas cifras que apuntan a los dos dígitos altos.

El porcentaje de gente por debajo del umbral de la pobreza ha aumentado desde el 20% en la segunda mitad de la década de los 90 a más del 40%, y el 15% se considera que vive en la pobreza absoluta.

Esta situación es un terreno abonado para los grupos que desean comprar influencia a través de ayuda económica. Uno de estos grupos es Hamas, que construye su éxito político sobre la caridad. Otros son Irán y Al-Qaeda.

De hecho, un asesor del primer ministro de Gaza de Hamas, Ismail Haniyeh, afirmó en enero de 2007 que Hamas había recibido promesas de en torno a mil millones de dólares del mundo islámico.

Eran Yashiv es profesor de Economía de la universidad de Tel Aviv.

 




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