Preguntamos a siete expertos hacia dónde camina el enigmático mundo del arte
Biblioteca, de Miquel Barceló recientemente subastada en Christie's |
Kristian Leahy/Daniel Díaz
El arte actual se presenta muchas veces al espectador como un trabajo complejo, indescifrable y con un mensaje a menudo inaccesible e incomprensible. Esto no es nuevo si recordamos el poco éxito en vida de muchos autores a lo largo de la historia del arte occidental. Genios clásicos como Miguel Ángel, Caravaggio o El Greco, los impresionistas, Van Gogh o Picasso fueron criticados, censurados y hasta tratados con indiferencia por el gran público, el mismo que ahora adora su obra.
En el presente, muchos expertos coinciden en que nos encontramos, a pesar del mercantilismo exagerado que rodea el arte, en un momento importante en cuanto a calidad de artistas y obras.
Así, muchos coinciden en que el mercado va por un lado y la calidad de las obras muchas veces por otro bien distinto. La pintura, con Neo Rauch y las escuelas de Leipzig y Dusseldorf, está resurgiendo con una altísima calidad. Asimismo, el neopop de Jeff Koons y de los japoneses Murakami y Nara, el existencialismo irónico de Damien Hirst, el videoarte de Barney o Yang Fudong o la fotografía creativa son muestra de un momento de gran calidad en la historia del arte reciente.
Sin embargo, llama la atención el hecho de que ahora hay demasiados artistas y que el mercado no hace sino agitar esta coctelera enturbiando la mirada del crítico, el entendido e incluso del neófito, curiosamente los más escépticos y prevenidos ante tanta oferta.
Sabemos que los artistas no son nadie sin unos marchantes o galeristas que vendan su obra, pero también son imprescindibles en su camino los historiadores del arte, críticos y comisarios de exposiciones porque son finalmente los que siguen su obra, la exponen en instituciones o bienales y escriben sobre ellos.
Esta importancia relevante del comisario nos ha llevado a dirigirnos a ellos personalmente para obtener su opinión personal acerca del estado del arte de este momento.
El arte, según ellos, necesita una mirada contemplativa, pausada, reflexiva, un estudio, una lectura del pasado para entender el presente, un esfuerzo por preguntar, por leer, en definitiva, por formarse.
Hemos comenzado por preguntarles acerca de una época artística —la nuestra— desprendida de teorías, metarrelatos o dictaduras de estilo, para terminar por cuestionarles acerca de la incertidumbre del futuro del arte y los artistas. Estamos, nos dicen, en momentos de confusión, donde los contornos entre géneros, técnicas y modelos se han diluido, y donde lo “español” ha desaparecido ya prácticamente, teñido por la sombra patente e irreversible de un mundo globalizado.
En palabras de alguno de ellos, “existe una tendencia general a favorecer lo banal, lo comercial y aquello que nos dirige al reconocimiento más que al conocimiento, a lo espectacular en definitiva. (...) la función del artista contemporáneo no es tanto la de crear objetos que provoquen la respuesta refleja del espectador sino posibilitar que éste sea capaz de recrear su propia experiencia estética”. En el fondo vivimos los ecos de la deconstrucción derridiana, el final de la modernidad y el inicio de una nueva era sin nombre todavía, donde el relativismo y los microrelatos autorreferenciales forman parte del lenguaje actual del arte.
Esta importancia relevante del comisario nos ha llevado a dirigirnos a ellos personalmente para obtener nuevas respuestas sobre este siempre enigmático mundo. Según ellos, el arte necesita una mirada contemplativa, pausada, una lectura del pasado para entender el presente, un esfuerzo por preguntar, por leer, en definitiva, por formarse. Hemos comenzado por preguntarles acerca de una época artística —la nuestra— desprendida de dictaduras de estilo, para terminar por cuestionarles acerca de la incertidumbre del futuro del arte y los artistas.
Estamos, nos dicen, en momentos de confusión, donde los contornos entre géneros, técnicas y modelos se han diluido y donde lo “español” ha desaparecido ya prácticamente, teñido por la sombra de un mundo globalizado. Alguno incluso reconoce que “existe una tendencia general a favorecer lo banal”.
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