La TAC de Cataluña, en Barcelona, es la única asociación de televidentes de las 15 de toda España que está profesionalizada.
Protagonistas de la serie Sin tetas no hay paraíso. TELECINCO |
Santiago Gimeno.
Madrid. Sin tetas no hay paraíso (Telecinco). Así se llama el último invento televisivo que ha abierto la caja de los truenos. Sólo una semana después de emitir su primer episodio —ya van tres y todos han superado el 20% de share—, el Ayuntamiento de las Palmas solicitó su retirada por promover “estereotipos denigrantes para la mujer”. Hubo que esperar una semana más para que se sumara a la queja del cabildo Telespectadores Asociados de Cataluña (TAC). Ésta es sólo una de las 15 asociaciones de televidentes que hay en España, cuyo trabajo consiste —aunque no sólo— en denunciar programas que no sean recomendables.
País Vasco, Zaragoza, Murcia o Albacete son algunos de los lugares donde operan estas entidades. “Todas somos gremios de voluntariado, casi ONG. Las de Madrid y Barcelona son las más importantes”, dice un miembro de la ATEA, la asociación de televidentes en Sevilla, una formación que se reúne una vez por semana y que no cuenta con más de cuatro o cinco personas.
La capacidad operativa y las funciones son lo primero que diferencian a estas sociedades, en realidad asociaciones de consumidores. La TAC es la única del sector que está profesionalizada, y por sí sola aúna 17.000 de los 50.000 socios que existen en nuestro país.
“Las cadenas nos critican y afirman que si por nosotros fuera sólo se emitirían en televisión Pocoyoó y Los Lunnis. Eso es una acusación sofista. Denunciar no es lo único que hacemos, pero es una medida necesaria para que la gente conozca sus derechos frente a la pantalla”, insiste la TAC. Y no es para menos. España es el único país europeo que carece de Consejo Audiovisual Estatal, una laguna que se traduce en que el Ministerio de Industria no impone multas a las cadenas a no ser que sea por exceso publicitario. “Tendría que existir uno a nivel nacional y apolítico”, matiza la TAC.
Pero los espectadores también tienen parte de culpa. No son conscientes de que lo que ven por televisión es un producto y se caracterizan por su conformismo. La mayoría, incluso, desconoce la existencia de esta clase de asociaciones, un comportamiento paradójico si se tiene en cuenta que cada español vio 223 minutos de televisión al día en 2007. “El problema es que nadie se pone enfermo si ve Aquí hay tomate, cosa que sí sucede si ingerimos un yogur en mal estado”.
La relación entre asociaciones y cadenas es el cuento de nunca acabar. Las primeras critican a las televisiones por el uso fraudulento que le dan al sexo y a la violencia, y las segundas acusan a las asociaciones de buscar notoriedad en los medios.
Sin tetas no hay paraíso ha suscitado muchas críticas durante las últimas semanas pero, a pesar de todo, sigue en antena. Podría pensarse que el trabajo de las asociaciones de telespectadores es baldío, pero, desde la TAC, afirman lo contrario: “Llevamos meses luchando por este tema. La idea original de Telecinco era emitir esta serie en lugar de Yo soy Bea, a las 17 horas".
La verdad, sin embargo, es que el poder de estas asociaciones es limitado. Lo máximo que pueden llegar a hacer es evitar que productos no aptos se emitan en horario de protección —ya pasó con los resúmenes del reality Libertad vigilada (Antena 3)—. Pero las cadenas cometen fraude de ley una y otra vez: incumplen el Código de Autorregulación Sobre Contenidos Televisivos e Infancia, no lo dan a conocer en horario de máxima audiencia —como prometieron— y evitan las clasificaciones por edad para poder emitir espacios como los culebrones.
"Vivimos en la era del móvil y del MP3, pero eso no impide que la gente desconozca sus derechos frente al televisor", lamenta la TAC.
"Contribuiremos a crear una televisión de calidad"
Las asociaciones de telespectadores han hecho los deberes.
A partir de ahora propondrán ideas para crear una televisión de calidad, y así evitarán la crítica más empleada por las cadenas: que sólo se dedican a atacar sus programas.
La antigua Fiatir (Federación Ibérica de Telespectadores y Radioyentes) se convirtió a mediados de este mes en Icmedia, una iniciativa que no sólo pretende "dar una nueva imagen de marca a esta clase de asociaciones", sino además "crear un fondo común de ideas y proyectos entre ellas e incentivar a las cadenas cuando promocionen programas que destaquen por su calidad", dice Ana Muñoz, directora de comunicación de Icmedia.
"Los objetivos perseguidos serán los mismos que con Fiatir, pero atendiendo sobre todo a la profesionalización del sector". Para ello, prosigue Muñoz, "Icmedia reúne periódicamente a todas las asociaciones y está buscando financiación en diferentes fundaciones, empresas y particulares".
Telespectadores Asociados de Cataluña, la única asociación profesionalizada, es la que lleva la batuta de este entramado tan irregular. Por supuesto que denuncia casos como el de Sin tetas no hay paraíso (Telecinco), pero también desarrolla proyectos educativos en más de 150 escuelas españolas, enseña lenguaje audiovisual a los más pequeños e informa a alumnos de secundaria sobre sensacionalismo.
El deseo de Icmedia es emular el trabajo de la TAC y expandirlo por toda España.
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