Druidas, vikingos, extraterrestres, templos funerarios, observatorio astronómico; muchas han sido las especulaciones que han revoloteado en torno al formidable Cromlech erigido hace miles de años al sur de Inglaterra.
Stonehenge. |
Borja Sánchez Trillo
A pesar de tanta elucubración, lo que sí se sabe con preclara certeza es que dichos megalitos conforman un espacio único en el mundo.
Este tipo de edificaciones pueblan gran parte de la geografía europea —en la misma península Ibérica se encuentran algunas de las más imponentes—, pero lo que hace incomparable a Stonehenge es “el circulo perfecto que dibujan sus piedras y la altura de las mismas”, señala la catedrática de la Universidad de Alcalá de Henares Primitiva Bueno.
Para poder arrojar luz sobre uno de los misterios más antiguos y apasionantes de la humanidad, dos arqueólogos ingleses, Timothy Darvill y Geoff Wainwright, están llevando a cabo una investigación in situ patrocinada por la cadena pública británica BBC. Tras casi medio siglo sin permiso para excavar en la zona, los trabajos giran en torno a un foso abierto por los expertos de 3,5 metros de largo y menos de un metro de profundidad.
Estos dos prestigiosos profesores sostienen la hipótesis de que las piedras azules, originales de las colinas de Preseli (oeste de Gales) —a 250 km de distancia del monumento— que constituyen la estructura central del círculo, tenían propiedades curativas para los pobladores de la época.
Esto, unido a los restos de los seres humanos con traumatismo descubiertos en el lugar, les ha llevado a pensar que en la antigüedad se podría haber utilizado como lugar de peregrinación para la curación de enfermedades. Por ello, algunos han comenzado a denominar a este monumento como el Lourdes neolítico.
Más de un significado
Para la profesora Bueno, experta en megalitismo, Stonehenge tuvo que ser un lugar muy especial: “Es probable que el círculo de piedras tuviera un objetivo funerario, pero de lo que sí puedo estar segura es de que no tuvo un solo significado”.
De la excavación se pretende sacar material orgánico que permita datar de forma más precisa el inicio de construcción del monumento. Las estimaciones que se tienen al respecto lo sitúan en torno al 2.500 antes de Cristo.
Pero con las pruebas de Carbono 14 que se llevarán a cabo se podrá despejar una de las grandes incógnitas que aún sobrevuelan sobre dichas piedras. “En ciencia nada es fiable al 100% pero, si se cumplen los requisitos necesarios para el análisis, los resultados del Carbono 14 son exactos y precisos”, asevera Joan S. Mestres, jefe del Laboratorio de Carbono 14 de la Universidad de Barcelona.
A pesar de que los trabajos sobre el terreno han concluido con sensaciones esperanzadoras, tendrán que pasar alrededor de seis meses para poderse conocer los resultados. Y es que los expertos dedican semanas sólo al análisis de cada uno de los elementos retirados.
“Dependiendo del material, su naturaleza o grado de contaminación, una prueba puede tardar entre siete y 10 días o más”, señala Mestres.
En contra de su aparente aislamiento, estudios realizados con anterioridad en los aparcamientos de la zona demuestran que las piedras concéntricas no se construyeron separadas de un núcleo de población.
Las investigaciones evidencian que ya en el Mesolítico (entre el 10.000 a.C. y el 5.000 a.C.) existían asentamientos en la zona. “A estos asentamientos los llamamos territorios tradicionales”, recalca Primitiva Bueno, aquéllos donde “vivían y se establecían relaciones humanas”. El hecho de que con posterioridad fueran erigidas estas edificaciones demuestra una fuerte cohesión social de la época con un marcado carácter ideológico.
Huelga recalcar que en la actualidad se desconoce mucho acerca del formidable círculo de piedras inglés. Pero no es exclusivo de éste, sino de todo un periodo de nuestra historia que, paradójicamente, cuenta con abundantes yacimientos diseminados por todo el Planeta. El olvido de la historia, la desidia administrativa o la falta de inversores son sólo algunos de los factores que favorecen esta realidad, y que los profesores Darvill y Wainwright lograron doblegar.
Pero, sin duda, la falaz concepción popular del hombre prehistórico como ser inferior ha contribuido a la desmemoria. “Existe un prurito de etnocentrismo a partir del cual se lleva a despreciar al hombre primitivo en comparación con el actual, cuando en realidad aquéllas eran sociedades igual de complejas que las de ahora”, rubrica la catedrática Bueno.
Edificación de un dólmen paso a paso
Uno de los misterios que quieren desvelar los profesores Timothy Darvill y Geoff Wainwright es cómo pudieron levantar esta formidable edificación.
La teoría del proceso consistía en deslizar los grandes bloques de arenisca desde la cantera hasta su emplazamiento final encima de unos rodillos. Previamente se había cavado un estrecho foso para poder encajar el megalito y, una vez alzado, se procedía a rellenar los espacios vacíos.
La parte más compleja surgía al colocar el bloque horizontal en el caso del dólmen. Se construían túmulos a ambos lados de los menhires y se deslizaba la piedra transversal.
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