José Alberto Comos es director de la Fundación Agua y Progreso.
José Alberto Comos, director de la Fundación Agua y Progreso. |
Pilar Tamayo
Valencia. Defiende el trasvase del Ebro a la Comunidad Valenciana y a Murcia con tanta intensidad como apura sus pitillos. Acumula tantas colillas como estudios internacionales que dejan KO a la desalación frente a la transferencia intercuencas. José Alberto Comos ha analizado los últimos 17 años para demostrar que los recursos hídricos que reclama Levante son una gota en un océano: 350 hectómetros cúbicos frente a los 9.200 que vierte el río al mar cada año. Los pide con la fuerza moral que da haber hecho los deberes: Valencia reutiliza el agua 106 veces más que Aragón, 22 más que Castilla La Mancha y cuatro más que Cataluña, gracias a las restricciones agrícolas. Precisamente la agricultura es la gran damnificada de la derogación del Plan Hidrológico Nacional. Si no se retoma, Comos vaticina “la desaparición del campo alicantino en 20 años y, a renglón seguido, la aceleración de la desertificación”. Aboga por monetizar el conflicto para resolverlo: “Con un banco de agua, tendríamos un trasvase esta misma noche” y recomienda crear una única confederación hidrográfica nacional que frene los conflictos autonómicos. A Castilla La Mancha le exige más obras para mejorar el abastecimiento y a Cataluña, “perder el miedo a la rivalidad económica valenciana”.
¿Por qué un no rotundo a la desalación?
Dobla el precio del agua trasvasada y conlleva el efecto perverso de permitir que los campos de golf puedan pagarla pero no los agricultores. Por tanto, supone una reconversión industrial encubierta: quieren matar a la agricultura por inanición.
¿Pierde intensidad el discurso del PP al insistir en vincular el trasvase con el campo y ‘no’ con el suministro humano, como Cataluña?
El campo es fundamental como herramienta de desarrollo sostenible ante el cambio climático, que hace más necesario que nunca el trasvase para frenar la desertificación. Además, por ejemplo la huerta, es un atractivo turístico irrenunciable. No concebiríamos la autopista Barcelona-Alicante sin ella.
¿Hasta cuándo abriremos el grifo en Levante y saldrá agua?
Esto sucede porque hemos restringido el uso agrícola en un 60% en el Júcar y en un 75% en el Segura. Es muy socorrido sacar las fuentes secas de la Rambla de Barcelona y ocultar cómo se liberan caudales para regar los campos.
¿Era necesaria la conducción a Barcelona?
En agua sabemos que no hay nada más permanente que lo temporal, así que será un trasvase y no una conducción temporal. El PHN de 2001 ya percibía problemas en Cataluña y por eso previó un ramal para el norte y otro para el sur. Nosotros no nos oponemos pero pedimos lo mismo. Creo que habrá un punto de inflexión por la presión que se generará con este agravio.
Déme una solución exprés.
Monetizar el conflicto. Si la Administración dejara que los usuarios contraprestaran económicamente por el uso hídrico, habría trasvases. Es fundamental crear bancos de agua. Por ejemplo, el Delta del Ebro dispone de 1.000 hectómetros y estoy sguro que enviaría 150. En California, ésta fue la solución: el norte había jurado que nunca prestaría al sur y los bancos del agua lo hicieron posible.
¿Por qué para unos sí y para otros no?
La transferencia valenciana se paraliza por una rivalidad económica con Cataluña. Ya tienen el ejemplo de lo que sucedió con la A-3, Madrid-Valencia, que ha convertido al puerto de la capital del Turia en líder español, por delante de Barcelona. Tienen miedo a que, con agua, seamos número 1.
¿Y qué le pasa a Aragón?
Está en contra por pura rentabilidad electoral.
Felipe González sí logró llevar agua de La Mancha a Murcia y Alicante.
Por definición, las transferencias intercuencas son una idea socialdemócrata de redistribución de recursos. Él lo hizo con los manchegos en pie de guerra y con menos recursos que ahora y sin ello, Alicante no sería la cuarta provincia española en PIB.
Hablemos de La Mancha ¿Por qué está pasando de puntillas en pleno conflicto?
Están succionando el Júcar porque es muy duro ver pasar agua y no cogerla pero el Tajo-Segura prevé reservar una parte de la tarifa para mejorar las infraestructuras hídricas y no han hecho nada en 25 años.
¿Cómo frenar tanta guerra fratricida?
Con una única confederación hidrográfica nacional que gobierne dos cuencas: la Mediterránea y la Atlántica. Ya hay un precedente, con el Júcar, que era ingobernable con el Turia, el Mijares, el Palancia, y unificó la gestión. Todas las confederaciones, digan lo que digan, saben que sin trasvases no hay soluciones y la Unión Europea prohíbe que en 2012 existan cuencas excedentarias y otras sobreexplotadas.
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