Destaca el Wag yu, el famoso buey de Kobe cebado con cerveza y masajes.
Lahera
Piñera es un pequeño pueblo de Asturias, en el que nacieron los hermanos Manuel y Celestino Marrón, propietarios de los restaurantes Urrechu y Don Pelayo. Su nuevo local, que lleva este nombre, es elegante y tiene un salón amplio con zócalos de madera de raíz, que encajan muy bien con la acristalada bodega que sirve de separación de sus dos comedores.
Cuidado hasta en los más mínimos detalles está el servicio de mesa: la mantelería y cubertería de calidad. El restaurante tiene un excelente servicio, al frente del cual está Jorge Dávila, que trabajó en Zalacaín y que es un excelente y reconocido profesional. En la cocina, Chema de Isidro, que ha conseguido una cocina equilibrada que da alas a la cocina burguesa, aligerándola pero sin que ésta pierda sus atractivos. De hecho, la carta está pensada para que, sin renunciar a las sorpresas agradables, el comensal no sufra sobresaltos.
Como aperitivo tomamos un puré de alubias de Tolosa con su crujiente de morcilla, que llamaba la atención por su suavidad. Después, unas croquetas de jamón, cuya farsa se notaba trabajada, fina, y se dejaban ver bien los trocitos.
Dentro de las entradas sobresale un tartar de Sockeye, un excelente salmón cortado a cuchillo, que es como debe ser. La carne debe de mezclarse una vez partida con alcaparras, cebollino, cebolla, yema de huevo, clara y yema, ambas cocidas, y un buen aceite que emulsione la mezcla. El resultado es un magnífico tartar, que a los que no hagan ascos a la carne cruda, les encantará.
Las anchoas en aceite, si son buenas, son un aperitivo importante. Son de Santoña, hermosas y en su punto de sal, y se sirven con un asadillo de pimientos y tostas marinas de calamar que cambian la fisonomía del plato.
Presume el cocinero de sus arroces: negro con chipirones y rape, de verduras baby con romescu, de hongos con ibérico o un meloso de carrileras con ajetes y trigueros. Vale la pena. En arroces hay que ser exigente, y la verdad es que la melosidad que proporciona la carne de la carrillera combina muy bien con el arroz, que debe estar hecho con un buen fondo de carne. No llega al punto ideal, pero tampoco está mal. Le sobran los trigueros, que aportan ese toque de sabor peculiar.
Los platos de carne son llamativos y apetecibles: pichón asado con trompetas negras y cebollitas glaseadas, mollejitas empanadas con cigala y emulsión de calabaza, pluma de ibérico con cebolla roja y ajada oriental, y el que probamos: la cadera de Wag yu con salsa de bourbon. El Wag yu es el famoso buey de Kobe, que tan de moda se ha puesto. Un buey mimado en origen y cebado con cerveza y masajes, al menos en Japón. Su carne es apreciada por su finura y las infiltraciones de grasa, que le proporcionan unas características y una textura y sabor diferentes. Se hace con una salsa de whisky.
Como postre, una crêpe suzette.
RESTAURANTE PIÑERA
C/ Rosario Pino, 12. Madrid.
Tel. 914251425. Abierto todos los días.
Precio aproximado: 60 euros. Bodega: buena.
Relación precio calidad: buena.
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