Columna de
JuanVan-Halen
Su recuperada 'Memoria' no supone la amnesia general sobre los últimos tres años y medio de nuestra Historia
Políticos al borde de un ataque de nervios. Es, según me dicen, el clima último en la sede socialista de la calle de Ferraz. Es que a Zapatero no le salen las cuentas y se acercan a paso de carga las elecciones. Ha llegado el momento de pagar las últimas deudas y los acreedores aprietan. Unos consiguen sacar adelante la Ley de la Memoria Histórica, que además de ser una norma innecesaria, es un contrasentido en sus propios términos. ¿Hay algo más individual e íntimo que la memoria? Otros burlan el Estado de Derecho empecinándose en convocar consultas populares ilegales. Otros se niegan a algo tan elemental como cumplir la ley sobre los símbolos de España. Todo porque el Gobierno es débil y consentidor. Pero lo que preocupa a Zapatero y desata los nervios en Ferraz es, precisamente, que no les salen las cuentas de cara a las elecciones del próximo marzo.
En las últimas elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2007, los votos del Partido Popular sobrepasaron en 156.000 a los votos del PSOE. Hasta ahora, y la experiencia se mira con lupa en Ferraz, quienes recibieron más votos en unas elecciones municipales ganaron las siguientes elecciones generales. Además los fontaneros socialistas suman los votos “independientes”. Ya se sabe que estas candidaturas independientes han conseguido alzarse con numerosos ayuntamientos de España, pero no es menos cierto que en el cómputo de las elecciones autonómicas se ha comprobado que esos votos fueron a parar casi en su totalidad a las candidaturas autonómicas del Partido Popular. Y de ahí los nervios de Ferraz. Los votos a candidaturas “independientes” fueron 1.800.000, que si mantienen su tendencia, a escala nacional, o sea en unas elecciones generales, irían a parar a la bolsa electoral del Partido Popular. En Ferraz suman unos y otros datos, y les salen cerca de 2.000.000 de votos presumiblemente irredentos para el PSOE. Además, a los fontaneros socialistas les preocupa el voto radical no recuperable que recibieron en las elecciones de marzo de 2004, y el más que posible voto perdido por el desencanto de un progresismo acomodado. No pocos dirigentes de Ferraz acusan ahora a sus estrategas de haber llegado muy tarde a la cosmética, al Jordán, al Saulo caído del caballo, a ese machacón y publicitario “Gobierno de España” que nos empalaga por obvio.
Zapatero prometió hace poco que no gobernará si consigue menos votos que el Partido Popular en las elecciones generales. Ya conocemos la credibilidad del presidente del Gobierno. Su palabra tiene tanto valor como sus predicciones. Auguró el éxito electoral de los socialistas en Francia o Alemania y de los demócratas en Estados Unidos. Y todavía se recuerda su anuncio de un año sin terrorismo veinticuatro horas antes de la arrasadora bomba de la T-4. La palabra del presidente del Gobierno es la palabra de quien no atiende a la realidad sino a una irrealidad maravillosa, idílica, que él y sólo él percibe. Por ello nadie debe estar seguro de que Zapatero cumpla lo que promete, y tampoco en su anuncio de que gobernará sólo si consigue más votos que el Partido Popular en las urnas del próximo marzo. Vivir para ver.
Cada día, desde Ferraz, se nos repite a los españolitos que es el Partido Popular quien crispa una realidad placentera, pero los destinatarios del mensaje están viviendo otra cosa. Quien comenzó su mandato con el llamado Pacto del Tinell, sin precedentes, que reeditaba las dos Españas, las exclusiones y los enfrentamientos, y lo concluye con la “Memoria Histórica”, que recuerda interesadamente una guerra fratricida que todos habíamos hecho un esfuerzo por olvidar entre las brumas del pasado menos edificante, no puede acusar de crispación a nadie. Bueno sería que se mirase a sí mismo en un espejo.
Se acerca la hora de la verdad, que en democracia es la hora de las urnas. A falta de Irak, los estrategas del socialismo quieren convocar a sectores normalmente desmovilizados —fue un aviso la cita electoral del pasado mayo— con los fantasmas del pasado, con la amenaza de una derecha cerril que viene de atrás y que, así quieren hacerlo ver, tiene las manos manchadas de pecados fratricidas. Pero el partido de los más de cien años, con idéntico nombre y cercano radicalismo al PSOE de hoy, es cabalmente el partido del que es secretario general el presidente del Gobierno. Son muy conocidos y reconocidos por los historiadores objetivos los hechos protagonizados por aquel PSOE, que es éste. Hechos deleznables y nada democráticos. Utilizar la historia como arma arrojadiza es convertirla en boomerang.
A Zapatero no le salen las cuentas, y Ferraz es un manojo de nervios. Su recuperada “Memoria” no supone la amnesia general sobre los últimos tres años y medio de nuestra Historia.
▼Juan Van-Halen es senador del PP.
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