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lunes, 12 de mayo de 2008 Última actualización: 12:50:52



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Drácula como guía turístico

Vlad Tepes, el príncipe que inspiró la novela de Bram Stoker, "Drácula", nos lleva de la mano opr Rumanía.

Oradea, con el río Crisul Repeda y el ayuntamietno al fondo

Pilar Tamayo

A conocemos por la niña de oro de Montreal, Nadia Comaneci; el ex futbolista madridista Gica Hagi; y por mí, el mítico vampiro Drácula, pero Rumanía es mucho más. Ha sido griega, romana, eslava, búlgara, mongola, alemana, moldava, monárquica, y hasta comunista, pero también hay que saber disfrutar las montañas que enlazan los Cárpatos, el majestuoso delta en el que desemboca el Danubio, la onírica densidad de población, los cientos de iglesias ortodoxas de madera repartidas entre frondosas laderas verdes y pardas, decenas de ríos (uno por cada ciudad), las estaciones interminables de nieve y la llamativa combinación arquitectónica entre el secesionismo colorista y el comunismo gris. Síganme, porque arrancamos el viaje en plena frontera húngara. Adentrarse en Oradea es como hacerlo por la pequeña Viena. Dos amplias plazas fortificadas y un río que atraviesa toda la ciudad nos sitúan rápidamente en un cuento de hadas, con edificios de escasas alturas, pronunciadas y redondeadas cúpulas y fachadas plagadas de ventanas en celestes, naranjas, amarillos, verdes... Una explosión de color que enterró el mandato comunista de Ceacescu y todavía hoy, 19 años después, sigue reclamando una urgente mano de pintura. El viejo tranvía, herencia también del régimen dictatorial, intensifica el espíritu decadente que se rompe en el vibrante y abarrotado eje comercial, donde las compañías de telefonía móvil, las multinacionales deportivas, las teterías y las cafeterías minimalistas al más puro estilo neoyorquino nos recuerdan que no estamos viviendo un viaje al pasado.

Pequeños atractivos

Oradea es arquitectura y también naturaleza, con parques y grandes extensiones verdes, todavía sin urbanizar, que se abren desde la Ciudadela, el espacio de los jóvenes artistas, donde la escultura callejera es la protagonista. Residencia favorita del rey húngaro Matías Corvino en el siglo XV, destaca por la suma de pequeños atractivos antes que por la majestuosidad, que la aporta la catedral católica, el edificio barroco de mayores dimensiones del país.

Elegida por Hugo Boss y Calvin Klein como base de producción, por su estratégica proximidad con Hungría y Alemania, Oradea esmera su oferta hotelera con habitaciones secesionistas en pleno centro y con su ciudad de vacaciones. La estación de la alegría Baile Felix es la Florida rumana, con un baño termal que quita el hipo, en una piscina a 42 grados.

Oradea esconde otro tesoro a sólo hora y media de viaje. Los montes Apuseni, el anillo occidental de los Cárpatos, con interminables subidas y bajadas de 1.800 metros, carreteras flanqueadas por mujeres eslavas que cubren sus cabellos con pañuelos estampados mientras venden vino en puestos callejeros y atardeceres que parecen extraídos de los humedales mediterráneos. El milagro de la naturaleza, que se completa con una concurrida estación de esquí, incluye una enorme y cuidada cueva, The Bears Cave, descubierta hace 32 años. Es la puerta de entrada de Transilvania, la región más romántica del país, con la iglesia gótica más hermosa, de 1349, e innumerables palacios en su capital, Cluj.

Transilvania es como te la imaginas: cimas de montañas alzándose entre ríos cristalinos, iglesias dispersas y cuidadas con sus cementerios aledaños, una intensa niebla y una visión netamente medieval. El recorrido más lógico desde la ciudad de Oradea pasa por Targu Mures.




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