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13/11/2007 13:49   




Hace 1.653 años

Nace un intelectual cristiano: Agustín de Hipona

Julio MonteroMadrid. Agustín era medio bereber. Su madre era cristiana, porque los bereberes de entonces lo eran casi todos. A la buena mujer la casaron con un animal, aunque romano: un pagano mujeriego y violento de carácter. Agustín salió al padre en lo de mujeriego y juerguista y a la madre, Mónica, en lo listo.El joven Agustín era de una inteligencia e imaginación fuera de lo común. Era un triunfador al que le gustaban los halagos. Su vida alegre no le impedía leer y estudiar con tanta pasión como acudir a fiestas y banquetes. Se dedicó a lo que cualquier persona inteligente: a la literatura, al teatro, a la elocuencia. Era un retórico de primera. El mejor del norte de África que, por entonces, era algo serio desde el punto de vista cultural y dentro del mundo occidental.Agustín era un apasionado en todo. Por eso mantenía abiertas en su cabeza, corazón y conciencia unas cuantas batallas que le traían en vilo. Algunas eran bastante teóricas. Pero había una que notaba que afectaría a toda su vida. Era su batalla interior por encontrar la verdad. Ahora a ningún intelectual se le pasa por la cabeza que pueda llegar a conocer algo que le exija cambiar, no ya la vida —eso es un fundamentalismo—, sino siquiera su modo de organizársela. En realidad, temía que la verdad le comprometiera. Por eso su esfuerzo intelectual le llevó años. Y cuando honradamente le pareció que el cristianismo reflejaba esa verdad del modo más perfecto que era posible, empezaron sus problemas de verdad. En ese momento, cambiar de vida se convirtió en un deber,  pero era difícil poder llegar a cumplirlo.Tardó en tomar la decisión de bautizarse. Sus pasiones, su forma de vida, le tiraban de la ropa y le decían: “hombre Agustín, que llevamos tanto tiempo juntos y nos lo hemos pasado tan bien. Ya es bastante que hayas alcanzado la verdad con tu noble entendimiento. Ya irás cambiando poco a poco. Deja que nos acostumbremos todos a vivir de otra manera…” En fin. Sus pasiones le pedían que actuara como un demócrata cristiano de los de ahora. Cristiano de la cintura para arriba y demócrata de la cintura para abajo.Pero Agustín no empezó a ser San Agustín hasta que decidió —de verdad— hacer las cosas al revés.





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