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17/12/2007 12:44   



Con calefacción propia

Para superar el frío, el organismo echa mano de varias herramientas, como prolongar el metabolismo.

Con calefacción propia

Dr. Lavilla

La capacidad del organismo humano de adaptarse a todo tipo de condiciones tiene un límite. Para hacer frente al frío, contamos con la propia generación de calor mediante la producción de energía gracias al metabolismo. También disponemos de otros muchos trucos que demuestran una vez más el tópico de que la naturaleza es bien sabia.

Un sistema inteligente

Cuando el organismo lo requiere, es capaz de incrementar esa producción de energía reforzando el metabolismo a nivel celular y en tejidos concretos. Un ejemplo de ello son las tiritonas o escalofríos, que son contracciones musculares involuntarias para producir más energía. También aumenta el trabajo del sistema hemodinámico, aumentando el gasto cardíaco y la llegada de sangre a todos los territorios (con el correspondiente mayor aporte de oxígeno y nutrientes). Por otro lado, intenta mantener en lo posible ese calor reduciendo las pérdidas. Para ello, restringe la circulación de la sangre por la piel mediante una vasoconstricción de todos los vasos cutáneos. Así, la piel adquiere un aspecto pálido y seco.

El frío supone una prueba de esfuerzo para cualquier organismo. Como consecuencia de todos los cambios comentados, es preciso un mayor trabajo del sistema cardiovascular así como de todo el metabolismo destinado a la producción de energía (consumiendo los oportunos recursos). Cuando el estado de salud es adecuado, la capacidad de resistencia es alta. En cambio, si existe un deterioro de la salud por la edad, presencia de enfermedades o un estilo de vida incorrecto, esa resistencia es mucho menor.

Esto sucede en los ancianos, personas con desnutrición (por enfermedades o hábitos tóxicos) o que padecen procesos crónicos (cardiovasculares, respiratorios o metabólicos).

Tampoco se pueden olvidar los efectos directos del frío sobre el organismo, en la propia piel y las mucosas, el sistema respiratorio o incluso el nefrourinario. La piel se seca con facilidad, disminuyendo la sensibilidad y la capacidad de cicatrización. Las mucosas también se desecan, sufriendo erosiones o fenómenos inflamatorios con facilidad, aumentando las secreciones como mecanismo de defensa. Las vías aéreas sufren de forma considerable con el frío, sobre todo cuando aumenta el trabajo ventilatorio por la mayor generación de energía.

Las consecuencias pueden ser de diversa gravedad dependiendo de la dureza de esas condiciones y del estado del individuo. En personas muy deterioradas cualquier descenso en la temperatura o exposición al frío tiene importantes consecuencias por lo que debe extremarse la prevención.




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