Merkel reitera el compromiso histórico de su país, que es ya el segundo socio comercial del Estado judío tras EEUU.
El primer ministro israelí, Ehud Olmert, ayuda a Angel Merkel a sentarse en Jerusalén. EFE |
Vicente Poveda
Jerusalén. Tanto Israel como Alemania se esfuerzan por resaltar el carácter "histórico" de la visita que Angela Merkel realiza desde el domingo al Estado judío con motivo del 60 aniversario de su fundación. La canciller, quien viaja acompañada de siete de sus ministros, presidió ayer junto al primer ministro Ehud Olmert las primeras consultas gubernamentales germano-israelíes, que a partir de aquí se celebrarán anualmente extendiendo una práctica que Berlín reservaba hasta ahora sólo a sus principales socios dentro de la UE, como Francia, Italia, España y Polonia, además de Rusia.
Merkel se convertirá también hoy en la primera jefa de Gobierno en pronunciar un discurso ante la Kneset, el Parlamento israelí, un honor concedido hasta ahora sólo a monarcas y jefes de Estado.
Normalización
Sin embargo, la presencia de la delegación alemana está teniendo un eco mediático bastante reducido en Israel y ayer no había conseguido todavía llegar a la portada de ninguno de los principales diarios hebreos. Pero precisamente ése es tal vez el mejor indicio de la normalización a la que están llegando las relaciones entre el país ejecutor del Holocausto y aquel en el que se refugió gran parte de los supervivientes.
Desde hace años, Alemania es el segundo socio comercial de Israel después de EEUU y su cooperación es intensa también en terrenos como el académico o el científico, con un fluido intercambio entre sus profesionales y estudiantes. Es una alianza para la que ya David Ben Gurion y Konrad Adenauer pusieron una primera semilla en 1960, al reunirse en un hotel de Nueva York. Cinco años después, ambos países establecieron lazos diplomáticos e intercambiaron embajadores.
Responsabilidad perpetua
La carga histórica, sin lugar a dudas, todavía pesa. Y, por ello, el compromiso en pro de la existencia del Estado judío es una constante en la política alemana desde la fundación de la República Federal, independientemente del Gobierno.
Nada más aterrizar en Tel Aviv, Merkel reiteró que Alemania tiene una "responsabilidad especial" en pro de la defensa del Estado de Israel y consideró que esta responsabilidad es "perpetua". Ayer, antes de participar con sus ministros en las consultas informales con el Gobierno israelí, depositó una ofrenda floral por los seis millones de judíos exterminados por los nazis en el Museo del Holocausto de Yad Vashem en Jerusalén.
Pero la intención de Merkel de pronunciar hoy en alemán su discurso ante el Parlamento tan sólo ha desatado las protestas de una minoría de diputados que perdieron a familiares en el Holocausto. "Me encuentro incapaz de escuchar alemán en el pleno de la Kneset. Es el idioma en el que fueron asesinados mis abuelos. Me levantaré y me iré", afirmó Arye Eldad, quien ya abandonó la sala junto con otros diputados cuando comparecieron ante el Parlamento los presidentes alemanes Johannes Rau y Horst Köhler, en los años 2000 y 2005 respectivamente.
No obstante, con ocasión de la visita de Merkel, la presidencia de la Cámara aprobó la semana pasada por siete votos a favor y dos en contra una modificación del código parlamentario para que también se permita a jefes de Gobierno extranjeros pronunciar discursos ante el pleno.
Polémico discurso
En 1984, Helmut Kohl, quien fuera mentor político de la actual canciller, pronunció ya un discurso en el edificio de la Kneset, pero no ante el pleno sino en una sala anexa. Se trató, por cierto, de un criticadísimo discurso en el que Kohl, que tenía 9 años cuando comenzó la guerra, habló de la "gracia del nacimiento tardío" recibida por su generación.
Desde el Acuerdo de Luxemburgo de 1952, por el que Alemania indemnizó a Israel con 1.500 millones de los actuales euros, el país ha pagado hasta ahora más de 25.000 millones en reparaciones a supervivientes del Holocausto residentes en el Estado judío. Berlín gasta más de 350 millones de euros anuales en pensiones a judíos israelíes.
A ello se le unen las indemnizaciones abonadas por las empresas alemanas que emplearon trabajadores forzosos durante el nazismo, más todas las incuantificables ayudas y préstamos concedidos por Alemania a Israel para proyectos concretos de cooperación. Por ejemplo, en base a un acuerdo firmado por el anterior Gobierno rojiverde de Gerhard Schröder, Alemania está construyendo para Israel dos submarinos atómicos Dolphin por más de 1.000 millones de euros y asumirá la mitad del precio.
Angela Merkel consideró ya antes de abandonar Alemania que, para quien tiene presente la grave carga histórica dejada por el nazismo, las amistosas y fuertes relaciones con Israel forman parte de "los milagros de la historia".
Y precisamente también la figura de la canciller, quien creció en la RDA, es un símbolo de ese rotundo giro histórico. En una entrevista concedida al Yediot Ahronot, Merkel expresó su enfado porque la cúpula comunista germano-oriental no reconociera diplomáticamente a Israel.
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