Los centros privados -un lujo inasumible en la actualidad- no quieren perder estudiantes y tratan de dar facilidades a los nuevos clientes.
Ha habido una proliferación de universidades privadas. EFE |
Marcel Gascón.
Madrid.- La crisis económica —llámenla desaceleración acelerada o periodo de dificultades— ocupa los telediarios, centra el discurso de los políticos y golpea con saña el bolsillo de los españoles. La cesta de la compra es más cara, pero hay que comer y los primeros sacrificios van siempre a necesidades menos perentorias. Ofrecer estudios superiores a los hijos sigue siendo poco menos que una obsesión en este país, pero las universidades privadas —que tan de moda estuvieron en la década de los 90— son en estos momentos un lujo inasumible para muchas familias.
Los centros particulares saben que lo tienen más difícil. España envejece al ritmo más rápido de la vieja Europa, y cada vez hay menos jóvenes —y con familias más pobres— en edad de comenzar sus días de vino y rosas en las facultades. Por eso se esfuerzan en darse a conocer y ser las elegidas en el baile de final del Bachillerato.
Plan contra la crisis
Para atraer a quienes, en la situación económica actual, tengan problemas para pagar la matrícula, y garantizar que sus actuales alumnos puedan acabar sus estudios, la Universidad Europea de Madrid (UEM) ha lanzado un plan que facilita las condiciones para afrontar los pagos. La medida estrella de la iniciativa es la creación de un seguro que prevé la posibilidad de que las personas que financian los estudios del alumno sean despedidas de su empleo. Quienes lo contraten pagarán una cuota anual de 150 o de 70 euros, que les garantiza recibir mensualidades de 1.000 y 500 euros, respectivamente, en caso de que los malos vientos del mercado laboral sacudan al interesado.
Según explicó a LA GACETA la vicepresidenta financiera de operaciones de la UEM, María Luisa Landecho, la asignación —de una duración máxima de nueve meses seguidos— se mantendrá hasta que el desafortunado encuentre de nuevo un trabajo. Además, la institución ofrece a sus alumnos facilidades para financiar sus matrículas, contemplando la posibilidad de cubrir el gasto en plazos que van desde los doce meses para las tasas anuales a los diez años para el coste de toda la carrera. Por otro lado, la universidad destaca sus esfuerzos para conseguir que las prácticas en las empresas sean remuneradas, de manera que los propios estudiantes puedan descargar a los padres de la losa que suponen todos sus gastos educativos.
El resto de los centros resalta el papel de las becas para paliar los efectos disuasorios que las dificultades económicas pueden tener para las familias. Así, la Universidad Camilo José Cela (UCJC) pone a disposición de sus nuevos clientes ayudas propias independientes de las oficiales y acuerdos con entidades bancarias que permiten financiar la carrera en cinco, diez o quince años, como cuenta a este periódico la jefa de prensa de la UCJC, Marta Estévez.
Promoción
Los anuncios en prensa y radio y la presencia en las ferias del sector son las medidas de promoción más comunes para captar estudiantes. Es la apuesta de la Universidad Alfonso X el Sabio, según explica su responsable de comunicación y márketing, Jesús Guodemar. En su propaganda, el centro resalta los “excelentes resultados” que sus titulados tienen en el mercado laboral. Sin embargo, para Guodemar “la mejor promoción es la que hacen los propios alumnos cuando finalizan sus carreras”. Una política parecida sigue la UCJC, que este año dirige sus comerciales a los dos tipos de público implicados en la decisión de elegir universidad, los jóvenes y sus padres.
“La campaña tiene dos imágenes diferenciadas. En el caso de las piezas dirigidas a los padres presentan una creatividad más institucional, y en el caso de los jóvenes apostamos por una imagen más juvenil, con eslóganes y colores que nos parecen más cercanos a sus gustos”, dice Estévez, de la UCJC. Además de la radio y la televisión, la institución ha redoblado esfuerzos en la publicidad exterior, en internet y en el cine para llegar a sus potenciales clientes.
La promoción directa es el otro pilar sobre el que se asienta la estrategia de seducción de la UCJC en estos tiempos difíciles. Durante el final del curso sus representantes han recorrido colegios privados e institutos públicos de todo el país para cazar a los adolescentes que se presentan, indecisos y nerviosos, al examen de selectividad.
Las ferias del sector educativo son la otra forma que los departamentos de publicidad utilizan para entrar en contacto directo con los jóvenes y sus familias y financiadores, a las que cortejan con mimo para llevarse a los futuros universitarios a sus facultades.
El fin de la edad de oro iniciada en los años 90
La de los 90 fue la década de oro las universidades privadas en España. La consolidación de la clase media y la llegada a la mayoría de edad de la generación del baby boom hicieron estallar la demanda de carreras. Todos los padres aspiraban a mandar a sus hijos a la universidad, algo que a menudo tenía más de reto social que de decisión racional.
El fenómeno llegó a su cima al final de la década, cuando el país alcanzó su máximo número de estudiantes universitarios. 1,6 millones de personas estaban matriculadas en los centros, una cifra que decreció a partir de ese momento, lo que provocó que las muchas universidades creadas para responder a la demanda se fueran quedando vacías.
El problema se ha ido agudizando, hasta el punto de que existen 170.000 estudiantes menos y 40 centros más que hace siete años. El problema afecta especialmente a las privadas, que necesitan a sus alumnos como cualquier negocio precisa de sus clientes para sobrevivir. Las previsiones indican que el desajuste crecerá en los próximos años, y la llegada de la crisis económica amenaza ahora con crearles más dificultades. La lucha por el alumno se promete ardua y apasionada.
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