Nuestro país ya es el tercero que más cardenales tiene
El Papa impone el birrete a Lluis Martinez Sistach. REUTERS |
Paloma Gómez Borrero.
Enviada especial a Roma. Ayer en la Basílica de San Pedro, Benedicto XVI entregó el anillo, regalo personal del Papa a cada uno de los 23 nuevos cardenales a los que impuso el birrete rojo como símbolo del cardenalato y les asignó una Iglesia de Roma. Al arzobispo de Barcelona, el cardenal Lluis Martinez Sistach, le otorgó la Basílica menor de San Sebastián, en las catacumbas del Appia Antigua; al arzobispo de Valencia, Don Agustín García Gasco, la centralísima San Marcelo, en vía del Corso, y al jesuita, Padre Urbano Navarrete, el título de la diaconía de San Ponciano.
Con la entrega del anillo durante la solemne Misa, concelebrada por el Santo Padre con los nuevos miembros del Senado de la Iglesia, concluyeron los ritos del consistorio, un acto que ha sido "memorable" para la Iglesia española, y que se convirtió en el broche de este acontecimiento eclesial en el que, signo de estima y afecto, Benedicto XVI ha creado nada más y nada menos que tres prelados de España.
En la homilía del sábado, el Sumo Pontífice les exhortó “a ser apóstoles de Dios que es amor, testigos de esperanza evangelica”. Con palabras muy bellas y muy claras afirmó "que la verdadera grandeza cristiana no es la de dominar, sino la de servir; no es la búsqueda del poder, sino el darse humildemente por el bien de la Iglesia".
El Papa tuvo también palabras de profundo cariño por el Patriarca de la Iglesia caldea al llamarle a formar parte del Sacro Colegio. Quiso expresar en modo concreto su cercanía espiritual por la martirizada comunidad iraquí y reafirmar la solidaridad de la Iglesia "hacia los cristianos que sufren". En la Basílica asistieron, tanto el sábado como ayer domingo, miles de fieles llegados de las 12 naciones de los nuevos cardenales y delegaciones oficiales. La española, en representación del ejecutivo de Zapatero, la encabezó la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, y estuvieron presentes asimismo presidentes y alcaldes de las comunidades de nuestros tres nuevos cardenales: Cataluña, Valencia y Aragón.
Cena en su honor
El colofón "español" de la jornada tuvo lugar en nuestra Embajada ante la Santa Sede, donde la vicepresidenta ofreció una cena en honor de los tres cardenales españoles, y a la que asistieron numerosos miembros de la Conferencia Episcopal y, por parte vaticana, el ministro de Exteriores, monseñor Mamberty.
Fernández de la Vega, que por la mañana se había entrevistado con el cardenal Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, inició el brindis en latín. Con la frase de San Agustín, que dice "en lo esencial, unidad; en la duda, libertad, y en todo caridad", definió los principios básicos para regir las buenas relaciones entre Iglesia y Estado. Fue un discurso brillante, afectuoso, en el que manifestó la alegría del Gobierno y de la ciudadanía española por los tres nuevos cardenales. Habló de la libertad y del respeto, que son "el anverso y el reverso de la moneda que han acuñado Iglesia y Estado a lo largo de todos estos años de democracia, y que es expresión de la lealtad entre ambas Instituciones".
En nombre de los tres agasajados, habló el cardenal García Gasco, que en un brevísimo discurso subrayó que "la sociedad europea y española no tienen futuro si se cierran al amor de Dios", y que para hacer frente a la violencia y a las injusticias del mundo, "el gran baluarte para defender la dignidad del hombre es el Evangelio de Cristo y su mensaje de salvación, la mejor garantía de libertad". El cardenal arzobispo de Valencia concluyó levantando su copa para brindar por Benedicto XVI y por el Rey Don Juan Carlos.
Ayer, de nuevo en la Basílica de San Pedro, el Papa explicó el significado de la entrega del anillo y afirmó que en él está representada la Cruxifixión de Cristo, para que sea siempre "una invitación que os recuerde que sois servidores de Cristo Rey y venzáis el pecado y la muerte con la fuerza de la divina misericordia". "El anillo os compromete, si es necesario, a dar la vida por la Iglesia", destacó un Papa que terminó su discurso con el saludo de paz en hebreo, Shalom, el saludo de la tierra donde nació Jesús, y llamó por la paz en Tierra Santa.
Después, durante el rezo del Ángelus, Benedicto XVI hizo un llamamiento pidiendo unión a todos los cristianos. Y también hubo oraciones para encontrar una solución justa "y definitiva al conflicto que desde hace 60 años ensangrienta esa amada región", en referencia a las desaveniencias que mantienen Israel y Palestina. El Papa pidió a Dios que "otorgue prudencia y valor a los protagonistas de las negociaciones", que tendrán lugar en Annapolis este martes.
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