Por donde sale el sol, de la escritora Blanca García-Valdecasas, vuelve a las librerías después de 15 años.
Blanca García-Valdecasas, escritora. |
Madre de cuatro hijos y abuela de 14 nieto. Esta septuagenaria escritora, que empezó a escribir cuentos y poemas a los seis años, premio Fastenrath, reflexiona sobre Por donde sale el sol y su trasfondo literario y vital. El libro lleva 15 años agotado y acaba de reeditarse. En él se cuanta la historia de Violeta y Rogelio. Los padres de una familia numerosa de siete hijos que desea emprender una nueva vida hacia lo desconocido: Chile.
¿Qué es lo que le ha llevado a la reedición de Por donde sale el Sol?
Una casualidad relativa. Un editor ilusionado me propuso la idea. Pero era algo que llevaba forjándose desde hacía algunos años y que ha estado precedido por numerosas entradas en Internet preguntando por la existencia del libro, cartas y llamadas de gente desde Málaga o Alemania, que no sé ni como consiguieron mi número.
¿Está la temática de actualidad?
La sociedad ha cambiado muchísimo. Pienso que hay cosas, más de cada momento, que son las que cambian. Pero los grandes temas no. Si lo eran hace 5.000 años, ¿por qué no lo van a seguir siendo ahora? El amor, la muerte, la venganza, el dolor, los sueños... Son algunos de esos grandes temas. Pero el ser humano, por mucho que cambie, dicen los franceses, es más lo mismo.
¿Qué le llevó a escribir el libro?
(Responde pensativa). No lo sé. Es el tercero. Estábamos en Chile, nos habíamos ido nosotros por delante y mi marido vendría después, aunque luego no fue así. Nos habían dado una casa horrible como la de la novela. Mis hijos estaban deprimidos. Mi hija había dejado un noviete, los chicos estaban solos. Todo eran dificultades No nos entregaban los muebles, el equipaje. Además, teníamos que arreglar los papeles y era todo pura burocracia. Empecé a escribir las cosas que nos pasaban con la propietaria y con la corredera y se las iba leyendo a mis hijos, que estaban sentados en unos cajones y se reían. Y luego creció sólo.
Ha escrito mucho, pero publicado poco ¿por qué?
Porque soy muy floja y porque no me gusta esa batalla. Creo que no es lo mío. Me manejo fatal en ese mundo. Es mi culpa y lo sé. Pero además, no quiero estar en el candelero y publicarlo todo. Todo el mundo quiere ponerse el traje nuevo y salir con él y que lo vean. Yo no. A lo mejor tengo el traje nuevo y no me lo pongo.
La figura de Violeta tiene gran protagonismo: ¿qué la diferencia de la mujer del siglo XXI? ¿Crees que es un tipo de mujer en peligro de extinción?
No creo. Son menos llamativas que las otras. Pero, no sé... Yo viajo como ella en los mapas. Sueño con ir a Nueva Zelanda. Además, tengo una hija que es parecidísima, que lleva toda su familia adelante – cinco niños pequeños en Holanda – con una alegría admirable.
¿Qué echa en falta de la mujer actual?
Que no tenga más tiempo. Todas trabajan. Ahora las mujeres son más valientes, más libres, más responsables y capaces de llevar su familia y el trabajo adelante. Pienso que la gente joven de ahora es mejor que lo que éramos nosotros. La gente de hoy es más abierta, más comprensiva, con un fondo más caritativo. Se preocupa más de los demás.
¿Por qué hay menos familias numerosas?
¡Ojalá se pudiera ser como antes! En un campo todo el invierno y criar a los hijos con calma, jugando con los perros en el jardín y con un profesor por las tardes. Así me crié yo. Pero el mundo cambia y lo que hay que hacer es coger el mundo por los cuernos y llevar el agua a tu molino. Procurar que el mundo sea como queremos que sea.
¿Falta generosidad?
Es verdad que hay mucha gente que piensa en los hijos cuando tenga dos casas y dos coches. Por eso creo que falta un componente de generosidad, pero además hay un ambiente, contra el que he estado luchando con mis hijos, de que hay que tener y hay que consumir. A mis hijos casados, con familias numerosas, los veo heroicos.
Los hijos ¿fuente de alegría?
Absolutamente y los nietos ni digamos. Yo no entiendo la vida de otra manera. Con todos los disgustos y berrinches que conllevan. La vida son penas y glorias, disgustos, problemas, preocupaciones, noches sin dormir...
¿Hábleme de los abuelos?
Tengo mucho que decir. Es una maravilla, aunque al principio me costó. No tenía ninguna gana. Aunque también creo que por las circunstancias de la vida quizá tiran demasiado de nosotros y nos cansamos.
Cree que los acontecimientos cotidianos, esconden algo, ¿quizá la felicidad?
Como escritora digo que tengo la economía de Robinson Crusoe. Aunque pienso que todo el mundo es un Robinson en una isla desierta. Todo lo que la vida va dejando en tu orilla lo tienes que aprovechar y te tiene que servir. Y lo encuentras todo ahí. ¿Dónde sino? También el dolor. En Andalucía cuando se hace mermelada de frutas se hecha una amarga. Las señoras mayores dicen que lo amargo realza el corazón del hombre. Todo sirve. Pienso que uno es un pobre hombre si no aprovecha todas las circunstancias de la vida. No hay nada vulgar. El estiércol da rosas. Si todo está iluminado por el espíritu no hay nada vulgar.
¿Qué piensa de los premios literarios? ¿Hay más política que literatura?
Absolutamente. Pero la ha habido siempre. Cervantes lo dice. Siempre que hay un premio literario el primer galardonado siempre paga algo y al segundo se le da el verdadero valor. El se presentó una vez y le dieron el segundo. Pero quizá ahora está más. Todo es marketing, política, intereses creadas, influencias. Sin embargo, no lo pienso, lo se.
¿Qué no ha hecho cómo escritora que le gustaría hacer?
Un libro que ahora lo he vuelto a tomar. Lo tengo empezado desde hace diez años. Lo cojo, se me cruza una idea y lo aparco. Me pongo con él otra vez, pero otra idea y lo vuelvo a dejar de lado. Así llevo más de diez años y no me gustaría morirme sin haberlo hecho. Es una historia preciosa. Pasa en el siglo XVI y me es muy difícil. Porque escribo como oigo. Por eso este libro me está costando bastante. Tengo esta asignatura pendiente.
¿Qué detesta?
Lo único que realmente detesto es la mentira. No puedo con ella. Me pone físicamente enferma. La discapacidad moral me repugna.
¿Qué admira?
La gente que hace trabajos sencillos: mi muchacha Auri. Admiro a esas personas que realizan trabajos sencillos con amor, con humildad y queriéndolos hacer lo mejor posible. Me iluminan.
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