Los expertos critican la presión de la industria para acelerar su aprobación.
Imagen de la campaña de Merck para vender su vacuna Gardasil. |
Elisabeth Rosenthal/NYT
En sólo dos años, el cáncer cervical ha pasado de ser un oscuro asesino confinado en su mayor parte en los países pobres a convertirse en la enfermedad de actualidad en Occidente. Decenas de millones de niñas y mujeres jóvenes han sido vacunadas contra la enfermedad tanto en Estados Unidos como en Europa en los dos años posteriores a que se aprobaran las vacunas en muchos países y, en muchas ocasiones, también se recomendara su aplicación universal entre las mujeres de edades comprendidas entre los 11 y los 26 años.
Una de las vacunas, Gardasil, de Merck, está disponible para las niñas más pobres del país, hasta la edad de 18 años, con un coste potencial para el gobierno de Estados Unidos de más de 1.000 millones de dólares; en 24 estados se han presentado propuestas para que la vacuna sea obligatoria para las niñas en las escuelas secundarias, y una de estas propuestas entrará en vigor en Virginia este otoño.
Aunque el Servicio Nacional de Salud Británico —habitualmente 'tacaño'— empezará dando otra vacuna, Cervarix, de GlaxoSmithKline, a todas las niñas de 12 años en la escuela este mes de septiembre.
La veloz transición de vacuna de reciente descubrimiento a inyección obligatoria en EEUU y Europa representa un triunfo de lo que los fabricantes llaman información y sus detractores marketing. Las vacunas, que ofrecen cierta protección contra la infección de virus de transmisión sexual, son mucho más caras que otras anteriores contra otro tipo de enfermedades. El precio de Gardasil es de 360 dólares para la serie de tres dosis, y el coste total normalmente ronda entre los 400 y 1.000 dólares (y, a menudo, sólo está parcialmente cubierto por el seguro médico).
Las vacunas han sido promocionadas por una publicidad que ha recibido varios galardones. Antes de la película Sex and the City, algunos aficionados al cine en Estados Unidos vieron anuncios de Gardasil. En YouTube y en los anuncios que aparecen en programas populares como Law and Order, un equipo multiétnico de jóvenes profesionales urge a las chicas a convertirse en “una menos en las estadísticas” vacunándose.
Poca transparencia
Los fabricantes de la vacuna también han atraído la atención sobre el cáncer cervical a base de proporcionar dinero para las actividades de los grupos de pacientes y mujeres, médicos y expertos en medicina, los lobbies y organizaciones políticas interesados en la enfermedad, a veces de forma que casi bordea las exigencias de transparencia o que ocultan la participación de las compañías.
Hasta los detractores de las iniciativas de márketing reconocen los beneficios de las vacunas. Las niñas vacunadas tienen menos probabilidades de que los tests de Pap tengan resultados preocupantes que llevarían a un futuro tratamiento, ahorrándose ansiedad y angustia y, en esos casos, dinero. Cuando ocurre, el cáncer cervical es una enfermedad temible; los trastornos genitales, en parte prevenidos por la vacuna de Merck, pueden ser muy dolorosos.
Pero algunos expertos están preocupados por las consecuencias del rápido despliegue de las vacunas sin más pruebas médicas sobre cómo realizarlo mejor. Dicen que debido al márketing, hasta los padres de las niñas que están muy lejos de ser sexualmente activas pueden sentirse presionados para administrarles una vacuna que aún no necesitan y cuyos efectos a largo plazo están sin determinar. Las iniciativas legislativas para exigir que las niñas reciban la vacuna no hacen más que añadir presión.
En Estados Unidos, se han contratado cientos de médicos a los que se ha formado para que den charlas sobre Gardasil, a 4.500 dólares por conferencia, y algunos tienen cientos de miles de dólares. Los políticos han sido presionados y se les ha invitado a recepciones para urgirles a legislar contra un asesino global. Y se ha contratado a ex funcionarios estatales para que presionen a sus antiguos colegas.
“Ha habido una presión increíble por parte del sector y de los políticos”, dice el doctor Jon Abramson, un profesor de pediatría en la Wake Forest University que fue presidente del comité de los Centros para la Prevención y Control de la Enfermedad, que recomendó la vacuna para todas las niñas al cumplir los 11 o 12 años.
“Este gran impulso está enloqueciendo a la gente, que piensa que son malos padres si no vacunan a sus hijas”, dice el doctor Abby Lippman, un profesor en la McGill University en Montreal y director de política de la Red de Salud de la Mujer de Canadá. Canadá gastará hasta 300 millones de dólares en un programa de vacunación contra el cáncer cervical.
La vacuna de Merck ha sido estudiada en ensayos clínicos durante cinco años, y la de Glaxo durante casi seis y medio, por eso, todavía no está claro cuánto tiempo dura la protección. Algunos datos de los ensayos clínicos indican que las moléculas inmunes pueden desvanecerse al cabo de entre tres y cinco años. ¿Si una niña de 12 años se vacuna, seguirá protegida hasta la universidad, cuando su riesgo de infección es mayor? ¿O bien será necesario una vacuna de refuerzo?
Efectos secundarios
Algunos expertos están preocupados por los posibles efectos secundarios que han aparecido sólo después de que la vacuna se ha probado más extensamente en períodos más largos. Otros se preguntan por qué esta repentina alarma ante el cáncer cervical en los países desarrollados. El cáncer cervical causa muchas muertes en el mundo en desarrollo, especialmente en África, donde las vacunas son demasiado caras para ser utilizadas, pero está clasificado como muy raro en Occidente debido a las revisiones periódicas preventivas, que detectan células precancerosas de manera lo suficientemente precoz como para que se pueda aplicar un tratamiento efectivo. De hecho, como las vacunas previenen sólo el 70% de los cánceres cervicales, se debe seguir en cualquier caso realizando los estudios de Pap.
“Merck ha presionado a todos los líderes de opinión, grupos de mujeres, sociedades médicas, y políticos y se ha dirigido directamente a la gente, creando un sentimiento de pánico que dicta que tienes que tener la vacuna ya”, dice la doctora Diane Harper, profesora de medicina en Darmouth Medical School. “Como Merck era tan agresivo, se ha ido demasiado deprisa”, dice Harper. “Me gustaría que se hubiera ido mucho más despacio”.
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