Los choques entre la policía y estudiantes provocaron al menos tres muertos y cientos de heridos
Un grupo de jóvenes se enfrenta a la policía en Sucre. |
Sucre (Bolivia). La mayoría oficialista de la Asamblea Constituyente boliviana aprobó ayer, en un cuartel militar, a mano alzada y en ausencia de la oposición, el proyecto de Constitución del presidente Evo Morales, en medio de fuertes disturbios que provocaron al menos tres y más de 100 heridos.
La presidenta de la Asamblea, la campesina quechua Silvia Lazarte, designada por Morales, anunció la aprobación de la Carta Magna en primer debate por 136 de los 138 constituyentes presentes, de los 255 elegidos en julio de 2006, a tan sólo tres semanas de que venciese la prórroga fijada en agosto para entregar la Constitución.
La oposición y algunos líderes regionales rechazaron de inmediato el texto constitucional y argumentaron que se ignoró a medio país y fue aprobado "bajo fusiles" y con "sangre en las calles".
El ex presidente conservador Jorge Quiroga (2001-1002) calificó de "vergonzosa teatralización" la sesión que protagonizaron los fieles de Morales en la Asamblea y acusó al presidente de "degollar" la democracia boliviana con ayuda y dinero de su amigo venezolano, Hugo Chávez. En declaraciones a Efe, el líder del partido Poder Democrático y Social (Podemos) aseguró que Bolivia "no va a aceptar una nueva Constitución a punta de fusiles y bayonetas".
Déficit de legitimidad
Analistas, diplomáticos y varios medios de comunicación destacaron que la Constitución nació herida de muerte, en medio de disturbios, y que dificilmente superará su déficit de legitimidad.
Los sucrenses y la oposición han calificado de ilegal la reunión oficialista por celebrarse en un cuartel militar, por violar supuestamente el reglamento y por la agenda programada, que no incluyó las aspiraciones de Sucre de ser sede de todos los poderes estatales en detrimento de La Paz.
Lo más grave, sin embargo, han sido los disturbios registrados en los alrededores del cuartel donde se reunieron los asambleístas, que se saldaron con la muerte de al menos dos manifestantes, el linchamiento de un policia, y con otros 130 heridos, la mayoría estudiantes, en choques con la policía.
Tras conocerse la muerte del primer joven, el abogado de 29 años Gonzalo Durán, que falleció por herida de bala, el Gobernador regional, David Sánchez, pidió a los asambleístas que suspendieran la deliberación y evitaran más muertos, aunque su solicitud fue rechazada. Minutos después, el oficialismo votó a favor de la Carta Magna con la que Morales promete "refundar Bolivia".
El Gobierno lamentó la muerte de este joven en Sucre y pidió una investigación imparcial para determinar responsabilidades, después de que varios portavoces del Ejecutivo inisistieron en que "por ninguna razón se instruyó a la Policía el uso de armas de fuego". Mientras, el viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, Sacha Llorenti, responsabilizó de la violencia a la ultraderecha liderada por el ex presidente Quiroga.
BOLIVIA FRACTURADA
Rafael Moreno Izquierdo
Una Constitución es la biblia laica de un país. Su misión consiste en actuar de guía en los momentos difíciles y confusos. Servir de exponente del consenso y de reflexión en voz alta sobre los valores compartidos de una sociedad y, en cierta manera, de su madurez. Sin ella, el pueblo y sus dirigentes carecen de referencia. Eso le pasa a Bolivia. Evo Morales quiere utilizarla para refundar el país y resaltar su realidad indígena. Pero el efecto que está produciendo es el contrario. La división y la fractura. Una nación debe saber quién es y qué quiere ser antes de escribir una Carta Magna que lo refleje. Bolivia aún no lo sabe.
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