El 58% de las mujeres exige incentivos con el fin de que tener hijos no sea un obstáculo para su vida profesional.
De un líder político que aspira a gobernar una nación hay que saber dos cosas fundamentales: cuál es su visión y qué orientación de futuro va a imprimir al país si dirige su política. Todos los demás detalles tienen que ser consecuentes con esa visión global, de conjunto, del desafío que vive la nación en este contexto histórico y de futuro.
“Poner en pie a este país”, recuerdo que me dijo en Londres la que entonces era candidata Margaret Thatcher. Conectó con un sentimiento mayoritario, y ganó. “Que España sea una democracia”, me dijo Adolfo Suarez. “Un proyecto reformista y de regeneración de España”, me dijo José María Aznar. Entre los candidatos Felipe González y Rodriguez Zapatero, siempre vi una diferencia sustancial. El primero hablaba de cambio, y de que “España funcione”, y puedo decirlo con conocimiento de causa porque por encargo de la publicación en la que entonces escribía mis columnas, estuve 28 días de octubre viajando con él en avión y en autobús (1982).
Por contra Zapatero hablaba de poner patas arriba todo lo que se había hecho hasta entonces. En la única ocasión que tuve de compartir mesa y mantel con el candidato Zapatero y un grupo de empresarios notables, me confirmó su rumbo. Anticipó que si llegaba a gobernar cuestionaría los acuerdos con el Vaticano. Pero hoy el candidato es el líder popular Mariano Rajoy, y acaba de formalizar cómo quiere gobernar España y con qué objetivos.
El contexto es el de unas elecciones generales que son las primeras en 30 años de democracia que lo que está en juego no es sólo quién gestiona mejor el gobierno —que también— sino el sistema político y la propia nación. Toda vez que Zapatero ya se ha pronunciado por finiquitar el Estado-nación y sustituirlo por diversas naciones. De hecho, y en esto hay que insistir, lo que tiene que decidir el Tribunal Constitucional, no es sólo sobre la constitucionalidad del estatuto de Cataluña, sino sobre todo si España deja de ser una única nación, para que Cataluña sea otra, y se rompa así el propio modelo de Estado.
En este contexto y con una visión del país, Rajoy acude a las elecciones con un conjunto de reformas de signo liberal y de marcado carácter reformista que dan la vuelta al proceso de involución en el que marcha nuestro país. Los datos objetivos demuestran que además conecta con una mayoría de españoles de distinto signo político. No sólo por quienes quieren garantizar la unidad y fortaleza de España, sino por una inmensa mayoría de segmentos sociales que demandan esas mismas iniciativas y medidas. Basta repasar la encuesta que el CIS hacía sólo hace un año a casi diez mil mujeres españolas, para comprobar que la población femenina es bien diferente a los grupos feministas. Demanda medidas para conciliar la vida familiar con la profesional como ha propuesto Rajoy.
En esa encuesta nada menos que el 89% de las mujeres entrevistadas se muestra de acuerdo y bastante de acuerdo con que en el futuro se dé más importancia a la vida familiar —y no a la desestructuración de la familia—. Y para ello, el 58% de las mujeres exige incentivos con el fin de que tener hijos no sea un obstáculo para su vida profesional.
Una por una y en conjunto, las medidas que propone Rajoy son para fortalecer el Estado-nación, derrotar al terrorismo, frente a la doctrina del diálogo con los terroristas, reforzar la democracia occidental, y modernizar social y económicamente nuestro país.
Su propuesta fiscal es la más liberal, moderna y avanzada que se haya proyectado en la Unión Europea. La España que propone Rajoy es la de una democracia fortalecida constitucionalmente, cohesionada y moderna. La España de la igualdad y no la de los privilegios.
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