La idea tecnológica se comercializa. España cuenta con cerca de 530 empresas que surgen de entornos académicos.
Los investigadores siguen encontrando trabas económicas y legales. |
G. Sánchez de la Nieta
Las empresas de base tecnológica que surgen desde entornos universitarios, las llamadas spin-offs, tienen en España una vida relativamente corta aunque cuentan con buen potencial para una rápida expansión. De hecho, antes del año 2000 las universidades españolas había 18 y ahora superan el medio millar.
El grupo de investigación de Rafael Sánchez-Diezma llevaba desde 2002 estudiando las ventajas de lograr una previsión a corto plazo de los datos meteorológicos. En 2006 crearon Hyds, una empresa vinculada a la Universidad Politécnica de Cataluña que ofrece soluciones innovadoras para la hidrometeorología y que traduce su investigación en productos que aprovechan los beneficios de la previsión de lluvias en un corto periodo de tiempo. “Esta actividad ayuda a la gestión de infraestructuras, a la potabilización y depuración del agua, la programación de actividades al aire libre, etc”, explica Sánchez Diezma.
Rentabilizar la idea
“Después de cuatro años de investigación, decidimos explotar comercialmente la tecnología que estábamos investigando”, dice. La de Rafael es una de las cerca de 530 spin-offs incubadas en 58 universidades españolas, según los datos de la encuesta de la Red de Oficinas de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI).
Sólo en 2006 se crearon de 143 spin-off, lo que supone un crecimiento del 62% respecto al año anterior. La actividad de protección de la I+D universitaria se incrementó en 2006 un 19% en el total de solicitudes de patentes, superando la tendencia de los últimos años. Por otra parte, a lo largo de 2006, las OTRI recibieron un total de 640 comunicaciones de invención de las que 401 (el 63%) derivaron en solicitudes de patentes nacionales.
Los campus españoles firmaron en 2006 un total de 192 contratos de licencia para la explotación de patentes, un 81% más que en el año 2005.
“España tiene un gran potencial en el ámbito de la investigación. Las spin offs permiten convertir las ideas tecnológicas en ideas rentables”, explica Carlos Hernández, director del programa Uniemprendia, un programa concurso coordinado por la Universidad de Santiago que promueve este tipo de empresas de base tecnológica.
Explotación de una tesis
“Cada universidad tiene su fortaleza: la biotecnología, la nanotecnología o el sector de las telecomunicaciones”, dice.
Con tan sólo diez años de vida, Uniemprendia ha logrado poner en marcha cerca de 90 empresas con una proyección internacional. Al igual que este proyecto, muchas universidades españoles ponen en marcha programas concursos para “comercializar” la investigación. “Hay buena investigación en España, buenos científicos, ideas interesantes. Las spin-offs apoyan el capital intelectual generado por las universidades con la estructura empresarial necesaria para poder venderlo. La finalidad es cuidar y acompañar a esas compañías hasta garantizar su supervivencia fuera del ámbito universitario”, señala Hernández. Marc Canales es gerente y uno de los emprendedores de Sensofar, otra compañía creada al amparo de la Politécnica de Cataluña dedicada a la creación de instrumentos de metrología óptica.
Fue en 2000 cuando un alumno y un catedrático universitario decidieron explotar el proyecto de su tesis. Para ello se asociaron con un empresario alemán y pusieron nombre a Sensofar. Después de la reestructuración de la compañía en 2004, con la salida del socio germano, se incorporaron dos socios catalanes. Desde entonces la compañía se dedica al “desarrollo, producción y comercialización de aparatos de instrumentación científica de metrología óptica”, dice Canales. “Nuestro departamento de I+ D es la universidad”, dice.
A pesar del progresivo avance de estas empresas, los investigadores siguen encontrando trabas económicas y legales que limitan esta transformación de conocimientos en aplicaciones prácticas. La oferta pública es limitada, incluso si se tienen en cuenta los viveros e incubadoras de empresas, y muchos de estos científicos-empresarios españoles han tenido que rascarse literalmente el bolsillo para lanzar sus iniciativas.
La reforma de la LOU quita trabas a los promotores de empresas
La reciente reforma de la Ley Orgánica de Universidades (LOU) ha querido eliminar algunas barreras con las que se encuentran los futuros emprendedores. Según el Ministerio de Ciencia e Innovación, “los investigadores pueden solicitar una excedencia temporal exclusiva para la creación de una empresa de base tecnológica. El límite máximo de excedencia es de cinco años, tiempo durante el cual se reserva el puesto de trabajo y se computa la antigüedad”. Los investigadores pueden optar en lugar de por la desvinculación temporal, por compatibilizar su actividad académica con la empresarial. Por otra parte, la LOU actúa sobre la prohibición que pesaba sobre los profesores de participar con más del 10% en el accionariado de empresas, ya que no será de aplicación este límite siempre que la inversión se realice en una empresa de base tecnológica.
Proyectos con éxito empresarial
Ideas
El Instituto Ideas fue fundado en 1997. Está vinculado a la Politécnica de Valencia y ha favorecido la puesta en marcha de cerca de 200 compañías.
Innova
Creado en 1998 con el fin de cultivar el espiritu emprendedor en la Universidad Politécnica de Cataluña.
Uniemprendia
Coordinado por la Universidad de Santiago de Compostela, el programa ha promovido la creación de cerca de 90 empresas de proyección internacional.
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