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16/05/2008 20:05   



Jaime Siles: "Tener que elegir es la angustia de la modernidad"

El poeta, filólogo y crítico literario considera que "tener un conocimiento lingüístico es importante para representar la realidad".

Jaime Siles:

Alfredo Urdaci

Nos vemos en una sala de la Fundación Santander. Preside, al fondo, un busto de alguno de los Medici, quizá Lorenzo, gente con gusto por la cultura y la supervivencia. Hay cuadros con columnas clásicas, una gran mesa de marquetería y una luz difusa que entra por la ventana, como en los cuadros de Vermeer de Delft. Siles me recuerda que El pintor en su estudio fue la única posesión certificada del pérfido Hitler, que obligó a su propietario austríaco a venderle el cuadro.

¿Hablamos de los clásicos, de su actualidad?
El estudio de las lenguas clásicas se ha deteriorado en España, y eso que tenemos grandes profesionales. Y es una pena, porque tener un conocimiento lingüístico es importante para representar la realidad.

¿Dónde reside esa importancia?
En que los límites de nuestra inteligencia son los límites de nuestro lenguaje.

Los clásicos dan miedo...
Y sin embargo son muy actuales. La Ilíada se escribe para demostrar al joven guerrero que su impulso bélico, su poder ejecutivo, debe someterse a deliberación de la asamblea.

¿Y Ulises, qué me dice de esa historia del que quiere volver a casa, cueste lo que cueste?
Es un héroe moderno. Aquiles es clásico: lucha con la espada y el escudo. Ulises duda, se mueve en la incertidumbre, en la ambigüedad moral entre el bien y el mal. La angustia de la modernidad es tener que elegir.

¿Y qué función social tuvieron las tragedias griegas?
Los griegos inventaron la tragedia para sistematizar las disfunciones de su sociedad.

¿Qué es un clásico?
El nombre viene de una figura del derecho fiscal: clásico era el que más impuestos pagaba. Un clásico en literatura es la obra que más produce, la que más contribuye a nuestra formación.

Usted es poeta, crítico de poesía, un género sin duda minoritario.
Es que la poesía no tiene público, tiene lectores. El yo del lector se realiza en la poesía. Y exige un lector familiarizado con el lenguaje.

¿Quién era Ernestina de Champourcin?
Una escritora injustamente desconocida, de escritura muy lírica, activista cultural de los años 30, con una gran influencia de Valèry y de Juan Ramón, y muy buena novelista.

¿El hecho de ser mujer la marginó?
No le ayudó. Champourcin tuvo siempre una posición incorrecta, a contracorriente. Nació en Vitoria, pero tenía un origen aristocrático francés. Era por tanto una aristócrata en la República. Se casó con el secretario de Azaña. Y luego en el exilio se quedó viuda y entró en el Opus Dei.

¿Cómo afectó a su escritura?
Es en esa época cuando da lo mejor de sí misma. Su poesía entra en una especie de ascética espiritual, se hace mística, se convierte en una palabra interior. Tuvo una gran independencia de criterio.

Dígame tres obras de poesía para lectores noveles.
La antología de Gerardo Diego, El don de la ebriedad, de Claudio Rodríguez, y Paraíso cerrado, lo mejor del Siglo de Oro.

¿Un momento para la poesía?
Es para cuando uno siente nostalgia de sí mismo, cuando el viento sopla en contra.

 




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Pasión porlas letras

Nació en Valencia en 1951. Un “bachillerato excelente” le despertó la pasión por las letras. Es catedrático de Filología Latina en la Universidad de Valencia y autor de una joya literaria, la antología de la poesía del Siglo de Oro: ‘Paraíso cerrado’ (Galaxia Gutenberg). Acaba de editar ‘Ernestina de Champourcin. Poesía esencial’, publicada por la Fundación Santander en su colección Obra Fundamental.

 



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