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La nueva China según Wang

El director hongkonés estrena "The princess of Nebraska", la segunda parte de su laureada "Mil años de oración", en la culminación de su díptico sobre la China moderna.

La nueva China según Wang
El director recogiendo su Concha de Oro por "Mil años de oración". Reuters

Madrid. Con la triunfadora del Festival de San Sebastián 2007 todavía en cartelera, "Mil años de oración", el cineasta de origen hongkongnés Wayne Wang estrena el viernes "The princess of Nebraska", la otra mitad de ese "díptico" que el director ha diseñado para mostrar al público "la nueva China".
"Son películas independientes y se pueden ver una sin la otra, pero sí las entiendo como una pareja", explica el director a EFE, quien con este tándem repite la fórmula ya empleada en otros títulos clave de su filmografía como "Smoke" y "Blue in the face".

"Mil años de oración" y "The princess of Nebraska" nacen del gusto del director por mostrar a través de su cámara, lenta e intimista, el devenir de personajes chinos emigrados a escenarios estadounidenses, en una especie de juego de espejos que recuerda su propia experiencia vital.
Sasha, el personaje central de la nueva cinta de Wang, que como la anterior nace de un libro de cuentos de Yiyun Li, es una joven estudiante china de la Universidad de Nebraska que acude a San Francisco con la intención de abortar. Allí, en tan sólo 24 horas, Sasha descubre que el aborto no es la única salida.

Tener el bebé, darlo en adopción o incluso venderlo a una red ilegal de tráfico de niños son opciones que se van desvelando ante los ojos de Sasha, "representante de la nueva generación de jóvenes chinos" que ha dejado atrás el comunismo para sumergirse en el consumismo y que ya no idolatra a Mao o a Confucio, sino a Paris Hilton.

Yilah, protagonista de "Mil años de oración", era una mujer 15 años mayor que Sasha, aún con cicatrices, las infligidas por su familia y la historia de su país, pero "la princesa de Nebraska forma parte de una generación que surge de un vacío de historia, de valores tradicionales y de religión y que ha crecido con el boom económico de China", subraya Wang.

De esta forma Sasha es, para el realizador, un ejemplo de una nueva clase que está perdida y "busca sus propias señas de identidad".

"Con mis películas invito al espectador a que piense en distintos conflictos, pero no quiero dar una sola respuesta", destaca Wang, quien fiel a su empeño por no dar lecciones morales o emitir juicios ha elegido para su nueva cinta un final que evidencia que la decisión recae únicamente en su protagonista.

Homosexualidad, bisexualidad y prostitución son otros de los temas, junto al aborto, que rodean a Sasha en San Francisco y que convierten a "The princess of Nebraska" en una cinta que quizá tenga éxito en China gracias a "un circuito underground de copias piratas", pero que no superará, al igual que otras cintas de Wang, la "fuerte censura" del país.

"Mil años de Oración iba a tener financiación china pero me pidieron que cambiara ciertos diálogos y me negué", explica el director, quien tras someterse durante varios años a las exigencias de la industria, en este caso hollywoodiense, parece haberse decantado finalmente por su gusto y libertad creativa.

Su paso por la meca del cine queda atrás, "a no ser que llegue un proyecto muy especial en el que yo tenga el control" -aclara el director- y la apuesta actual de Wang descansa en pilares bien distintos a los empleados en títulos tan comerciales como "Sucedió en Manhattan" o "Mi mejor amigo".
A Wang le gustan los "personajes que pueden respirar" y, en el caso de "The princess of Nebraska", los dota de realismo gracias al trabajo de actores no profesionales como Ling Li, actriz que da vida a Sasha y que llegó al reparto "por casualidad" tras la sugerencia de una camarera en un restaurante japonés.

Su filmografía refleja un esfuerzo por la alternancia, por huir del encasillamiento, pero sus nuevos proyectos siguen la senda de la brecha cultural de la emigración.

En esta línea, Wang trabaja ya en el "Diccionario conciso de inglés-chino para amantes", un libro de Lucy Guo, una joven china instalada en Londres, que brinda al director la oportunidad de seguir indagando en el universo femenino de las emigrantes chinas. (Efe)




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