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    902 de 2117 en Columnistas
21/05/2008 19:50   




Sarkozy, listo para enfrentarse a la protesta

Parece dispuesto a desacreditar la idea de los manifestantes franceses.

John Vinocur

De todas las cosas que los franceses hacen a su manera, lo que realmente les distingue de los europeos y estadounidenses es la realidad de que su política puede decidirse en las calles. La idea y la esperanza de que las manifestaciones y huelgas pueden tener más fuerza que la política es exclusiva de Francia.

De ahí el reciente temor del Gobierno a las protestas en las calles. Se da por supuesto que este tipo de confrontación constituye un procedimiento prácticamente normal.

Las reivindicaciones específicas, que en otras partes se afirman con menos alboroto, a veces unidas con grandes bolsas de insatisfacción en Francia y viejo reflejo mitificado —llamémoslo nostalgie de la rue—, puede rápidamente movilizar a las masas y provocar paros y violencia sin que la tradición democrática francesa les pueda poner un freno potente. El hecho es que el mayo de 1968 ha dejado en las sucesivas generaciones la convicción de que el cambio puede ser arrancado por el Tribunal del Pueblo de las Calles.

Pues aquí estamos, otra vez en mayo, con sus míticas resonancias revolucionarias y novelescas. Para hoy, jueves, está programada una huelga del transporte nacional y, después, manifestaciones más amplias de los profesores y estudiantes que se oponen a las reformas en la burocracia de la educación nacional.

Las circunstancias están intensificadas por la visión pesimista de los franceses del futuro del país y reforzadas por la escasa popularidad de Sarkozy. Pero esta vez hay diferencias. Hablando públicamente del ambiente negativo, Sarkozy ha reconocido la profundidad del problema repitiendo las frases “no todo está perdido” y “aquí no hay fatalismo”. A renglón seguido, ha dejado claro que no dará marcha atrás en el programa de cinco años para modernizar Francia. Con esto, Sarkozy puede presentar los argumentos de que el poder adquisitivo realmente aumentó el año pasado en un 3,3% y que el crecimiento en Francia en 2008 será de en torno al 2% . ¿Qué tipo de lecturas, o consejos, busca Sarkozy?

No existe una oposición efectiva, organizada con la que discutir, ya que el Partido socialista está profundamente dividido y no hay elecciones programadas que amenacen la mayoría parlamentaria de Sarkozy. Los sindicatos históricos franceses son débiles y, en algunos aspectos, probablemente estén menos preocupados sobre las reformas de Sarkozy de la jubilación, el mercado de trabajo y el sistema fiscal que por los desafíos que plantea la extrema izquierda a su propia situación preeminente.

En contraste con el mayo del 68, los estudiantes franceses están más claramente divididos entre idealistas y los que creen que el capitalismo orientado por el estado de Francia debe mejorarse. Sarkozy fue elegido presidente por su espíritu reformador y perdería toda la credibilidad en su país si abandonara su compromiso de desarraigar el conservadurismo de Francia.

Un retroceso en la política nacional ante las protestas en las calles también destruiría la credibilidad de Sarkozy como líder en Europa —Francia asume la presidencia de la Unión Europea durante seis meses en julio— eliminando la influencia que quiere tener sobre la elección del primer presidente europeo y su primer ministro programada para este periodo. Saliendo de Europa, el compromiso de Sarkozy en temas como Irán y Oriente Medio, o volver a unirse a la estructura de mando de la OTAN, parecería sin valor viniendo de un hombre que no controla Francia.

Como todos sus predecesores, Sarkozy ha vuelto al excepcionalismo francés durante su año en el poder como una justificación apta para cosas que Francia no quiere hacer de la misma manera que las hacen los demás. Ahora, al hacer Francia más moderna, e incluso más parecida a sus vecinos, Sarkozy parece dispuesto, aunque empujado, a de-sacreditar una de las presunciones más arraigadas del país: la idea de los manifestantes franceses de que pueden frenar el cambio desde las calles.





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