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13/12/2007 16:37   



Educación para la Ciudadanía, a examen

Diferentes asociaciones de padres, profesores, alumnos y políticos critican cada día la polémica asignatura que entró en vigor este curso. ¿Qué hay detrás de EpC y por qué ha despertado la voz de la opinión pública?

Educación para la Ciudadanía, a examen
Una niña lee un libro de "Educación para la Ciudadanía".

CRISTINA ARREDONDO

Madrid. Hace ya dos años aproximadamente empezó el debate. Primero lanzaron la propuesta y se vio la reacción de la sociedad en cuanto al tema. Los sectores más progresistas aprobaban la propuesta, los bandos más conservadores la  rechazaron.

Los padres empezaron a defender su ámbito, ya que estimaron que el Estado empezaba a introducirse donde no le correspondía.

Finalmente, la asignatura que más polémicas ha levantado en el ámbito político era aprobada y aplicada. Así, desde este curso los alumnos de ESO incorporan a sus mochilas los manuales de Educación para la Ciudadanía (EpC).

Hablamos con responsables de educación, con el primer objetor de conciencia, revisamos estudios sobre los contenidos y ponemos a examen los manuales. Pero aún así, cuando todo parece estar claro, surge la pregunta: ¿Por qué suscita tanto revuelo EpC?

Para algunos se trata de un peso más sobre las espaldas y las conciencias de los niños. Para otros supone una carga ligera en pro del beneficio social. Y para Rosa Mateo Girón, responsable del Proyecto Eso y Bachillerato de la Institución educativa Fomento de Centros de Enseñanza, supone “la maría”.

Se dice que los políticos se han aprovechado del tirón social que ha levantado su aprobación. El PSOE la usa para hacerse con los sectores más progres de la sociedad. Y el PP para poner en contra del PSOE al resto, defendiendo que si gana las próximas elecciones suprimirá la asignatura.

Cuestión de autonomías

Según aclara Rosa Mateo, experta en este tema, la asignatura Educación para la Ciudadanía ha sufrido una politización excesiva que deja en un segundo plano el problema real de la materia: “el currículo que adopta cada comunidad autónoma”.

Insiste en que las discrepancias no deben surgir porque haya sido impuesta por un partido político determinado. De hecho, ya el Gobierno de Aznar llevó al Parlamento Europeo la idea de esta asignatura, que se imparte desde hace años en el resto de Unión Europea, si bien entendida de otra forma menos ideologizada que en la actualidad que la provocada por el Gobierno de Zapatero al otorgar demasiadas competencias a las diferentes Administraciones.

Así, la polémica debería girar en torno a las incompatibilidades que puedan surgir entre lo que dicta el currículo en cuestión y cómo lo imparta el profesor y lo que se intenta inculcar dentro de la familia.

Mateo explica que al final el adoctrinamiento, o no, que se pueda llevar a cabo depende de quien la imparta, al igual que ocurre con otras asignaturas, como la Historia o las Ciencias Naturales“.

Si bien, Alejandro Campoy, miembro de Hazte Oír y primer objetor de conciencia de EpC, destaca que en este aspecto chocan dos temas diferentes: por un lado la libertad de cátedra y las competencias en educación de las autonomías, por otro.

“No se puede impedir a un profesor dar su particular visión de la Historia. Lo que si es exigible es el cumplimiento íntegro de  las leyes educativas y de la propia Constitución en lo tocante a la enseñanza y escolarización en castellano”. “Respecto a la manipulación de la Historia -continua Campoy- sólo hay una solución posible, propuesta por parte de diversos colectivos cívicos: que la educación vuelva a ser una competencia exclusiva del Estado”.

Aunque Campoy también sostiene que “en última instancia, siempre dependerá del profesor”, pero defiende que los profesores han de soportar una gran presión. De modo que “a la mínima, el profesor se juega un expediente disciplinario” por parte de los servicios de Inspección Técnica de Educación.

De hecho, explica que en el colegio de sus hijos “ya están los inspectores dentro de las aulas evaluando el modo de dar la clase de los profesores”.

En esta línea, la directiva de Fomento hace hincapié en que muchos padres eligen uno u otro centro según el enfoque que en dicho colegio le va a dar a las diferentes materias. “Todas las asignaturas que se imparten en un centro deben estar impregnadas del ideario de dicho centro”.  “¿Por qué? Pues porque los padres eligen para sus hijos un centro por el carácter propio que tiene y esperan que en todas las materias se refleje esa coherencia del carácter propio de centro educativo”.

Mateo deja intuir que una pequeña parte del problema que puede plantear en determinadas familias la EpC, se solucionaría con la elección apropiada del colegio. No obstante, las posibilidades económicas o de localización geográfica dificultan en muchas ocasiones que los padres puedan enviar a sus hijos a donde les gustaría que estudiasen.

De nuevo, Campoy difiere de Mateo en que la solución para las familias no llega por la selección del colegio ya que según explica “la libre elección del centro hoy en día es una quimera” debido a que no “todo el mundo puede elegir el centro que desearía”.

Una hora a la semana

Por otra parte, Rosa Mateo, intenta tranquilizar a la sociedad diciendo que el tiempo destinado a la materia no es suficiente como para ocasionar un adoctrinamiento completo del estudiante, aunque por escaso que sea puede dejar ciertas incertidumbres en el alumno que le lleven a discrepar de los valores enseñados en el hogar. 

El curso escolar consta de 35 semanas  y a esta materia se le ha otorgado una hora a la semana, de modo que al final será catalogada por los niños como “la maría”, la que “se pone los viernes a última hora” y en cuyos exámenes los alumnos responderán única y exclusivamente aquello que saben que el profesor quiere oír, “cómo ocurre casi siempre”, estén o no de acuerdo con aquello que escriban, redunda Mateo Girón

De esta forma, Rosa Mateo anima a los padres a que sean conscientes del centro educativo que eligen para sus hijos, así como a revisar los libros escolares, no sólo el de EpC sino los de todas las materias, para impedir que los profesores enseñen más allá de lo que dice el libro, de modo que puedan protestar con criterio si lo que se inculcar al niño no se corresponde con el ideario que ellos estiman oportuno.

No obstante, Alejandro Campoy manifiesta que “el único y exclusivo problema es que se trata de transmitir unos valores cuanto menos, cuestionables y cuestionados. En ningún momento puede admitirse que los valores que se van a tratar en esta asignatura son ‘universales y unánimemente aceptados’- continua-.

Para este profesor, EpC plantea así problemas pedagógicos insolubles, puesto que “no se trata de la tabla de multiplicar, sino de puntos de vista que pueden no ser compartidos por algunos alumnos, y mucho menos por sus padres, Ninguna asignatura puede declarar, como hace el currículo oficial de EpC,  que se propone formar la conciencia moral. Eso es insostenible y a eso es, precisamente, a lo que objetamos”.

En el currículo de EpC de Canarias, se apunta que la asignatura “Les aporta el fundamento desde el que abordar las cuestiones morales con el rigor necesario para poder intervenir con criterio y autonomía en la vida social. Esta materia puede constituir el camino de acceso a la propia moral fundamentada en una conciencia autónoma que se consolide como el soporte de juicios morales basados en principios de justicia, solidaridad y reconocimiento de las otras personas”.

Campoy apostilla que, como padre, su preocupación es que la formación que reciban sus hijos “sea en lo académico lo mejor posible en cuanto a calidad y contenidos; y en lo humano que les enseñe a valerse por sí mismo, a adquirir hábitos de trabajo, autodisciplina y esfuerzo personal”.

Y asiente que además “quiere”, en ejercicio de su “derecho constitucional, que reciban los valores de la fe católica dentro del respeto a la gran diversidad de la sociedad actual”.

Por otra parte, el gobierno insiste, tal y como ha reflejado en contadas ocasiones, como la del video propagandístico realizado por las juventudes socialistas,  en que EpC no hace mal a nadie, en que se presenta tan sólo los valores constitucionales y los Derechos Humanos. En resumen, un manual para ser buen ciudadano y contribuir al bien común.

Surge de nuevo la pregunta: ¿Sí o no a Educación para la Ciudadanía?




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