Creían que estos crímenes por parte del Estado no debían quedar impunes.
Galima Bukharbayeva.
OCCIDENTE ha tardado sólo tres años en abandonar su preocupación por las víctimas de la masacre de Andijan, en Uzbekistán.
El 13 de mayo de 2005, los servicios de seguridad uzbecos abrieron fuego sobre una manifestación pacífica en Andijan, matando a miles de personas. Fui testigo directo de la cruda violencia.
Uzbekistán siempre ha tenido una trayectoria espantosa contra los derechos humanos, pero después de este día, la represión del presidente Karimov contra su propio pueblo alcanzó un nivel desconocido hasta entonces. Los testigos y sus familias fueron torturados para que hicieran confesiones forzadas que retrataban los acontecimientos de Andijan como una insurgencia jihadí. Muchos, como yo, tuvieron que huir del país.
En las semanas y meses posteriores a la masacre, EEUU condenó el uso extremo de la fuerza contra los civiles. En respuesta, Karimov echó a los americanos de su base de Karshi-Khanabad en el sur de Uzbekistán. Desde el comienzo, Europa no se tomó las sanciones muy en serio: el mismo día que entraron en vigor en 2005, una de las personas que tenía prohibido obtener visados, el ministro del Interior, estaba recibiendo cuidados médicos en una clínica de Hanover, Alemania. En 2006, la lista de prohibiciones de visados se redujo de 12 a 8. En 2007, las sanciones se suspendieron durante seis meses. En abril de ese año, fueron canceladas otra vez, y ahora parece que van a expirar completamente si no se produce un acuerdo unánime de los estados miembros de la UE.
En estos últimos años, el ministro de Exteriores alemán ha hecho todo lo posible para ayudar a Karimov a librarse de las sanciones de la UE. Para defender esta postura, Alemania dice que Uzbekistán ha liberado recientemente a varios activistas de derechos humanos de la cárcel. Pero estas personas han sido absolutamente destruidas y su lugar ya ha sido ocupado por nuevos prisioneros políticos. Otro argumento empleado por Alemania es que Europa no puede imponer sus valores a Uzbekistán. La tortura en este país ha sido declarada “sistemática” por un informador de la ONU. Si Europa tiene estos valores, ¿cómo pueden tener relaciones con un dictador como Karimov? Occidente está ahora acercándose al régimen como si Andijan nunca hubiera sucedido.
El régimen también necesita a Occidente, y en especial a Europa, y poner los principios de los derechos humanos por delante aumentaría en lugar de disminuir el poder de Occidente.
La UE y EEUU no tienen que sacrificar a las víctimas inocentes de la masacre de Andijan, pero resulta que el ideólogo de Karimov entendió mejor a Occidente.
Como uno de los pocos periodistas que cubrió la masacre de Andijan, recuerdo que los residentes de la ciudad me ayudaron a mí y a mis colegas y acordaron escondernos, aunque sabían que podían ser asesinados y torturados por ayudarnos. Creían que Occidente compartía su creencia de que la vida humana no tiene precio y que estos crímenes por parte del Estado no debían quedar impunes. ¿Cómo les explico que ningún político occidental quiere ni siquiera volver a pronunciar el nombre de Andijan?
Galima Bukharbayeva cubrió la masacre de Andijan.
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