Los vecinos de Beneixida, donde se ha empadronado Fernández de la Vega, aseguran que no la han visto por allí.
L'Hort de Reig, la vivienda en la que se ha empadronado De la Vega. La casa era propiedad de sus... |
Pilar Tamayo
Valencia. Manuela Fogués, Vicent Llopis, Francisca Domenech, Nieves López, Consuelo Mompó, Paco Sanchís… Forman parte de los 636 vecinos de Beneixida, la localidad valenciana elegida por la vicepresidenta del Gobierno para su polémico y repentino empadronamiento electoral. Según el PP, una justificación para encabezar la lista socialista por Valencia. Llegamos a las diez y media de la mañana de un viernes de precampaña y convertimos a María Teresa Fernández De la Vega en la estrella del puesto de verduras pegado al centro de salud. A la vice sólo la conocen sus caseros.
Heredó, junto a su hermano y sus primos, L’Hort de Reig, la centenaria finca de naranjos más grande del municipio del Valle de Cárcer. Fallecidos sus abuelos y sus padres, vendieron todo, salvo la superficie donde se levantan las palmeras y una casa blanca, con cuatro habitaciones y un par de comedores, en medio del polígono industrial y con vistas a la autovía.
La octogenaria Manuela Fogués vivió en L’Hort de Reig. Hija del casero de los abuelos de la candidata socialista por Valencia, nunca la vio ni por allí ni por el pueblo. Los naranjos conviertieron a los Reig en una familia boyante hasta el punto que la abuela de la vicepresidenta tenía un chófer para hacer la compra en un municipio aledaño, Villanueva de Castellón.
Francisca Domenech es de la quinta de Fernández De la Vega. Ni ha coincidido ni ha oído hablar de ella entre las niñas de su generación. Nunca jugó en la plaza del municipio: “Tenía otro nivel de vida. Han sido siempre muy ricos”. Consuelo Mompó únicamente se ha encontrado con la socialista en la pequeña pantalla, como Nieves López. Esta vecina distingue entre los padres de la política, “unas bellísimas personas”, y De la Vega: “No ha hecho nada por Valencia. Nunca ha querido venir al pueblo”. Todo lo contrario que su madre, quien a sus 80 años, todavía se bañaba en la piscina municipal, como una vecina más.
Paco Sanchís trabajó la tierra de L’Hort de Reig, donde descubrió una niña, la hoy vicepresidenta, “áspera, que no saludaba a sus empleados. No tenía ningún amigo y era muy introspectiva”. Todo lo contrario que sus tíos y primos, dueños de una empresa de chocolates en Játiva. También en el puesto de verduras coincidimos con los únicos conocidos de De la Vega: Lola Ortiz, mujer del casero que le enseñó a ir en bici, y madre de sus caseros actuales.
Este escaso arraigo con Valencia lo está explotando el PP. De la Vega está incómoda. “Hubiera estado encantada de ir por otra ciudad ”, advierte Miguel Zorío, director de Lobby Comunicación. Añade: “Los populares han valencianizado la campaña y ella busca una derrota elegante”.
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