Vesselina Kasarova y Alexandrina Pendantschanska protagonizan una magnífica Clemenza di Tito en Madrid.
La clemenza di Tito. JAVIER DEL REAL (TEATRO REAL) |
Jesús Orte
Madrid. Puede que una de las iniciativas más afortunadas de la política de programación auspiciada por Antonio Moral desde su llegada a la dirección artística del Teatro Real haya sido la de intercalar varias “miniproducciones” entre los espectáculos fuertes de la temporada. Las ventajas de la idea saltan a la vista: aumenta el abanico de títulos ofertados, abre las puertas del teatro a cantantes y directores con agendas apretadas, amplía el contingente de entradas y representaciones fuera de abono y, en definitiva, dinamiza la actividad del coliseo madrileño.
Este año, sin contar los cuatro títulos en versión de concierto, ya se han ofrecido en este formato la interesantísima The rape of Lucretia de Britten y, cómo no, el reciente Fidelio dirigido por Claudio Abbado. A estos títulos se suma ahora La clemenza di Tito mozartiana, presentada con mimbres acaso no tan mediáticos pero igualmente excepcionales.
La gran atracción esta vez consistía en escuchar a Vesselina Kasarova en el rol de Sesto, sin duda uno de sus caballos de batalla más celebrados de los últimos años. El instrumento de la mezzo búlgara parece hecho a la medida del papel: amplitud de registro, potencia, flexibilidad... Un lujo. No faltará quien le reproche sus dudosos rubatos y sus continuos ataques de glotis. Pero está claro que escuchar a una diva tiene su precio.
Frente a ella, la también búlgara Alexandrina Pendantschanska ofreció la réplica con una Vitelia algo menos espectacular, pero en absoluto desmerecedora del nivel exhibido por su compatriota. Su voz podrá no poseer el tamaño, el esmalte o la insultante suficiencia técnica de Kasarova. Pero a cambio, su comprensión del canto mozartiano es más canónica, y en cierto sentido, más auténtica.
Por su parte Roberto Saccà ofrece un Tito experimentado y cumplidor, lastrado sólo por su tendencia a engolar y a estrangular algún que otro agudo. Excelentes también, por último, la cristalina Servilia de Ainhoa Garmendia así como el magnífico Annio de la debutante en el Real y casi inédita en los circuitos españoles, Maite Beaumont.
De la extemporánea semi-escenificación concebida por Mario Carniti, lo mejor que se puede decir es que no despista mucho y permite a los cantantes desenvolverse casi a sus anchas. Quién sí aportó, y de qué manera, fue Víctor Pablo Pérez desde el foso. La afinidad que el burgalés siente por Mozart es bien conocida, pero puede que esta versión de la Clemenza –tersa, vibrante, precisa e irresistiblemente musical- constituya uno de sus máximos logros hasta la fecha. El resto del mérito le corresponde por derecho propio a una espléndida Sinfónica de Madrid, que día a día confirma los espectaculares resultados acrisolados en la era López Cobos.
MOZART: La clemenza di Tito. V. Kasarova, A. Pendantschanska, R. Saccà, A. Garmendia, M. Beaumont. Orquesta y Coro del Teatro Real. Dir.: V. Pablo Pérez. Dir. esc.: M. Carniti.
Teatro Real, 20 de mayo.
La clemenza di Tito. JAVIER DEL REAL (TEATRO REAL) |
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