‘House’ y ‘Los Simpsons’ arrasan por desterrar el bien y el mal de ‘Falcon Crest’ o ‘El Equipo A’
La serie House. EFE |
Pilar Tamayo.
COMPARTEN las iniciales de sus nombres (h) y las de sus amigos y colaboradores (w). Los dos son adictos: uno al opioide vicodina, que alivia rápidamente el dolor, y el otro, a la cocaína. Viven en el mismo número de calle (221B) y utilizan pistas para llegar a una conclusión. House es una gota de agua de Sherlock Holmes: cada capítulo inicia y cierra una historia, como en los libros del detective londinense.
Lo explicó ayer Carolina Moreno, profesora de Periodismo de la Universitat de València, y destripó las claves de su exitoso share: “Es un personaje políticamente incorrecto, que dice todo lo que piensa pero al que se le perdona todo porque es genial”. Todos queremos ser House y tener un padre como Homer Simpson. “Nunca comete infidelidades, quiere divorciarse pero al final no lo hace, no le gusta su trabajo pero cumple, va a misa todos los domingos, siempre perdona a sus hijos y, por mucha cerveza que beba, no se emborracha”. Sin la familia de Springfield, no existirían productos tan exitosos de la ficción española como Siete vidas, Aída, Los hombres de Paco o Aquí no hay quien viva, “críticas irónicas aunque asumibles de los modelos familiares con sus problemas cotidianos”.
Dulcificación familiar
Para el profesor de Comunicación Audiovisual Manuel de la Fuente, el modelo Simpsons es comparable a los Picapiedra de los años 60 y 70 y “vence la dulcificación familiar de Verano Azul o Farmacia de Guardia”.
No es el único formato superado. La jornada Estrategias de mercado, ideología y entretenimiento en las teleseries americanas para adultos analizó en Valencia, guión a guión, cuánto ha cambiado la parrilla.
Romper moldes
Seguimos consumiendo televisión en busca de entretenimiento, pero ahora es básica “la transgresión, no como componente revolucionario, sino como algo sorprendente y distinto a lo que hemos visto”, dijo Guillermo López, coordinador de la jornada de la Universitat. Y puso ejemplos: “De la confianza, empatía y hasta paternalismo de Médico de familia al impertinente House que nunca se fía de sus pacientes”. De las relaciones turbulentas entre las grandes sagas de los 80 (Dallas, Dinastía o Falcon Crest) a los conflictos laborales del siglo XXI, entre los doctores de Anatomía de Grey, los abogados de Boston legal o los políticos en El ala oeste de la Casa Blanca.
Y más: del Equipo A a Perdidos. Los ex combatientes de Vietnam mantenían, entrega a entrega, idéntica estructura: se había cometido una injusticia contra los lugareños, que obligaba a encerrar a los malos en un taller para vencerlos sin matarlos hasta que se impusiera la justicia social. Nada que ver con Perdidos, donde “al espectador se le plantean enigmas como que un oso polar aparezca en el trópico o que una nube negra mate”, argumentó López.
Precisamente, esta cinta ejemplifica, según Guillermo López, el cambio en el consumo de las series: “Antes había que grabarlas en vídeo o estar pendientes el día del pase, pero ahora las podemos bajar por internet o comprarlas en ediciones de DVD”. La digitalización ha contribuido a la revolución consumista porque “se abaratan los costes de producción, se incorporan efectos especiales y se puede rodar en interiores y exteriores”, concluyó Guillermo López.
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