“Una mafia médica está dispuesta a enmascarar la realidad”
La reunión del Consejo de Redacción de LA GACETA DE LOS NEGOCIOS en la tarde de anteayer jueves resultó más larga y más movida que lo habitual. Determinar cual serán los temas que van a ir en la primera página del diario del día siguiente no siempre resulta sencillo porque, como puede suponerse, hay jornadas de cosecha abundante y otras de pertinaz sequía. El jueves sin embargo fue distinto: nuestro reportero Santiago Mata había conseguido unas fotos estremecedoras realizadas por la Guardia Civil en el basurero de la Clínica Isadora y que revelaban mejor que cien mil palabras el nivel de miseria moral con que en España se pratica el aborto, legal e ilegal. Los partidarios de no publicar la foto aducían un argumento de peso: estas criaturas, aunque hayan sido asesinadas antes de salir del seno materno, son personas que tienen el derecho a su dignidad y al respeto de su imagen; si no publicaríamos las fotos de un anciano borracho tumbado en medio de la calle. ¿En nombre de qué no respetaremos los derechos de esta persona de seis meses de vida? Si nuestro periódico rechaza el morbo como elemento de interés informativo ¿no estamos ante el peor ejemplo del morbo?
Con todo, nos decantamos por publicarla porque si no lo hacíamos contribuiríamos a la desinformación de la sociedad española en una cuestión tan decisiva como esta. Ante el desinterés de la opinión mayoritaria y el mirar para otro lado de las autoridades, España se ha convertido en el paraíso del aborto ilegal. Un número indeterminado, pero en cualquier caso cuantioso, de mujeres de más allá de los Pirineos acuden a este país para que le saquen y maten a una criatura que según las respectivas legislaciones, incluida la española, tiene derecho a vivir.
No se atreven a hacerlo en Dinamarca, o en Gran Bretaña, pero en España no tienen miedo: sea cual sea el tiempo de gestación, una mafia médica española está dispuesta a enmascarar la realidad de la naturaleza para que el asesinato, sin dejar de serlo moralmente, sea convertido en un aborto legal. Y como digo todo se está desarrollando ante la indiferencia general, incluidos nosotros mismos, los medios de comunicación: hasta que los reportajes de varias televisiones europeas no evidenciaron esta realidad, aquí nadie se movió y si finalmente se puso en marcha una investigación judicial sobre las clínicas del Dr. Morín, por mal nombre Dr. Aborto, fué por una denuncia desde dentro, que junto al material informativo extranjero ya no podía ser mandada al archivo vertical.
Si hubiera muchas fotos como las que ayer sentimos la obligación de publicar en la Primera página, si algún día se pudieran recoger en un álbum los restos de las víctimas de esta execrable práctica, la impresión gráfica y moral que produciría sería idéntica a los estremecimientos que aún provocan las fotos de los campos de exterminio nazi en las que se retratan colas interminables de personas indefensas a las puertas del horno crematorio. Parece que los primeros sorprendidos fueron los alemanes.
Last but not least: arrojar el cadáver de un feto de seis meses al estercolero más próximo constituye, según la legislación española vigente, una falta administrativa porque se trata de “residuos del Grupo III”, en cambio enterrar el cadáver de un amigo en la cumbre de la montaña que tantas veces subió, sí es un delito de carácter penal. Además de su célebre “el hombre es un lobo para el hombre”, Hobbes advertía que sin el Estado la vida del hombre sería “triste, oscura, sucia y breve”; desde luego que en España tenemos Estado, pero estos pobres a los que matan sin que lleguen a conocer la luz natural nadie les protege de tanta tristeza, de tanta oscuridad, de tanta suciedad en un tiempo tan breve. Descansen en paz, que nosotros ya no podremos decir que no lo sabíamos.
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