Miguel Ángel Gozalo
En medio de la “semana fantástica” del Partido Popular no queda tiempo para hablar del Gobierno, teniendo, como tiene, a Rubalcaba en todo su esplendor. Eso hay que subrayarlo, que es lo único que uno hace: ayudar a los lectores a fijarse en lo que pasa.
La estampa del ministro del Interior sin poder escuchar su móvil, que vibraba impaciente, porque estaba dialogando con su colega de Senegal, sabiendo que quien le llamaba era el secretario de Estado, Antonio Camacho, para decirle: “Ya está, han caído los cuatro”, es la imagen del cambio en materia de terrorismo. El ministro suspendió su gira africana y volvió a casa para destacar la importancia de la operación y explicar la nueva política del Gobierno con respecto a ETA.
Esta vez el ministro no se ha andado por las ramas y ha dicho algo que debiera haberle susurrado al oído al presidente Zapatero, cuando inició aquella lamentable e imposible aventura del diálogo con ETA: que el destino de los terroristas es la cárcel y que jamás, jamás, van a obtener réditos políticos por sus crímenes.
Jamás. En política se suele seguir el consejo de James Bond: “Nunca digas nunca jamás”. Romanones dijo que jamás formaría Gobierno con otro político. Aunque lo matizó enseguida: “Pero, cuando digo jamás, quiero decir por ahora”.
Está todo tan mal, es tan triste lo que vamos sabiendo de ETA (policías municipales asesinados donde el alcalde era de la banda, conversaciones del Gobierno con un etarra que amenazó con matar a los emisarios de Zapatero si se revelaba su identidad...) que, al tiempo que mando un abrazo a María San Gil y a Ortega Lara, pido que esta vez el “jamás” de Rubalcaba no equivalga a “por ahora”.
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