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Hace 219 años...Goya es nombrado pintor de cámara en palacio por Carlos IV

El pintor vería cambiar el mundo desde la corte de Madrid. Su sensibilidad y sus pinceles transformarían el papel de la pintura.

Hace 219 años...Goya es nombrado pintor de cámara en palacio por Carlos IV
Goya se convirtió en el pintor de moda de la aristocracia.

Juan de Meer

El rey Carlos III murió sin  nombrar a Francisco Goya pintor de  cámara; servía bien como bocetista de los tapices que decoraban las estancias palaciegas, pero  otros maestros  se reservaban el privilegio de retratar a la familia real. El infante don Luis y los duques de Osuna se aprovecharon,  Francisco  se consagró como retratista y se introdujo como pintor de moda en los círculos selectos de la aristocracia. Allí encontró amigos y consolidó su ascenso social como artista y burgués acomodado.

En enero de 1789, el nuevo rey Carlos IV ascendió al trono y Goya recibió el encargo de ejecutar los retratos oficiales. El 26 de marzo 1789 se efectuó el nombramiento de pintor de cámara en palacio, casi un mes después juró. Continuaría percibiendo los mismos emolumentos que recibía con anterioridad, no le agradó, pero no mostró su disconformidad. Pocos meses después abrirían sus sesiones los Estados Generales en la vecina y aliada Francia. El pintor vería entonces cambiar al mundo desde la corte de Madrid, su sensibilidad y  sus pinceles cambiarían el papel de la pintura, de las artes en la sociedad.
 
La vida del artista

Francisco Goya procedía de una humilde familia de doradores que trabajaba alrededor de la Seo de Zaragoza y en los templos rurales comarcanos. Formado en las escuelas fundadas por iniciativa de Felipe V, no logró alcanzar una de las ayuda de costa que le hubieran permitido viajar a Roma como pensionado. No se arredró, viajó y continuó su formación en las tierras italianas sin sujeciones ni obligaciones. Al volver entró  en la cuadrilla de un pintor consolidado, sus facultades le llevaron a formar parte de la familia del maestro.

A partir de este momento su progresión fue imparable y pudo establecerse por su cuenta, entrar en la academia y enseñar, pintar para el rey en la decoración de sus estancias privativas… Su trabajo le reportaba abundantes recursos que invertía en inmuebles urbanos y en operaciones financieras bajo la atenta mirada de sus amigos del banco de San Carlos.

Gustaba de asistir a cuanto acontecimiento cultural o popular se desarrollaba en la Villa: corridas de toros, verbenas, bailes, conciertos de corte, teatro o el simple ajetreo en las calles era motivo de observación. Seguidor de modas poseía coches para asistir a los paseos por el Prado  como un potentado más. Había logrado gracias a su pericia con los pinceles dejar de ser considerado un criado y elevarse a la categoría de reputado artista. Sus amistades, selectas e influyentes, le abrían sus casas y compartían sus idearios. Más adelante formarían el grueso de los llamados afrancesados que tendrían que emigrar tras la guerra y con los que se reencontraría en Burdeos en sus últimos días.




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