Un mes después del fin de su interinidad, el presidente cubano amaga con reformas en el ámbito económico, pero mantiene la ortodoxia política.
El presidente cubano, Raúl Castro, en una foto de archivo.EFE |
Víctor Cruzado
La avidez con la que los cubanos aguardan la llegada de las esperadas reformas tras el cambio de cara, que no de cromo, al frente del Gobierno del país, se mantienen inalterdas. Más, si cabe, porque después de que tras cumplirse ayer el primer mes con Raúl Castro como preboste máximo del régimen, la vida en la isla mantiene su habitual cadencia: las mismas ocupaciones, similares restricciones, parecidas estrecheces y las anheladas reformas políticas en el limbo de la memoria colectiva, golpeadas por los poderes fácticos del régimen que no han tardado en marcar el territorio y recomendar que nadie espere cambios sustanciales, además de exigir que la sufrida población arrime el hombro.
Los primeros treinta días del hermanísimo como jefe del Estado titular, finalizada la provisionalidad que ejerció en los últimos 18 meses, han supuesto una ligera apertura en diversos aspectos económicos y sociales, aunque las reformas políticas se mantienen bajo siete llaves. Un mes consumido entre las expectativas desatadas tras las palabras del mandatario sobre la necesidad de afrontar cambios estructurales en la isla, que más que una revolución supongan una evolución dentro de la misma, al ritmo pausado del Partido Comunista, que amarra férreamente las bridas del poder.
Los primeros signos de cambio han sido más propagandísticos que efectivos. El anuncio de que los cubanos podrían comprar libremente artículos como microondas, DVD o herramientas, viajar al extranjero y retornar, o acceder libremente a los hoteles reservados para turistas se quedan en meras intenciones, ante la nula capacidad adquisitiva de la población, aunque parece que el lema de “Todos iguales aunque sea en la pobreza” no casa con Raúl, más pragmático que su hermano y que prefiere la eficacia a la igualdad.
Primeras medidas
Por ello, las primeras medidas apuntadas, como la revaluación del peso y la eliminación de la doble moneda —en Cuba convive un peso fuerte, convertible en divisas, con otro para los naturales del país, que vale 24 veces menos—, motivó que muchos se lanzaran a la compra de pesos, lo que fue criticado desde el diario Granma, órgano oficial del partido, quien en un artículo de su director indicó que “algunas personas están a la espera de que el anuncio de determinadas medidas resuelva de por sí, de ahora para ahorita, necesidades domésticas acumuladas”.
En cuanto a la posibilidad de adquirir ordenadores, DVD u otros electrodomésticos, el principal problema se encuentra en la imposibilidad de acceder a los mismos de gran parte de la población, ya que el precio de la terminal más barata equivale al salario de varios años de un profesional, lo que convierte en inviable la compra.
Estas reformas iniciales, complementadas con una pionera liberalización en el terreno agrícola, no pasan de ser un intento de lograr un acercamiento a un modelo similar al chino, cuyo éxito de aplicación en una población con una idiosincracia totalmente distinta y marcada por la proximidad geográfica de Estados Unidos está por demostrarse. Además, no hay que olvidar que Fidel Castro permanece al frente del Partido Comunista, y que desde sus columnas en Granma marca el rumbo de la política de la isla, lo que impide un cambio en profundidad.
Una difícil tesitura que necesita de un mayor margen para implementar los cambios económicos que se adivinan, aunque muy ralentizados, mientras que la apertura de las estructuras del régimen muestra mayores dificultades, pese a los vientos de cambio existentes.
Reformas que no lastren el futuro
El diario Granma enumeró en un artículo titulado “Sería imperdonable que hipotecáramos el futuro”, firmado por su director, Lázaro Barredo, las dificultades para aplicar las reformas esperadas, y las liga a un aumento de la productividad. “El legítimo afán por vivir mejor estará siempre condicionado por el desarrollo económico” que se alcance, por lo que es “imprescindible” que los cubanos aporten más, “con eficiencia y calidad”, indica.
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