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27/12/2007 23:02   



El diagnóstico precoz del alzheimer, esperanzadora línea de investigación

Los científicos avanzan en la detección de la enfermedad antes de que el cerebro falle.

El diagnóstico precoz del alzheimer, esperanzadora línea de investigación
Aula de ejercicios para enfermos de alzheimer. EFE

Denise Grady/NYT

Nueva York. Para ser una mujer perfectamente sana, Dianne Kerley se ha sometido a unas cuantas pruebas médicas en los últimos años: escáner de su cerebro, dos punciones lumbares y horas de test de memoria.

A sus 52 años, Kerley ha pasado buena parte de su vida entre las sombras de una enfermedad que va destruyendo gradualmente la memoria, la personalidad y la habilidad para pensar, hablar y vivir de forma independiente. Su madre, su abuela y su tía abuela materna desarrollaron la enfermedad de alzheimer. La primera, de 78 años, está atendida en una residencia en un avanzado estado de demencia, indefensión y escasa capacidad de recibir estímulos externos. “Está en su propio purgatorio”, dice su hija.

Kerley forma parte de una  ambiciosa investigación científica que trata de hallar formas de detectar la cruel enfermedad en el estadio más temprano posible. Aunque el alzheimer puede parecer una tragedia que golpea de pronto en la vejez, algunos científicos empiezan a pensar que arranca mucho antes de que la mente comience a fallar.

“La enfermedad de alzheimer podría ser una condición crónica que presenta cambios a partir de la mediana edad e incluso antes”, afirma el doctor John C. Morris, director del Centro de Investigación de la Enfermedad de Alzheimer de la Universidad de Washington en Sant Louis, para cuyos estudios Diane Kerley es voluntaria.

Actualmente, el diagnóstico no se hace hasta que se desarrollan los síntomas y, para entonces, puede que sea demasiado tarde para rescatar el cerebro. Los fármacos que se emplean hoy en día mitigan algunos síntomas, pero no pueden parar la enfermedad que subyace tras ellos.

Por eso, son muchos los científicos que consideran que la gran esperanza, quizá la única, está en la detección precoz del mal y en el desarrollo de medicamentos que la detengan antes de que el daño cerebral sea masivo. Aun más, su aspiración es poder intervenir todavía más pronto, identificando los factores de riesgo y tratando a los pacientes de forma preventiva: la misma estrategia que ha conseguido reducir significativamente las cifras de víctimas mortales de enfermedades cardiacas, infartos y cáncer.

Investigaciones
Hoy día no hay fórmulas probadas, ningún test genético definitivo, para la detección precoz de la forma más común del alzheimer, que se presenta después de los 65 años. Pero hay un tinte llamado PIB que ha hecho posible encontrar depósitos de amiloide, una proteína relacionada con la enfermedad, en el cerebro de humanos vivos. Esto podría permitir el diagnóstico temprano, puesto que ayudaría a los doctores a distinguir el alzheimer de otros tipos de demencia.

Otros experimentos están en el camino de descubrir si los fármacos y vacunas pueden eliminar la amiloide del cerebro o prevenir su acumulación y, en caso afirmativo, si esto ayudaría a los pacientes. Los nuevos fármacos, a diferencia de los que están disponibles en la actualidad, tienen la posibilidad de parar o ralentizar el proceso de la enfermedad. Como mínimo,  todos estos estudios serían la primera prueba real de la teoría del alzheimer que culpa a la amiloide de desencadenar una serie de acontecimientos que acaban arruinando el cerebro.

Dennis J. Selkoe, profesor de enfermedades neurológicas en Harvard, considera que, al igual que reducir los niveles de colesterol puede prevenir las enfermedades cardiacas, reducir la beta-amiloide podría prevenir o ralentizar el avance del alzheimer, especialmente en fase temprana.

Los científicos están especialmente interesados en estudiar a personas como Dianne Kerley, ya que los hijos de pacientes con alzheimer tienen un elevado riesgo de sufrir demencia, y rastrear sus cerebros puede abrir una ventana hacia los estadios más tempranos de la enfermedad.
Kerley, profesora de educación especial, ya se ha ofrecido voluntaria para varios estudios, incluido uno que usa ese nuevo tinte PIB que se pega a los depósitos de amiloide en el cerebro. “Quiero hacer cualquier cosa para ayudar a encontrar una cura o una manera de identificar antes esta enfermedad”, explica Kerley. “Tenemos que parar esto. No sé si ayudará a mi generación, pero sí a la de mi hijo”.

Cambio de personalidad
En el fondo, Kerley sospecha que la enfermedad de su madre comenzó tiempo antes, años, quizá décadas, de su diagnóstico oficial en 2001, e incluso antes del oficioso en 1995. Dianne se pregunta si tal vez esto podría explicar, al menos en parte, la difícil personalidad de su madre y su falta de interés en la educación y la lectura.

Pero, ¿cuándo comienza el alzheimer? La pregunta obsesiona a las familias y cautiva a los científicos. Nadie sabe si el alzheimer —que fue detectado por primera vez, hace un siglo, cien años en los que la ciencia no ha sido capaz de cambiar el curso de la enfermedad— afecta a la capacidad de pensar, al estado de ánimo o la personalidad antes de que el cerebro empiece a fallar. Los investigadores creen que éste, como otros órganos vitales, tiene una enorme reserva de capacidades que pueden, al menos durante un tiempo, esconder el hecho de que la enfermedad va, con paso firme, destruyéndolo.

Consulte aquí el artículo completo del New York Times




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