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23/07/2008 21:07   



Árboles de diseño: la genética descubre una potencial nueva fuente de energía

Los científicos persiguen un método viable para lograr convertir la celulosa en biocombustibles como el etanol

Árboles de diseño: la genética descubre una potencial nueva fuente de energía
Ying-Hsuan Sun, un investigador posdoctoral asistente, controla uno de los ensayos llevados a...

Andrew Pollack/N.Y.T.

Puede que sea cierto que “sólo Dios puede hacer un árbol”, como escribió el poeta Joyce Kilmer. Pero los ingenieros genéticos sí pueden rediseñarlos. Para intentar convertir los árboles en nuevas fuentes de energía, los científicos emplean un proceso controvertido de ingeniería genética para cambiar la composición de la madera. El objetivo es reducir la cantidad de lignito, un compuesto químico que dificulta la tarea de convertir la celulosa, en biocombustibles como el etanol.

Vincent L. Chiang, codirector del grupo de biotecnología forestal de la State University de Carolina del Norte, ha desarrollado árboles transgénicos con sólo la mitad del lignito de sus colegas naturales. “Creo que el árbol transgénico con poco lignito contribuirá a las necesidades de energía”, aseguró.

Riesgo de vulnerabilidad

Los ecologistas dicen que un trabajo así puede ser arriesgado, porque el lignito proporciona a los árboles dureza estructural y resistencia a las enfermedades. Incluso algunos científicos que trabajan en alterar la composición de la madera reconocen que si se reduce demasiado el lignito los árboles, podrían volverse débiles y vulnerables. “Si pudieran sobrevivir, la naturaleza habría seleccionado árboles con poco lignito”, señala Shawn Mansfield, profesor asociado de ciencia de la madera en la Universidad de Columbia Británica.

La gente que trabaja en este campo también reconoce que se enfrentarán a la resistencia de algunos que consideran a los árboles como símbolos majestuosos de la naturaleza pura que no deberían ser genéticamente alterados como el maíz o la soja. “El público general no considera a los árboles como un simple cultivo”, dice Susan McCord, directora ejecutiva del Instituto de Forest Biotechnology en Raleigh, Carolina del Norte. “Lo mismo ocurre con los silvicultores. Las personas que trabajan en esto aman los árboles. Los ven de modo diferente que a una mazorca de maíz”.

El etanol está hecho principalmente con el almidón de los granos de maíz. Para aumentar la oferta hasta que sea relevante en el panorama energético del país, los científicos están intentando emplear celulosa, un componente de la pared de las células en las plantas.

Los partidarios de utilizar árboles para este fin dicen que son buenas fuentes de celulosa y absorben bien el dióxido de carbono, lo que ayuda a combatir el calentamiento global. Los árboles también pueden cortarse cuando sea necesario en lugar de tener que ser cosechados en un momento concreto cada año, como otros cultivos.

Pero la celulosa está cubierta de lignito, otro componente de la pared de las células. Hecho que dificulta el que las encimas lleguen a la celulosa y la dividan en azúcares simples que puedan ser convertidos en etanol. Las compañías papeleras rompen el lignito utilizando ácidos y vapor. Los productores de etanol tendrían que hacer lo mismo.

Si los árboles tuvieran menos lignito se podrían reducir estos pasos. Esto ahorraría por lo menos 10 céntimos el galón en los costes de etanol, dijo Michael Ladish, director del Laboratorio de ingeniería de Recursos Renovables de Purdue.

Los científicos conocen los pasos para crear lignito y pueden fabricar árboles con poco lignito bloqueando alguno de ellos. Una forma es poner una copia inversa de un gen que codifica una encima de la formación del lignito. La copia inversa silencia este gen y reduce la producción de esta encima.

El doctor Chiang afirma que lo máximo alcanzable es un 50% de reducción del lignito. El interés por los biocombustibles ha hecho que se renueve la atención por la biotecnología de los árboles, un sector que había languidecido debido a los problemas técnicos, los costes y los temores ambientales.




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Eucaliptos que resisten olas de frío o que crecen más rápido

En la actualidad, sólo una compañía de EEUU ensaya con la ingeniería genética de los árboles. ArborGen cuenta con sólidos respaldos y es propiedad conjunta de tres compañías de productos forestales: Internacional Paper, MeadWestvaco y Rubicon, con sede en Nueva Zelanda. La compañía, con sede en Summerville (Carolina del Sur) desarrolla un eucalipto bajo en lignito que espera vender en América Latina, donde ya se utilizan árboles de rápido crecimiento para fabricar papel y pasta. Para EEUU, la compañía investiga un eucalitpo genéticamente modificado para sobrevivir a las olas de frío, y esto permite que los árboles crezcan en más sitios.

“En los próximos cinco a diez años, veremos árboles transgénicos en el mercado”, dice Maud Hinchee, jefe de tecnología de ArborGen.

Dos árboles genéticamente modificados están aprobados por el departamento de Agricultura, ambos para cultivos: árboles de papaya resistentes al virus de la mancha anular y ciruelos resistentes al virus de la viruela.

La única aprobación conocida de un árbol forestal genéticamente modificado se ha producido en China, donde se han plantado muchos álamos resistentes a los insectos.

Estos árboles transgénicos además pueden vivir de forma silvestre, mientras que en el caso de cultivos como el maíz pueden surgir dificultades sin los atentos cuidados de un agricultor.



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