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miércoles, 3 de diciembre de 2008 Última actualización: 23:50:07



    792 de 1946 en Columnistas
29/04/2008 18:20   




Todo el monte es orégano

La mala pedagogía del Gobierno y gobernados ha rendido ya frutos preocupantes.

FÉLIX Lobo, director de la Agencia de Seguridad Alimentaria, se ha negado a suministrar la lista de empresas que expenden aceite de girasol contaminado con el argumento peregrino de que él no está para decirle a la prensa lo que a la última no le conviene saber. Escuché el otro día al señor Lobo por la radio, y comprobé que gasta el acento petulante, levemente nasal, y un poco recortado, de las clases medias/altas encantadas de conocerse a sí mismas. No me extrañaría que fuese el benjamín de una familia compuesta casi exclusivamente de hermanas, con dos o tres farmacias en el casco urbano de Madrid o un padre que acaba de jubilarse como registrador de la propiedad en Alcobendas o Majadahonda. Que sea cargo con un Gobierno socialista, resultaría imputable a la asombrosa capacidad de adaptación de las clases conservadoras, sobre todo de la mitad superior del tablero.   

 El caso es que el señor Lobo añadió una nota de insolencia a la ya larga serie de desplantes que se ha permitido el equipo de Zapatero en apenas un mes: se trasvasa el Ebro sin dar a la cosa el nombre que tiene, y el presidente rehúsa explicarse en el Parlamento; se paga el rescate a unos piratas aunque se considera más circunspecto y profesional no entrar en el asunto ante los medios de comunicación; Rodríguez Zapatero abunda en la tesis de que no hay crisis y se queda tan tranquilo, y así sucesivamente.

     El rosario de impertinencias entra en sintonía natural con lo que ocurrió durante la legislatura anterior, y no fue castigado como debía por el votante. Me refiero a la negociación política con la banda terrorista ETA o a la mutación constitucional inducida por el Estatuto catalán, cuya consagración definitiva se está demorando, pero que sólo un enorme golpe de suerte impedirá que termine por fraguar en ley. La democracia española en su conjunto —instituciones y votantes— ha renunciado a exigir lo que en el área anglo se conoce como accountability. El principio de la accountability obliga al gobernante a explicarse, y cuando lo hace mal, a dimitir, antes de que el votante ponga —o no— la guinda encima de la tarta. La mala pedagogía desarrollada por Gobierno y gobernados ha rendido ya frutos preocupantes. Lo es que se mantuviera en el Gabinete a Magdalena Álvarez; sorprende la permanencia de Bernat Soria y Bermejo, y produce estupefacción que se haya nombrado ministro de Defensa a una joven sin experiencia, pacifista vociferante, y en avanzado estado de gestación.

    La opinión estimó que el gesto era telegénico y simpático, señal de que tampoco se siente demasiado oprimida por el sentido de la responsabilidad.

     Hemos ingresado en una fase en que las previsiones son imposibles. Con el árbitro de vacaciones, y el público distraído, poco puede o garantiza el reglamento.





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