El observador permanente vaticano ante la ONU ha pedido a todos los estados que demuestren su «buena fe» para aplicar el desarme y la no proliferación nuclear.
Monseñor Celestino Migliore, observador de la Santa Sede ante la Onu. EFE |
El Nuncio Apostólico Celestino Migliore, Observador Permanente de la Santa Sede ante la ONU, intervino este martes en Nueva York ante la primera comisión de la 62 sesión de la Asamblea General, que consistió en un «Debate general sobre el desarme total y las cuestiones relativas a la agenda sobre la seguridad internacional».
Durante el debate, señaló que detener la proliferación nuclear es urgente, pero debe lograrse mediante acuerdos pacíficos y no una acción militar.
En el marco de las crecientes tensiones producidas entre las potencias occidentales y el gobierno islámico de Irán a raíz del desarrollo de la capacidad nuclear de este último, Mons. Migliore señaló que la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) "tiene un papel cada vez más importante". "La Santa Sede, como miembro fundador de la Agencia, sigue apoyando plenamente sus objetivos, convencida de que ésta juega un papel fundamental en promover la no proliferación de armas nucleares".
El prelado recordó el 50 aniversario de la entrada en vigor del Estatuto de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA).
En este sentido, «todos los instrumentos de la diplomacia deben ser usados para resolver crisis relativas a los intentos de algunos países de adquirir capacidad de construir armas nucleares, y para disuadir a otros de emprender esta vía peligrosa», subrayó.
Además, denunció, «los continuos fracasos en llevar a una conclusión positiva las negociaciones para la progresiva eliminación de las armas nucleares y los planes para modernizar los arsenales nucleares existentes, comprometen la viabilidad del Tratado».
El prelado explicó que «el desarme nuclear y la no proliferación nuclear pueden ser causa de refuerzo o debilitamiento recíproco», indicando que son un «imperativo para la plena implementación de las previsiones del Tratado de No Proliferación».
Migliore confesó que «en un momento delicado como este, hagamos un llamamiento a todas las partes para que demuestren la ‘buena fe’ que el Tratado pide para llevar adelante las negociaciones».
El obstáculo, insistió, no es tanto una cuestión de dificultad técnica cuanto «la falta de voluntad política».
La Santa Sede, añadió, ha sostenido en diversas ocasiones que las armas nucleares contravienen cualquier aspecto del derecho humanitario, siendo «una afrenta a nuestra tarea de administrar el medio ambiente» porque «pueden destruir la vida del planeta y al mismo planeta».
El prelado recordó también el peligro «real y existente» de que las armas nucleares acaben «en las manos de los terroristas».
En este sentido, subrayó que la Santa Sede auspicia la convocatoria, por parte de la Asamblea General, de una cumbre mundial sobre desarme, no proliferación y uso terrorista de las armas de destrucción masiva.
El arzobispo recordó «los desastres humanitarios provocados por las bombas de racimo, sobre todo en la población civil». (Agencias)
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