Las alergias y las infecciones son las principales causas de la sinusitis, la inflamación de los senos paranasales.
A cabeza cuenta con una serie de cavidades que cumplen una misión fundamental: dar resistencia elevada a esas estructuras óseas complejas y demasiado frágiles. Hablamos de los senos paranasales, que están situados alrededor de las fosas nasales y con las que se encuentran conectados a través de orificios. Resulta llamativo comprobar cómo sus características anatómicas pueden variar de una persona a otra, siendo únicos o distribuyéndose en forma de varias pequeñas celdas. Siempre están recubiertos de una mucosa que fabrica secreciones. Lo normal es que estén huecos y que drenen esas secreciones hacia las fosas nasales.
Cuando se inflaman
La sinusitis es la inflamación de los senos paranasales. Habitualmente, esa inflamación es de naturaleza alérgica o infecciosa. Debido a ese estado de la mucosa, las secreciones son más abundantes y a la vez drenan con más dificultad. Por ello, se acumulan progresivamente dentro de los senos paranasales. Aunque la inflamación no sea infecciosa, debido a la acumulación de esas secreciones y a la presencia cercana de las fosas nasales, acaban infectándose con facilidad. En su aparición, además de esos factores inflamatorios pueden intervenir otros.
Las personas con anomalías anatómicas como una desviación del tabique nasal presentan una mayor facilidad para desarrollar sinusitis.
¿Qué molestias ocasionan?
La sinusitis aguda es muy molesta. Ocasiona dolor localizado en la zona del seno afectado, habitualmente en la región frontal o en la parte delantera de la cara. Este dolor es más intenso en determinadas posiciones, sobre todo de lado o hacia atrás, dependiendo de que se dificulte o no el drenaje de las secreciones acumuladas. Entonces, esas secreciones son más abundantes y de aspecto verde o amarillento.
Puede aparecer fiebre y problemas para la respiración nasal. La sinusitis crónica es menos virulenta pero también molesta pues provoca dolores de cabeza y un aspecto un tanto ojeroso. Estos cuadros evolucionan sin complicaciones aunque cuando se cronifica la inflamación pueden asociarse a abscesos o incluso provocar problemas más importantes como meningitis.
¿Cómo se controlan?
El tratamiento se basa en combatir la infección, reducir la inflamación, mejorar la fluidez de las secreciones y facilitar su drenaje. Para ello, es necesario el empleo de antibióticos, fluidificantes (especialmente hidratando) y el uso de antiinflamatorios orales o tópicos. Con frecuencia se puede recurrir a remedios naturales, siempre que faciliten la hidratación y la salida fluida de las secreciones (vahos, etc.).
Si existe un problema anatómico o bien alérgico, se debe corregir o prevenir una mala evolución para conseguir controlar estos procesos. En este sentido, se plantea la realización de una intervención quirúrgica que facilite la salida de las secreciones o mejore su drenaje, especialmente cuando se cronifican.
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