Los platos de la carta están impregnados de todos los aceites que elabora La Boella.
El comedor es espacioso y acogedor, lleno de pequeños detalles y con ventanales al viñedo. |
No se puede pedir más mediterraneidad. El complejo La Boella está situado a escasos kilómetros de la costa del Mare Nostrum en Tarragona. Se accede a él por un amplio camino bordeado de cipreses que lo divide en dos: los campos de olivos y los de viñedo. Compone pues una imagen plástica de lo mediterráneo. El complejo cuenta con instalaciones dedicadas a convenciones y ahora remata las obras de un moderno y reducido hotel spa. La joya es un edificio del siglo XII que da nombre a todo el complejo, refugio medieval de una orden religiosa. Aprovechando un bello jardín toscano y las instalaciones de la antigua bodega, se ha remozado este espacio para albergar un restaurante que toma el nombre de Fortuny en memoria del que fuera escenógrafo y figurinista de espectáculos teatrales y operísticos.
En la cocina está Manuel Ramírez, un joven con ingenio y que sabe cultivarlo en la cocina. Cada día se ofrece un menú degustación en el que rotan algunos platos. Su cocina está impregnada del aire mediterráneo y en ella emplea los distintos tipos de aceite que La Boella elabora. No es extraño, por tanto, que el primer plato consista en una curiosidad: la aceituna verde líquida.
La ensalada de pepinos con berberechos y huevas de arenque juega con el equilibrio de sabores obteniendo como resultado un refrescante plato con sabor marino. Sucede lo mismo con las sardinas marinadas con escalibada, escarola y polvo de aceitunas negras. Ese toque marinero se complementa con el chipirón de playa con ajo y perejil, unas chantarelas y gamba roja de Tarragona . En este caos se busca la novedad en las reminiscencias de la coquinaria marinera del lugar. Estas últimas están presentes en una mayonesa que acompaña un rape con arroz cremoso y crema de marisco. En todos los platos hay un equilibrio nada fácil de obtener y un esmerado gusto por el detalle a la hora de emplatar. Para el plato de carne, Ramírez se decanta por la ternera gallega combinada con setas, crujiente de polenta y puré de tupinanbur. Es una cocina cuidada, mimada, hecha con profesionalidad y gusto. También en la repostería se ve la mano de un cocinero sensible al elaborar un granizado de limón con Chartreuse verde y amarillo (licor que durante años los monjes cluniacenses elaboraron en Tarragona), que lleva también compota de plátano.
El servicio de la mano de un maître riguroso como Amalio Merino denota categoría y estilo y la labor de la sumiller Roser Virgili es contagiosa al vender las casi 500 etiquetas que su celler alberga.
La Boella Espai Fortuny
Carretera T km. 11 La Canonja (Tarragona). Salida 34 Autopista AP 7(Barcelona-Valencia). Tel: 97 777 15 15. Cierre semanal: domingos y lunes. Precio aprox: 70 euros. Relación calidad-precio: buena. Bodega: muy buenaEl comedor es espacioso y acogedor, lleno de pequeños detalles y con ventanales al viñedo. En la cocina está Manuel Ramírez, un joven andaluz prendado de Cataluña.
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