El famoso archipiélago del Atlántico Norte atrapará a los amantesde la naturaleza.
J. Martínez/ Gulliveria
No hay parte meteorológico en el que no se mencionen las Azores. Estas nueve islas volcánicas se sitúan en el Atlántico Norte, a 1.200 kilómetros de la costa oeste de Portugal. Podemas dividirlas en tres grupos: Corvo (18 km²) y Flores (148 km²) en el Occidente; Pico (430 km²), Faial (165 km²), Terceira (545 km²), Sao Jorge (104 km²) y Graciosa (46 km²) en el centro y la capital San Miguel (770 km²) y Santa María (74 km²) en el Oriente.
Fueron colonizadas por los portugueses a mediados del siglo XV y, desde entonces, pueden considerarse como un rincón apartado.
La estratégica ubicación de las Azores hace que posean un magnífico acervo cultural. La tradición oral dice que las islas deben su nombre a su descubridor Diego de Silvas, un navegante que, conmocionado con los halcones (azores en portugués) que frecuentaban la zona, no le quedó más remedio que otorgarle a las islas su nombre. Sin embargo, según los expertos, el ecosistema de las islas en ningún caso hubiese tolerado la presencia de tanta ave rapaz. Más bien, parece que el nombre de las islas obedece al “azzure” italiano, es decir, azul. Este nombre venía utilizándose desde la baja Edad Media por ser el color más destacado cuando se divisaban los islotes desde los barcos.
Antes de esa época, fueron muchos otros los que ocuparon las islas, como evidencian los hallazgos de una estatua ecuestre en piedra en la isla de Cano, monedas cartaginesas y grecocirenaicas, inscripciones en Terceira... Si bien, fue en la Edad Media cuando comenzaron las leyendas de islas mágicas y fascinantes en el archipiélago: Antilla, Atlántida, San Brandan, Brasil, Azuis...
No obstante, cuando por primera vez llegaron los portugueses a las islas, encontraron el lugar despoblado. En 1420, Velho de Cabra Y Diego de Silva, se topan oficialmente con las islas, colonizándose a partir de 1439 con ciudadanos del Alentejo y el Algarve. Después llegarían los colonos de Francia y Flandes, buscando plata y estaño. Al no hallarlo optaron por dedicarse al trigo, el pastel y a los colorantes vegetales que exportaban a Flandes e Inglaterra. Estas actividades proporcionaron mucha riqueza a la zona, que era además un punto de paso obligado en la ruta de regreso de los barcos españolas repletos de metales preciados, (lo que atrajo consecuentemente a toda la piratería habida y por haber).
Felipe II —durante la anexión española, las Azores opusieron una férrea resistencia— envió un contingente para hacer frente tanto a los corsarios como a la dura competencia de los comerciantes franceses. A pesar de todo, Faial fue saqueada varias veces durante los siglos XVI Y XVII, desgracia que se sumó a la erupción del volcán Cabeço de Fogo, y a los terremotos posteriores.
En el XVIII, llegaron a la isla balleneros americanos que se hicieron con la pujante industria ballenera; otro sector en expansión durante esa época fue el cultivo de la naranja -hasta que una micosis echó a perder todas las plantaciones-. En 1820, durante la guerra civil, las islas jugarían un papel crucial; en 1829, los liberales vencieron a los absolutitas en Vila de Praia, pasando así a ser Terceira el lugar donde se establecería el Consejo de Regencia de María II. La capital de esta isla, Angra do Heroismo, lleva este nombre por deseo de Pedro IV, en homenaje a la isla, por su heroísmo y lucha frente a los ataques externos y a la resistencia al rey absolutista Miguel.
Ya en 1900 las Azores, destacaron porque se convirtieron, gracias al cable telegráfico que las unía con Canadá, en el nexo entre los dos continentes, lo que evidentemente propició que muchas empresas de comunicaciones se asentaran en la zona. Posteriormente, y desde 1976, las Azores son consideradas como Región Autónoma.
Las Azores es un lugar ideal para conocer de primera mano la relación entre el hombre y el mar, con unos invitados de excepción: los animales marinos que nos acompañan en nuestras aventuras.
En la Isla de Pico podemos ver de de cerca la historia de los balleneros y el mar en el “Museu dos Baleeiros”, un museo etnográfico que muestra la vida de las ballenas y sus cazadores a través de varias exposiciones temáticas, destacando una en la que podemos ver diversos objetos de caza (prohibida desde 1987) así como fósiles de ballenas. Pero si queremos conocer la leyenda de estos enormes mamíferos, lo mejor es montar en una lancha Zodiac, conducida por expertos pilotos, que enseñan los hábitos de las ballenas y ya en mar adentro y con un poco de suerte y buen tiempo podemos ver también delfines haciendo bonitas piruetas en el agua, tortugas y algún que otro cachalote saliendo a respirar, falsas orcas, delfines mulares, rorcuales comunes e incluso la ballena azul-el mayor pelágico de la tierra.
El viaje a las Azores es especialmente atractivo para los amantes de la aventura y las emociones fuertes, un universo de sensaciones con la ilusión de estar dentro de un acuario natural en pleno Océano, la temperatura del agua oscila entre los 16 ºC y 22 ºC con una visibilidad de hasta 30 metros y unos accidentes geográficos que permiten practicar todo tipo de inmersiones - en corriente, en grutas de origen volcánico, en pared- por eso el archipiélago de las Azores se ha convertido en uno de los más grandes descubrimientos para los practicantes del submarinismo, donde admirar los impresionantes bancos de atún de aleta amarilla, que acuden hasta aquí para alimentarse de los grandes bancos de sardinas, palometas, bonitos, jureles, barracudas, morenas y peces ballesta, que habitan y se mueven en esta agua limpias y azules del Oceano Atlantico.
Los lugares más importantes de submarismo se encuentran ubicados en la Isla de San Miguel, en la zona de Caloura y en Villa Franca do Campo. y destacan principalmente dos zonas para la inmersión: Ponta da Galera (con grutas en las que hay que tener especial cuidado de no perderse) y Villa Franca do Campo (con preciosos paisajes submarinos en los que se pueden observar importantes crustáceos, como las cigarras de mar.
En la isla de Faial destacan tres puntos: Porto Pin (en los fondos de la factoría ballenera se pueden ver curiosidades tales como balleneras hundidas, huesos de ballena bajo la arena…), Monte da Guía (un lugar aconsejado para esos días en los que el viento no acompañe) y Baixa do Norte (considerada como la mejor zona de inmersión de la isla ya que es una zona de tránsito de los grandes pelágicos que desearian ver todos los practicantes submarinistas), además hay clubes náuticos en ocho de las nueve islas de Azores (no hay en Corvo) que disponen de equipos para la práctica del submarinismo.
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