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21/02/2008 20:07   



Conciliar familia y trabajo, más difícil en pantalón corto

Las chicas del básquet consiguen firmar el primer convenio colectivo de deportistas profesionales.

Conciliar familia y trabajo, más difícil en pantalón corto

Luis Rivas.

Madrid. Son el ojito derecho de nuestra condescendencia, las reinas del prime time en sesión dominical, las culpables de que nuestros lagrimales se inunden con títulos de bandera. Qué tendrá el brillo de ese metal nada vil y todo humano, las medallas, que hacen florecer lo mejor del hombre y descontextualizan al ser humano. Femenino sin género, masculino sin hormonas: el deportista y sus seguidores no entienden de sexos, sólo existe la neutra gloria del compatriota, de la unidad del equipo, de la igualdad en el triunfo. Y sin embargo...

 La adversidad no corresponde precisamente a la conjunción, sino a la descendencia discriminada de Adán y Eva. La irrupción de las pioneras que amenizan nuestros esfuerzos televisivos se ha producido en el año 2008, en plena era del ocio. Las chicas de nuestro baloncesto acaban de firmar el primer convenio colectivo del deporte profesional, femenino y español, con la legitimación que otorga el haber sido ya publicado en el BOE.

 La selección femenina de baloncesto consiguió la medalla de plata en el Europeo del año pasado, idéntico resultado al de los chicos, negatividad incluida, porque también sucumbieron en la final ante la madre Rusia. "Aún así, sólo se hablaba de Gasol", reconocía hace unos días en LA GACETA Amaya Valdemoro, la mejor jugadora española de la historia y la más coqueta, al lucir tres anillos de la NBA féminas.

 Las heroínas de la canasta alcanzaron el acuerdo con los clubes —agrupados en la Asociación Nacional de Baloncesto Femenino (ANBF)— el pasado 16 de febrero en la alegre Sevilla, tierra del no menos risueño José Luis Saéz, presidente de la Federación Española de Baloncesto, "cuyo apoyo moral ha sido determinante a la hora de materializar los intereses comunes", según Ignacio Sampere, uno de los dos letrados que han dado forma jurídica al convenio.

 El otro, Carlos Méndez, definido por Sempere como "el abogado más dinámico del baloncesto profesional femenino", considera que "este acuerdo supone un avance muy importante y especialmente bueno para las jugadoras, que tendrán a partir de ahora una garantía jurídica en el desarrollo de su actividad profesional, lo que, a fin de cuentas, supone un reconocimiento como profesionales de la canasta".

 Reconocimiento que hasta el pasado 16 de febrero se negó a unas profesionales ejemplares. Hispajuris asesoró legalmente un acuerdo que se alcanzó en octubre, pero que no se hará público hasta hoy.
 
Madres, hijas y ejes

El convenio dedica gran parte de su articulado a la conciliación de la vida personal, familiar y académica de las jugadoras con respecto a su actividad profesional, es decir, "regula la realidad de las deportistas", según Sempere. La perspectiva de la profesional que tiene que entrenar, atender a sus hijos, a sus padres, hacer frente a un embarazo o pasar gran parte de su tiempo en concentraciones lejos del hogar hacen retroceder varios siglos la razón, aunque los sentidos se empeñen en demostrarnos que esta situación se vive en tiempo presente y para muchas jugadoras.

 La exigente pero transigente negociación de José Luis Ferrer, asesor de las deportistas, llegó a buen término a la hora de contabilizar el tiempo destinado a las concentraciones. Así, y primando la importancia de los partidos, las jugadoras tendrán derecho a desplazar su disfrute al resto de la semana.

 Por otra parte, los clubes, tras manejar el flujo de información de Concepción Molina, decidieron, en palabras de Sempere, "primar la fidelidad de las trabajadoras", estableciendo un premio fin de carrera para las mismas.

 "Cuando una jugadora termina su carrera profesional, en la treintena seguramente, es como si fuera una viuda", indica Sempere. Pero como la mujer no sólo puede vivir de un premio por retirada, el acuerdo obliga a los clubes a fomentar la formación académica de las jugadoras menores de 23 años durante sus años en activo. Igualmente, se estudiará la viabilidad de programas de inserción en el mercado laboral después del cese de la actividad deportiva.

 En lo referente a la baja médica, las jugadoras cobrarán el 100% de su salario desde el primer día, uno de los mayores logros, puesto que antes la empresa no pagaba nada, lo que creaba "una gran inseguridad en las trabajadoras". Además, se incrementan las indemnizaciones por muerte (60.000 euros) e incapacidad o invalidez (90.000 euros). El convenio colectivo, que tiene como referente el de los chicos y carece de inspiración internacional — "no hemos mirado al extranjero"—, pretende ser el punto de partida en la carrera por la igualdad.

 "No tenemos constancia de que otra disciplina esté intentando lograr un convenio colectivo para sus trabajadoras. Sin embargo, se acabará imponiendo en cualquier deporte con presencia femenina en un periodo de tres a cinco años", afirma el propio Sempere.

 Mientras, las chicas del baloncesto seguirán demostrando a sus congéneres que merece la pena luchar por la gloria personal, ignorando un reconocimiento necesario, pero, que, desgraciadamente, no depende de cada tiro acertado.

Artículo 34, "el femenino"

"Los clubes, entidades o sociedades anónimas deportivas se comprometen a la financiación, aunque sea en parte, de los costes que pudiera tener una jugadora por la custodia (guardería, asistencia domiciliaria) de un hijo/a menor de 8 años o por las cargas que pudiera sufrir por tener que atender a sus progenitores o familiares, facilitándole la posibilidad de contratarla a tiempo parcial. Para ello, establecerá una comisión paritaria que propondrá un conjunto de actuaciones concretas, así como su forma de financiación".

 Ni más ni menos que el artículo 34, "el más femenino", según Ignacio Sempere, uno de los letrados que ha dado forma al acuerdo, y que se titula Conciliación de la vida familiar y profesional: La custodia de niños menores de ocho años y cargas familiares.

 Sin duda, se trata de legislar una realidad de las mujeres trabajadoras, que lo son por mucho que les pese a muchos, aunque desempeñen su profesión en pantalón corto.

 En lo referente al embarazo, el convenio colectivo se remite a la Ley de la Seguridad Social, que establece una retribución del 100% del salario en las 16 semanas que dura la ausencia, no considerada nunca como baja laboral.

 Además, y según la ley de marzo de 2007, conocida como Ley de Igualdad efectiva, la protección laboral de las mujeres embarazadas se complementa perfectamente con lo establecido por este acuerdo, que pretende ser la base de la igualdad deportiva para todas las medallistas trabajadoras.




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