PARECE que cuando se trata de pedir el voto, todos lo hacen en castellano. Por alguna razón, en los grandes momentos aparecen las grandes soluciones, y desaparecen los conflictos insolubles. Por eso las elecciones son maravillosas y que se celebren cuando toque es de lo mejor que puede pasar. Cada vez que alguien acusa a alguien de “electoralismo”, dan ganas de aplaudir; y viene al recuerdo aquella época en la que las elecciones eran inútiles y los partidos políticos, un estorbo, porque la democracia tenía que ser orgánica, un pacto natural con el gobernante de la cuna a la tumba, como vemos ahora con Fidel. “Contigo hasta la muerte”: y porque más allá escapaba a su control, que si no, también. Es evidente que Zapatero se ha bajado con el aborto por electoralismo. Seguramente a él le encantaría que todos abortáramos todo lo que quisiéramos, y todos lo entendieron así; hubo unanimidad hasta en la prensa. Y no lo hace, gracias a Dios, por electoralismo, porque no le votaría ni Maria Teresa, si se le fuera la olla en esa dirección, en estos momentos de carne picada en las portadas.
“Ahora no toca”, decía Pujol; y menos mal que no tocaba, porque había elecciones y posibilidad de perderlas, porque ahora que ya no tiene a nadie que le vote, hay que ver cómo larga de lo que se calló cuando mandaba. A la hora de tener que pedir el voto, todo el mundo se hace mucho más moderado e intenta que eso se sepa con claridad. Por eso todos lo dicen en castellano, que es la lengua común en la que se dicen las cosas que tienen que ser entendidas claramente por la mayoría, por electoralismo. Porque toca.
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