Nunca llovió a gusto de Alonso. El asturiano arriesgó con la estrategia pero no acertó en la elección de los neumáticos. Al final fue décimo.
El Williams accidentado de Nico Rosberg. |
Carlos Quirós
EN Mónaco, ciudad del lujo y la opulencia, hasta la lluvia es caprichosa. Las precipitaciones, ora por su presencia, ora por su ausencia, marcaron decisivamente el gran premio del Principado hasta tal punto de convertir la carrera en un parte meteorológico al minuto.
Fernando Alonso, que había fiado sus posibilidades a este fenómeno atmosférico, tuvo lo que pedía sólo en parte, durante la primera mitad de la prueba. Cuando el grifo del cielo se cerró, el asturiano rodaba con los neumáticos de lluvia extrema. Como los partes decían que las precipitaciones iban a volver a hacer acto de presencia, el bicampeón se resistió a cambiar. Ya era demasiado tarde cuando finalmente se decidió a hacerlo.
La explicación a la retrasada décima posición de Alonso se resume en las dos paradas que tuvo que hacer en seis vueltas, entre los giros ocho y 14. Primero, perdió una rueda tras un pequeño choque con el lateral del angosto trazado monegasco. En ese momento, el asfalto era un piscina y el asturiano decidió montar los neumáticos de lluvia. Poco después, se tocó con Heidfeld en un intento desesperado por rebasar al alemán. El resultado: otra vez a boxes, y la condena al olvido de la carrera.
Batallador
Mientras en la cabeza Hamilton se colaba entre los Ferrari para conseguir un gran triunfo, Alonso se veía obligado a batallar desde la cola. Con sus ruedas de lluvia, el de Renault imploraba más precipitaciones.
Pero pese a que las previsiones dictaban agua, la pista se iba secando, lastrando las opciones de Alonso. Lejos de resignarse, el bicampeón mantuvo su agresiva estrategia montando neumáticos de seco. Aunque quedaba mucha carrera por delante, todas sus opciones quedaron agotadas. Lo único que pudo hacer fue remontar ocho posiciones en un testimonio de dignidad como piloto.
Quien sí acertó con la estrategia fue Hamilton. Así es de delgada la línea que separa la victoria de la nada en Mónaco. El de McLaren ya apuntó maneras en la salida, cuando ganó la partida a Raikkonen y se puso en la estela de Massa. Supo sobreponerse a la tempranera pérdida de un neumático en la vuelta seis, pero el premio que se ha llevado compensa con creces cualquier penuria: el liderato del Mundial.
El BMW de Robert Kubica y el Ferrari de Felipe Massa completaron el podio. Jornada aciaga para Kimi Raikkonen, que desde su noveno puesto tuvo que ver cómo le arrebataban la cabeza del campeonato.
La decisiva lluvia
Todos los pilotos basaban su estrategia en los partes meteorológicos, por lo que acertar con las previsiones prácticamente aseguraba el éxito en la carrera. No lo hizo Renault, que montó los neumáticos de lluvia extrema en el coche de Alonso cuando, poco después, dejó de llover. A medida que el asfalto se iba secando, las opciones del español se reducían. Cuando quiso volver a montar los de seco, ya era demasiado tarde para remontar. Hubo pilotos, como Massa, que calzaron los intermedios por la incertidumbre. Un error de frenada le dejó sin victoria.
Salidas y choques
En lo que no fallaron los pronósticos fue en que el de Mónaco iba a ser un gran premio muy accidentado. Toques entre monoplazas, salidas de pista, pasadas de frenada, alerones rotos, ruedas que se quedan en el camino y grandes colisiones. Hubo de todo. Ni siquiera el vencedor se libró de los percances. No fue tan exagerado como en 1996, año en el que sólo pudieron acabar tres, pero hubo seis abandonos: Bourdais, Coulthard, Fisichella, Piquet y Rosberg.
Tráfico lento
La especial configuración del trazado de Mónaco, el circuito más estrecho del Mundial, hace de los adelantamientos una misión imposible. Si a esa circunstancia se le añade una carrera con lluvia y un par de apariciones del coche de seguridad, el resultado es una lenta caravana de coches de 700 cavallos. Así, se llegó al tiempo tope de una carrera (dos horas), por lo que ésta finalizó antes de completar las 78 vueltas reglamentarias.
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