Zapatero se rodea de fieles. Solbes, Alonso y De la Vega, sin carné del PSOE, formarán la columna vertebral de la segunda legislatura socialista.
José Antonio Alonso, nuevo portavoz de los socialistas en el Congreso. EFE |
Eduardo Toledo
Madrid. Zapatero ha demostrado ser el más presidencialista de todos los inquilinos de La Moncloa. Todo gira en torno a su persona. Es el Rey Sol sobre el que orbita toda la constelación socialista. Hasta el principal reclamo de la campaña electoral de los socialistas fue la primera letra de su apellido: la Z. La formación del último Ejecutivo lo dejó patente: sus integrantes eran, sobre todo, rendidos admiradores del presidente. En su segundo mandato, repetirá la misma receta.
Todos serán, más que nunca, los hombres (y mujeres, por aquello de la paridad) del presidente. El partido quedará en una segunda fila. Sin peajes que pagar a los barones regionales, a los que sometió a un anticipado expediente de jubilación, volverá a insistir en apuestas personales. Atrás quedaron los tiempos de las deudas. Ya no debe nada a nadie. Tras su segunda victoria, se ha quitado el estigma de presidente accidental., El 9-M le consolidó también entre los suyos. Y, de nuevo, concentrará el poder en muy pocas manos, todas de fieles colaboradores. El paradigma será José Antonio Alonso, el amigo a quien Zapatero reserva la interlocución con unos grupos parlamentarios escaldados con las mentiras del presidente. Todos sabrán que es Zapatero quien habla por boca del nuevo portavoz en el Congreso. Se acabaron los tiempos en los que Rubalcaba tenía capacidad para sacarse conejos de la chistera. Todas las políticas, como la exterior o la territorial, entre otras, se dirigirán desde La Moncloa, y el ministro de Defensa será la correa de transmisión con el Parlamento, a pesar de faltarle facundia o experiencia en las procelosas lides parlamentarias.
La oreja de Zapatero
Toño Alonso se convertirá en la oreja de Zapatero en las cámaras, el encargado de escuchar, y, sobre todo, mimar —algo que López Garrido olvidó— a la oposición. Un tipo incapaz de dar problemas al jefe, o de robarle protagonismo, una habilidad innata en Rubalcaba, de quien se dice que es capaz de propagar un incendio para alumbrarse.
Los otros dos apoyos del presidente quedaron confirmados durante la campaña electoral. Los dos vicepresidentes se quedarán en sus puestos. Reforzado sale Pedro Solbes, que proporcionó media victoria a Zapatero con su paliza a Pizarro en el debate económico de Antena 3. Aniquiló la ilusión popular de convencer a los españoles con el mensaje de que la salida de la crisis no está en las ofertas, sino en la credibilidad de quien las hace. Se le olvidaron los dolores, descubrió la ironía y disfrutó con los vítores, caramelo desconocido para quien carga con la cruz de la antipatía del recaudador de impuestos.
Pero, la nueva aureola del vicepresidente económico no liberará sus manos para conformar a su equipo. Zapatero ya dejó claro, apenas doce horas después de proclamar la nueva victoria electoral, que Solbes puede conformar a su antojo el equipo del Ministerio de Economía, pero que él se reserva el nombramiento de otras carteras del área económica, como Fomento, Trabajo o Industria, ámbito para el que piensa repescar a Miguel Sebastián, su fracasado envite personalista. Otro tanto cabrá esperar de los responsables de los nuevos ministerios que tiene en mente, el de asuntos sociales y el de cambio climático, nueva denominación para un reforzado departamento de medio ambiente.
En cuanto a la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, volverá a echarse a la espalda el gabinete. La derrota en Valencia ha demostrado que le falta tirón electoral. Su popularidad obedece a su incuestionable capacidad de trabajo, siempre pendiente del último detalle, un estajanovismo que libera a Zapatero de las premiosas tareas de despacho para que pueda dedicarse plenamente a la Política.
Como reseñó este pasado lunes Zaplana, los dos vicepresidentes y Alonso son "de lo poco que se ha salvado" del Gobierno. Los únicos, junto al presidente, y un Rubalcaba algo cansado en los últimos meses, que han superado la criba de la opinión pública. Además, los tres tienen algo en común. Son independientes. No tienen militancia en el PSOE. Su único carné político conocido es el de Zapateristas, un documento que cotizará al alza el próximo mes.
Blanco, el control del partido
La otra carta en el póquer de Zapatero es José Blanco, su número dos en la calle Ferraz, a quien ha dado plenos poderes para estibar el partido, y reducirlo de cargas. El resultado le ha confirmado como la mejor pitonisa del oráculo de las encuestas. Tiene el reto de parar la sangría de votos en Madrid y Valencia tras el verano, en donde se preparan sendos congresos regionales.
Sobre este esqueleto, armará Zapatero el primer Gobierno de su segundo mandato. En su faltriquera le quedan pendientes algunos gestos públicos que saldar, como buscar una salida honrosa a Diego López Garrido con un ministerio que jalone una brillante trayectoria parlamentaria. Es uno de los candidatos a la muy solicitada cartera de Justicia, a la que también optan los deseos de Alonso, magistrado de profesión. También debe recuperar a Juan Fernando López Aguilar para la política nacional, de la que salió involuntariamente, o proyectar a Carmè Chacón a mayores cotas políticas.
El movimiento de las fichas demostrará que, pese a que Zapatero lo desmiente, los socialistas tampoco gozan de tanto banquillo. Sobre todo porque los más veteranos, los denominados de la vieja guardia, recelan de un secretario general del PSOE que llegó con la bandera del relevo generacional, pero que ha encontrado en los más antiguos a sus colaboradores preferidos, y a los que podría sumarse Ramón Jáuregui. Son los mejor valorados en las encuestas, sobre todo porque no se han puesto el estado autonómico por montera. Zapatero demuestra que no quiere quien le discuta. El caldo de cultivo perfecto para el mal de La Moncloa.
Carmen Silva, portavoz socialista en el Senado
La jefatura de un grupo parlamentario solía reconocer la veteranía. Se asimilaba con el brazalete de capitán en un equipo de fútbol. Sin embargo, Zapatero optó ayer por otorgar la responsabilidad a una debutante.
María del Carmen Silva, que se estrena en la cámara de próceres como portavoz socialista, da el salto a la política a la que se ha dedicado, en los últimos años, como concejala de urbanismo de Vigo. Era asesora parlamentaria de una de las pocas ministras, Elena Espinosa, que ha cosechado un triunfo como cártel electoral por Orense. Con anterioridad fue diputada, entre 1996 y 2000, por la misma provincia que el secretario de Organización de los socialistas, José Blanco.
José Antonio Alonso, nuevo portavoz socialista en el Congreso
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