La Ley de Igualdad no ha logrado los fines deseados.
Pedro González-Trevijano (rector de la Universidad Rey Juan Carlos)
El acontecimiento más relevante del siglo XX ha sido la justa extensión de los derechos de la mujer —en búsqueda de la ineludible igualdad— y su obligada incorporación —paulatina pero inexorable— a la vida profesional y pública. Y, de forma particular, la consecución del derecho de sufragio y su elección como diputadas en los parlamentos. A tal fin, conmemoramos en su día el esfuerzo de Clara Campoamor con motivo del 75 aniversario del derecho de sufragio femenino en España, con la creación por las Cortes Generales del Premio Mujer y Parlamento Clara Campoamor, al tiempo que se respaldaba la publicación de una sugerente obra, Cuota electoral de mujeres y Derecho Constitucional, de María Luz Martínez Alarcón. Pero no quedaban aquí los deseos de nuestros poderes públicos de impulsar decididamente —al hilo de lo dispuesto en los artículos 9. 2 y 14 de la Constitución— las condiciones de una igualdad real y efectiva. Se aprobaba así una debatida Ley de Igualdad (que disponía que en cada tramo de cinco puestos los candidatos de uno y otro sexo no pueden representar menos del 40%, ni superar el 60%, en las listas electorales) que llegaría a ser impugnada —aunque se confirmaría finalmente su adecuación a la Constitución— ante el Tribunal Constitucional.
Pero la entrada en vigor de la controvertida Ley de Igualdad no ha logrado, y no saben cómo lo siento —pues comparto sus objetivos, aunque discrepe de ciertas medidas— los fines deseados. Los datos son elocuentes: en los comicios del 9 de marzo las mujeres no logran una representación, ni de lejos, paritaria en el Congreso de los Diputados. Los números son elocuentes: el Partido Socialista Obrero Español tendrá tres parlamentarias menos, el Partido Popular sólo ha incrementado dos escaños e Izquierda Unida, ¡la que más!, lo ha hecho en tres. Así que de los 350 miembros del Congreso, 127 serán mujeres (en las primeras elecciones de 1977, éstas fueron 21), mientras, en el Senado las cosas sí han ido algo mejor: se ha pasado de 53 a 66 senadoras.
Y no les digo nada, si se trata de escudriñar —nunca mejor expresado— las mujeres que han encabezado las listas electorales: 13 en el Partido Socialista Obrero Español y 14 en el Partido Popular; y 33, y 15 respectivamente, como números dos. E incluso en cinco provincias, en el caso del Partido Socialista, y 23 en el del Partido Popular, éstas no tenían presencia siquiera en los dos primeros puestos. Y no quedan aquí las insatisfacciones: Esquerra Republicana de Cataluña, Partido Nacionalista Vasco e Izquierda Unida no contarán con mujeres en sus escaños en el Palacio de la carrera de San Jerónimo. Así que la candidatura del Partido Popular al Ayuntamiento de Garachico en el pasado año de 2007 —que fue correctamente declarada nula por incluir exclusivamente mujeres— no pasa de ser una noticia mediática, pero irreal de nuestra vida política. Una situación que es todavía peor en el mundo profesional, donde de los 500 consejeros de las empresas del Ibex 35, sólo 26 son mujeres, ¡mientras las retribuciones de nuestras trabajadoras están un 25% por debajo de las de los hombres!
Queda todavía muchísimo por hacer. La mejor prueba son los porcentajes reseñados, pero también la necesidad de respaldar —y no es una crítica, pero sí la constatación de la realidad— el papel de la mujer en los diferentes ámbitos de la vida social y de la vida profesional. Me refiero, por ejemplo, a las actuales Exposiciones monográficas L´Arte delle donne del Palazzo Reale en Milán, Amazonas del Arte Nuevo de la Fundación Mapfre en Madrid o las instalaciones de José Luis Guerín, Las mujeres que no conocemos, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. O, si nos ponemos más serios, las manifestaciones de las Damas de Blanco Cubanas a favor de la libertad de los presos políticos en La Habana.
En resumidas cuentas, sigue habiendo más tarzanes que amazonas, ¡por más que algunas hayan sido hasta costaleras en los pasos de esta Semana Santa! La película de Tarzán y las intrépidas amazonas (1945) —basada en el cómic de Edgar Rice Burroughs— no se da.
Los johnny weismuller siguen siendo muchísimos más que amazonas.
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