Negocios.com

GACETA.es

jueves, 28 de agosto de 2008 Última actualización: 01:20:21

Joaqun Madina LoidiColumna de
JaimeRodríguez-Arana



Las primarias norteamericanas

Si la gente, la militancia y los simpatizantes se involucran es posible que el sistema.

Jaime Rodríguez-Arana.

Es probable que, en España, las primarias norteamericanas se estén siguiendo como nunca. Si esto así, que me permito aventurarlo, es, entre otras razones, porque son unas elecciones de gran calado mundial. También porque este año, por primera vez en la historia de los EEUU parece que un hombre de color o una mujer podrían, uno de los dos, ser los nuevos inquilinos de la Casa Blanca. Y, finalmente, otra razón que invita a muchos a seguir lo que ocurre en las primarias norteamericanas se refiere a una metodología por estos pagos bien desconocida: los partidos se abren a la sociedad, los candidatos han de presentarse ante los ciudadanos, en las más diversas realidades y posibilidades y, sobre todo, el pueblo toma conciencia de que su participación es determinante, no sólo para elegir al presidente en su día, sino para pronunciarse sobre cuál de los candidatos de su partido es el de su preferencia.

 Quizás a más de una persona que no conozca el sistema de primarias en los EEUU le haya llamado la atención la capacidad política que han de exhibir los candidatos.

  En general, la participación de la gente y, sobre todo, el compromiso de los partidos en que la ciudadanía se pronuncie sobre los candidatos contrasta no poco con las prácticas cerradas y tantas veces clientelares que acontecen por estos pagos, en los que para ser candidato lo más seguro, y rentable, es ganarse, como sea, la confianza del jefe de filas. Esto es lo determinante, porque es el presidente del partido quien confecciona a su aire las listas. En EEUU o Inglaterra, en el mundo anglosajón por lo general, la relación política por excelencia es entre el representante y el ciudadano. Por eso se explica que la disciplina de partido tenga la relevancia que tiene en USA. Aquí, en cambio, al no haber, como regla, relación entre electos y electores, son las cúpulas de los partidos las terminales del poder.

 Es verdad que cada sistema político tiene su origen, sus principios y sus peculiaridades. El modelo europeo de sistema de partidos en que hoy se ha transformado la democracia en la mayor parte de los países del Viejo Continente, que pudo tener su sentido en un momento inicial, ahora está periclitado. Si los políticos quisieran constatarlo no tienen más que preguntar al pueblo en un sencillo referéndum y tendrían una respuesta bien clara y patente. Por cierto, en EEUU es frecuente que las cuestiones delicadas, que afectan a las convicciones de las personas  se consulten al pueblo. Es el caso, por ejemplo de recientes consultas sobre el uso de las células madre embrionarias en la investigación científica, o el caso de la instauración o no del cheque escolar.

Cuestión, la de las consultas, que bien se pudo haber planteado con ocasión, por ejemplo, del matrimonio entre personas del mismo sexo. Aquí, por lo que se ve, como no se considera, al menos en la realidad, en la práctica, relevante la opinión del pueblo como no sea una vez cada cuatro años para elegir cortes generales, parlamentos autonómicos, europarlamento o electos locales, se ha establecido desde la cúpula que la opinión del pueblo ante la introducción de cambios esenciales en instituciones sociales básicas es sencillamente irrelevante. Algo impensable en la democracia estadounidense que, en lo que se refiere a participación política está a años luz de nosotros, nos guste o no.

 También llama la atención, y no poco, en las primarias norteamericanas, la carrera de obstáculos que hay que superar si se quiere obtener la nominación. Un año entero de elecciones al interior del partido y por todo el país, mientras que por aquí la verdadera carrera reside en situarse cerca del líder y hacerse imprescindible, incluso para las cosas más prosaicas y cotidianas. Es verdad que el sistema de primarias es de alguna manera extraño a nuestra tradición, pero en mi opinión, el grado de desprestigio entre la ciudadanía que hoy tiene la política puede repararse potenciando y multiplicando la participación ciudadana. Si la gente, la militancia y los simpatizantes se involucra es posible que el sistema empiece a fortalecerse.

 Las primarias norteamericanas actuales, además, ofrecen la posibilidad de que un candidato que hace dos meses estaba a 28 puntos por debajo de otro candidato, haya ganado por diez puntos en la primera etapa. Parece que vientos de cambio surcan la política norteamericana, vientos de cambio que hablan de nuevo de la política en su más plena y atractiva expresión, como manifestación de la capacidad de dirigir la cosa pública pendiente de los problemas reales de la gente con arreglo a unos principios de justicia y equidad que tienen en el centro a la dignidad de la persona humana. Ojalá que por aquí algunos tomen nota y se decidan de verdad, en vez de tanto hablar de regeneración democrática, a hacer algo concreto. La mirada a EEUU en esta cuestión puede ser buena cosa.




Esta noticia ha sido vista 671 veces - Enviada 1 veces - Valorada 8 veces.




Quienes somos  |  Contacte con nosotros  |  Aviso legal  |  Publicidad  |  Mapa  

© Grupo Negocios Sepúlveda 7b - 28108 Alcobendas-Madrid. España - Tel: 91 432 76 00 - Fax: 91 432 77 65