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16/05/2008 19:40   



Todas las líneas de defensa

Para evitar infecciones debemos cuidar tanto la piel como las mucosa. El sistema inmunológico libra todo tipo de batallas contra cualquier ataque al organismo.

Todas las líneas de defensa

Dr. Lavilla

El cuerpo humano se debe enfrentar a lo largo de la vida a múltiples agresiones procedentes del exterior, aunque también en el propio organismo acechan los peligros. Para hacer frente a todos esos ataques, especialmente orgánicos o microbianos, existen diferentes líneas de defensa.

Piel y mucosas, las primeras

Las primeras trincheras están situadas en la propia piel y en las mucosas. La integridad de esas barreras supone un elemento fundamental para resistir el ataque de diversos microorganismos.

En la piel existen propiedades químicas —como un pH ácido— que ayudan a controlar el crecimiento bacteriano.

Las mucosas también cuentan con armas químicas en forma de enzimas que intentan evitar la propagación de infecciones a través de ellas. Sin embargo, tras esas primeras líneas de defensa destaca la presencia de células especializadas en detectar posibles intrusos, identificarlos y señalarlos para que otras células puedan destruirlas.

Por otro lado, hay otro tipo de respuesta menos elaborada, pero inmediata, compuesta por linfocitos (T y B), así como diversos tipos de leucocitos más o menos maduros.

Se distribuyen por todo el organismo y, sobre todo, en las formaciones conocidas como ganglios linfáticos, situadas en zonas cercanas a donde existe una mayor necesidad de protección.

Necesita sus cuidados

Tener este sistema de defensa en buen estado es algo muy importante para mantener una salud en condiciones. Cuando se detecta una infección, se establece un campo de batalla en el que se genera una intensa inflamación que suele actuar a favor de ese sistema de defensa.

Si la infección se disemina, la respuesta que se produce tiene también consecuencias en todo el organismo (fiebre, escalofríos, etc...). Hay infecciones que son fáciles de controlar, habitualmente bacterianas, mientras que las víricas suelen ser de un control más difícil siendo incluso frecuente no conseguir eliminarlas del todo.

Los antibióticos suponen una ayuda importante para conseguir hacer frente a las infecciones bacterianas, pero deben ser administrados con cautela y siempre siguiendo las indicaciones del equipo médico.

La fortaleza del sistema de defensa puede sufrir un deterioro importante debido a la existencia de enfermedades que provocan un debilitamiento, o bien incluso por un estado de salud que no recibe el cuidado necesario.

Se ha observado la relación entre una nutrición deficiente, pobre en complejos vitamínicos u oligoelementos, con una respuesta lenta del sistema de defensa. La exposición excesiva a radiaciones ultravioletas puede provocar problemas en ese sistema y favorecer la aparición de infecciones, sobre todo virales.

También se ha llegado a relacionar el estrés con un mal funcionamiento de ese sistema de defensa. Muestra de ello es la aparición de procesos virales como el herpes, que suele atacar cuando el organismo da señales de debilidad.

Conseguir evitar esas situaciones puede ser difícil, sobre todo en lo referente a un estilo de vida demasiado agresivo. La falta de descanso y un desorden en la dieta pueden desencadenar un estado de debilidad que se traduce en cansancio y en la aparición de procesos infecciosos banales pero molestos.

Los suplementos vitamínicos o de oligoelementos tan sólo se recomiendan cuando se advierte un riesgo importante o si se pretende cubrir un determinado defecto o proceso recurrente.




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