Mientras dé dinero, se seguirán haciendo versiones, pero es algo cíclico.
S. Gimeno / B. Sánchez Trillo
Huérfanos que venden su alma al diablo, colosos con tintes y destino mesiánicos que rozan la inmortalidad o millonarios de doble identidad con propósitos ocultos. Hay superhéroes de toda calaña y condición, pero todos parecen haber abandonado las viñetas del cómic y las ciudades que custodian con un único objetivo: acudir al rescate de un séptimo arte aparentemente necesitado de sus servicios.
Sólo la trilogía cinematográfica de Spiderman, el personaje concebido por Stan Lee y Steve Ditko en los 60, ha recaudado en todo el mundo casi 3.000 millones de dólares, y se ha convertido en la adaptación más fructífera desde el punto de vista monetario si la comparamos con otros éxitos de taquilla como Batman Begins o X-men.
Pero los buenos no siempre ganan. Mientras las adaptaciones que se hicieron de Superman con Christopher Reeve como el Hombre de Acero son las mejores que existen porque reflejan el tebeo al 100%, otras como Daredevil o Elektra (ambos de la editorial Marvel) fueron verdaderos fiascos. Y es que “por muy bien que esté adaptado el cómic, a nivel artístico el dibujante siempre le da un toque especial que no puede reflejarse cinematográficamente”, apunta José Luis Martínez, regente de la popular tienda especializada Arte 9 de Madrid.
Héctor G. Olarte, experto en novela gráfica, subraya cómo no se ha podido respetar la estética de muchas historias hasta que los efectos especiales lo han permitido. “Antes de la llegada de la tecnología digital era impensable que un Spiderman resultara creíble. Ahora se pueden acometer proyectos con suficientes garantías”.
La influencia del cine en el cómic ha generado tanto luces como sombras. “Ha supuesto una forma de promocionarlo, pero también ha influido en la continuidad de sus tramas”, dice Martínez. Incluso los atuendos de algunos superhéroes, como los X-men, fueron modificados en las viñetas para imitar los trajes que aparecían en las películas.
Respetar el original puede que no sea un sueño. La editorial Marvel, uno de los sellos más potentes del mundillo junto a DC, acaba de crear su propia productora para velar por los derechos de sus creaciones. Se busca controlar más el producto, pero “se reescriben los guiones para hacerlos más actuales”, sostiene Olarte, que pone como ejemplo el reciente estreno de Iron Man, donde se sustituye Vietnam por Afganistán.
A lo largo de los dos próximos años, la avalancha de superhéroes promete invadir las salas. Primero aterrizarán en los cines la segunda parte de Hellboy, dirigida por Guillermo del Toro, y una nueva secuela de Batman, basada en la celebérrima novela gráfica El regreso del Caballero Oscuro, de Frank Miller. Le seguirán Watchmen, la continuación de Superman, Ghost Rider 2, y hasta una superproducción española de El Capitán Trueno. “Mientras dé dinero, se seguirán haciendo versiones, pero no debemos olvidar que es un fenómeno cíclico”, advierte el profesional de Arte 9. Tenemos cuerda para rato.

Cómo debes cuidar tus cómics
Contrariamente a lo que se pueda imaginar, existe toda una parafernalia en torno a la conservación del cómic. Todo amante de novela gráfica que se precie mantiene cada ejemplar aislado dentro de una bolsa de plástico. Éstos, a su vez, deben ser colocados en hilera, nunca uno encima del otro, en cajas con tapa de cartón libre de ácido.
Para su lectura, los cuidados no son menores. El cómic debe sacarse de su envoltorio con guantes y depositarse en una superficie plana, libre de polvo y otras impurezas. Los fanáticos más esmerados, en lugar de emplear las manos para pasar las páginas, utilizan unas pinzas desinfectadas para deteriorar lo menos posible la pasta de papel. Al igual que los libros de coleccionista, los cómics se revalorizan con los años.
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