No habría levantado el hacha de guerra si se la hubiera tratado con más respeto.
Álvaro Delgado-Gal.
CUATRO días atrás, la salida intempestiva de María San Gil desconcertaba aún a los analistas. Las declaraciones posteriores de la presidenta del PP en el País Vasco no sirvieron para aclarar la situación. El texto de la ponencia que el aparato finalmente se había avenido a consagrar era el de San Gil, o muy parecido a él. El problema no era ya el texto, sino, según la dirigente donostiarra, el propio Rajoy. ¿Qué demonios ha ocurrido? Datos varios, procedentes de fuentes que concurren en ofrecer la misma versión, han permitido reconstruir parte del proceso. El aparato propuso un texto alternativo que contemplaba una apertura a los nacionalistas, según la circunstancia y el lugar. El enviado de Rajoy se permitió además enmendarle la plana a su colega con modos prepotentes. María San Gil, molesta con el cambio de orientación que percibía en la directiva, decidió romper la baraja. La restauración del texto ha perseguido, o bien atraerse de nuevo a la vasca, o bien cubrir las espaldas al aparato por si la cosa se torcía, como ha ocurrido.
Hasta aquí, los hechos. Abramos, a continuación, el capítulo de las interpretaciones. Lo más notable es que Mayor Oreja no se ha limitado a apoyar a San Gil. Se ha pronunciado con la claridad y la vehemencia de quien está resuelto a plantear un conflicto frontal asumiendo los costes potenciales. Ello da pie, en esencia, a dos hipótesis, que cada cual podrá luego adornar o elaborar introduciendo matices de orden menor. Según la primera de ellas, San Gil ha obrado con la visceralidad de quien se encuentra con su partido en un desacuerdo moralmente insalvable. La consecuencia inevitable de esta discrepancia sería la ruptura con el aparato, y en último extremo, la salida de la organización. La posibilidad de disputar el liderazgo a Rajoy, dueño de los avales que se exigen para entrar en liza durante el Congreso, es nula en principio. Mayor Oreja habría elegido también el exilio por motivos de conciencia. El PP se conservaría orgánicamente entero, aunque mutilado de dos de los miembros que más lo autorizan frente al electorado. La segunda hipótesis es más complicada, y a la vez, más verosímil. ¿Por qué San Gil, además de abandonar la ponencia, se ha ido dando un portazo? ¿Por qué ha retado aparatosamente a Rajoy? ¿Por qué Mayor Oreja, un político con experiencia, ha iniciado un movimiento que podría liquidar su vida política, es decir, toda su vida? La explicación más probable es que, detrás de estos desmarques personales, existe un movimiento, cuyas piezas y articulación internas desconocemos todavía. Expresado de otra manera: María San Gil y Jaime Mayor serían la punta de iceberg. En el mundo de la política, lo mismo que en el de la química, existen elementos precipitantes. Se acumulan tensiones, agravios y desencuentros que terminan por cristalizar en una ofensiva al filo de un episodio singular. Acebes no fue licenciado con la habilidad necesaria; se ha maltratado a Rato; se ha procedido a la liquidación de una generación de profesionales de modo brusco y buscando sustitutos que no despiertan el consenso. Si la segunda hipótesis fuera la correcta, lo que nos espera en junio no es un congreso a la búlgara, sino una competición abierta que Rajoy tal vez no podría ganar porque, tal vez de nuevo, habría sido previamente descabalgado por una acumulación de deserciones, una acumulación que habría alcanzado, por así decirlo, la masa crítica.
Por descontado, estoy manejando conjeturas. Lo que parece claro, es que el jefe popular es poco sutil. María San Gil no habría desenterrado el hacha de guerra si se la hubiera tratado con más respeto. El descontento no habría cundido entre sectores importantes del PP si su presidente no hubiese anunciado su intención de presentar su candidatura al Congreso con unos modos autoritarios y hasta displicentes que pudo permitirse en tiempos Aznar, pero que no cuadran a una persona cuya instalación en el partido es infinitamente más precaria. Sabremos pronto, muy pronto, cómo se desarrollan los acontecimientos. Aun en el mejor de los casos, Rajoy lo va a tener realmente difícil. Si no ahora, dentro de poco.
Álvaro Delgado-Gal es escritor.
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