Ofrece hoy una imagen que contrasta con el radicalismo inicial. Si gana de nuevo, seguramente volverá a las andadas, incluso con más fuerza.
PUEBLA |
José Apezarena
La semana pasada tuve oportunidad de plantear a José Blanco esta pregunta: ¿Por qué el Gobierno se empeña en mantener vivo el acuerdo del Congreso de los Diuputados que le autoriza a negociar con ETA? ¿Por qué, si hoy las cosas han cambiado tanto, si los terroristas acaban de asesinar a dos guardias, no decide darlo por cancelado, lo que, además, le ahorraría enojosas sospechas? Y la respuesta fue una evasiva.
Zapatero, desazonado por las dificultades que parece entrever para renovar la actual mayoría, viene protagonizando una larga serie de gestos que, sumados uno tras otro, configuran un real, aunque disimulado, cambio de línea política.
Apenas estrenar despacho en La Moncloa, inició la más contundente batería de medidas extremosas conocida, que han puesto en solfa incluso la estructura del Estado, con la cuestión territorial y el impulso de una reforma de los Estatutos que el pueblo llano estaba lejos de reclamar. Hemos sido el asombro de Europa y el mundo porque, en lugar de aprovechar la oportunidad histórica que tenía el país en materia de despegue económico, nos pusimos a discutir qué somos, de dónde venimos y a dónde vamos.
La introducción del matrimonio gay, el “divorcio exprés”, la experimentación con embriones, la enemistad hacia lo católico, la Educación para la Ciudadanía o la Ley de Memoria Histórica, son sólo algunos hitos de esa revolución soterrada que ha impulsado un Rodríguez Zapatero blando las formas pero contundente e implacable en los fondos.
La cuestión más peliaguda, en mi opinión, fue el proceso de negociación, primero oculta, después a las claras, con los terroristas de ETA. Un movimiento que vino acompañado por la actitud contemporizadora con las figuras más destacadas y con las estructuras del abertzalismo radical. Retrasos en juicios, rebajas de penas por los fiscales, pasividad de los cuerpos policiales, han acompañado, durante los tres primeros años de legislatura, esa variante del “talante” concretado en los guiños y el buen trato a ETA.
¿Qué está pasando ahora? Pues que lo reseñado hasta aquí ha cambiado radicalmente. Hoy es todo lo contrario. El líder socialista viene protagonizando un “viaje al centro”, que incluye “fichajes” de personajes como José Bono y Felipe González, y posturas moderadas en relación con asuntos como el aborto y la Iglesia. Y respecto al terrorismo, en contraste con el reciente pasado, priman las detenciones, los macrojuicios y las condenas durísimas en los tribunales.
Lo cual plantea la gran e inquietante cuestión de fondo: ¿Cuál es el Rodríguez Zapatero auténtico: el de los primeros tres años, o el moderado y centrista que quiere aparecer ahora, a las puertas de las elecciones?
No son pocos los que atribuyen esta deriva ideológica a la urgencia de las urnas. Y se malician que, si el PSOE revalidara la victoria, ZP, no solamente volverá a las andadas, sino que incluso intensificará el extremismo de que hizo gala cuando estrenó cargo. Y eso explicará, entonces, por qué no ha anulado el “permiso” para negociar con ETA: porque volverá a intentarlo.
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