El tenis le impidió estar con los suyos cuando perdió dos sobrinos. Ahora se retira para resarcirse.
La tenista belga Justine Henin abandona la pista tras jugar un partido. EFE |
Carlos Quirós
La pasada semana, Justine Henin, número uno del tenis femenino, sorprendía al mundo con la noticia de su abrupta e inmediata retirada. En principio, los motivos que la han llevado a apartar su amada raqueta respondían al cansancio acumulado y al miedo a la decadencia, a pesar de que la belga sólo cuenta 25 años. Sin embargo, poco después se ha sabido que su renuncia tiene poco que ver con la fatiga y mucho con su deseo de mantenerse cerca de su familia. Así lo desvela su biógrafo, Mark Ryan, en el rotativo inglés The Independent.
La peripecia vital de los Henin se ha visto sacudida por el pellizco del dolor en más de una ocasión. En primer lugar, Thomas, hermano mayor de la tenista, perdió a su hijo de seis semanas por culpa de una afección pulmonar en 2001. Justine, el orgullo de la familia, no pudo acudir al entierro del pequeño difunto porque estaba disputando un torneo en EEUU.
Más fatalidades
Esa circunstancia derivó en un encontronazo que mantuvo a ambos, Thomas y Justine, sin dirigirse la palabra durante siete años. Hasta que un accidente casi mortal de su otro hermano les volvió a unir.
Por si no hubiera sido lo suficientemente dolorosa, Justine y la familia Henin tuvieron que vivir la misma experiencia poco después. Sarah, hermana pequeña de la número uno, conoció por los médicos que el bebé que esperaba no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir a largo plazo debido a una defecto del corazón. Cuando Henin se enteró, al día siguiente, se preparaba para jugar un partido benéfico de lucha contra el cáncer. “Sonreía a las cámaras, pero en su interior sólo sentía desolación”, comenta su biógrafo.
Cuando aquel niño nació prematuramente y murió, Justine se encontraba en España, disputando el Masters Series femenino de Madrid. Dedicar su épica victoria en la final a su sobrino fallecido, a sus sobrinos fallecidos, no liberó a su conciencia de la enorme carga que tenía que soportar.
Fue en ese momento cuando Justine sopesó seriamente la posibilidad de dejarlo todo para permanecer al lado de los suyos. Si no lo hizo fue porque su padre, Jose, la convenció para que continuara. Ella siguió luchando, viajando y asumiendo la responsabilidad de ser la mejor jugadora de tenis del planeta, pero ni su brazo ni su mente eran tan fuertes como antes.
Un nuevo gran acontecimiento en su familia, esta vez feliz, materializó el fantasma de la retirada. Sarah, la hermana pequeña que perdió su niño prematuro, fue agraciada con un nuevo embarazo completamente sano y satisfactorio. En cuanto conoció la buena nueva, Justine no lo dudó: esta vez sí quería estar junto a los suyos y ningún torneo, por muy importante y prestigioso que fuera, se lo iba a impedir. Llegado el momento de elegir entre su familia y su trono tenístico, Henin lo tuvo claro: anunció su retirada y volvió a casa.
Rupturas
Al margen de los duros reveses que ha sufrido en forma de pérdidas familiares, Justine Henin también ha tenido que superar más golpes en su vida privada. Su matrimonio con Pierre-Yves Hardenne terminó con ruptura hace unos meses. Cuando la belga creía haber rehecho su vida tras el divorcio, su nuevo amor se reveló como todo lo contrario al príncipe azul que prometía ser. Según su padre, “Justine siente que los hombres no la quieren por su persona, sino por su estatus y su dinero”.
Todo eso (alhajas, fama, gloria) ya forma parte del pasado. Pese a que ahora Justine es una mujer normal que se ocupa de los suyos, ella siente que ostenta un escalón más alto que el número uno.
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