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22/11/2007 14:33   



Paloma Gómez Borrero, corresponsal en Roma

El Vaticano lamenta las dificultades de las familias para ser parte activa de la escuela.

Paloma Gómez Borrero, corresponsal en Roma
Paloma Gómez Borrero, corresponsal en Roma. GACETA

Paloma Gómez Borrero

Roma. Coherencia con el magisterio de la Iglesia y fe, tanto en la vida privada como cuando se enseña en las escuelas o en las cátedras de las universidades católicas, es lo que pide el documento sobre educación que se ha publicado bajo el título Educar juntos en la escuela católica. Misión compartida de personas consagradas y fieles laicos— la Congregación para la Educación Católica.

En una sociedad dominada por el relativismo y el consumismo, los centros católicos "deben impartir propuestas eficaces para combatir estos desafíos y lograr formar personalidades fuertes, que sean capaces de resistir a estos retos y ayudar a los jóvenes a no considerar la propia vida como un conjunto  de sensaciones", recoge el texto.

El documento, de 25 páginas, fue presentado, en la sala de prensa del Vaticano, por el cardenal Zenon Grocholewski y Angelo Vincenzo Zani, respectivamente prefecto y subsecretario de la Congregación para la Educación Católica, y Roberto Zappala, rector de los Liceos del Instituto Gonzaga.

Este nuevo texto completa la trilogía que ha elaborado este dicasterio y afronta la colaboración que debe existir entre los laicos y religiosos en las escuelas católicas. A todos cuantos enseñan en tales centros, el texto pide "ser competentes", "poseer una formación cultural adecuada y continuamente actualizada”, pero, sobre todo, "conocimientos claros y firmes de la verdad del Evangelio y una buena formación teológica”.

El documento insiste en el estrecho vínculo que debe haber entre la escuela y la familia;  y señala, como uno de los objetivos principales, la formación del individuo. Esta guía para la docencia dice textualmente: “Se debe aprender a discernir la interdependencia en un mundo cada vez más asediado por la globalización, como un signo ético para el hombre de nuestro tiempo; se debe ver como un reclamo a salir de la visión del hombre que concibe a cada ser humano como un individuo aislado”.

El llamamiento a las escuelas y universidades católicas podría resumirse en el imperativo de estrechar los lazos entre los profesores laicos y los religiosos, y en el de ejercer la tarea o misión educativa como una vocación personal y no como el ejercicio de una profesión.

Entre los consejos y directrices, el documento recomienda que los “docentes sean amables y disponibles, y estén preparados y sean capaces de suscitar y orientar las mejores cualidades de los alumnos hacia la búsqueda del sentido mismo de la propia existencia”.

Precisamente, el vacío de valores que  invade a la juventud de hoy es lo que ha impulsado a la Iglesia a elaborar esta trilogía que se ha completado con el documento hecho público ayer. Durante dos años se ha trabajado en la elaboración de estos documentos, que quieren  dar respuestas adecuadas al relativismo imperante y dictar pautas para una formación escolástica que no se limite a ejercer una profesión o  a buscar un título.




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