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    57 de 1946 en Columnistas
31/10/2007 00:00   




Medios, justicia y política

No me cansaré de recomendar al público que se forme su criterio de acuerdo con su leal saber y entender.

Recordaba yo, a medida que el magistrado Gómez Bermúdez leía el resumen de la sentencia, aquel anuncio hecho en un periódico favorable al Gobierno, al menos por entonces: la sentencia será breve y cerrada. Eso quería decir pocos folios, juicios contundentes y liquidación definitiva del caso. Muchos otros medios se hicieron eco de este pronóstico. La realidad, en cambio, ha sido una sentencia de más de 600 folios, que absuelve del cargo de autoría intelectual de los atentados del 11-M a los tres acusados de este delito, sin especificarse la identidad de los verdaderos culpables. Esto quiere decir sentencia larga y abierta. Exactamente lo contrario de aquel anuncio.La pregunta es de dónde obtuvo ese periódico la información que publicó, atribuyéndola a unas fuentes jurídicas innominadas. En otras palabras, quién o quiénes intoxicaron al periodista, si es que alguien quiso intoxicarlo. Pero eso da lo mismo; lo relevante, a mi entender, es que aquel anuncio se ha revelado ahora como un intento de influir sobre los jueces, bien por el medio de comunicación, bien por las fuentes que le hubiesen facilitado la presunta información que ha resultado ser un puro invento.La instrumentalización de la justicia al servicio de intereses políticos es un fenómeno antiguo, incluso diríamos clásico. Ahora, con la sentencia emitida, las primeras reacciones de dirigentes políticos incurren en lo mismo. Los dos más importantes han coincidido en aceptar la sentencia, no faltaba más; pero Mariano Rajoy ha puesto el acento en que fue el Gobierno del PP el que detuvo a los ahora condenados, y en que seguimos sin saber quién o quiénes planearon los atentados y ordenaron su ejecución y la fecha en que debían cometerse. Rodríguez, por su parte, ha estado más disimulado, pero no menos partidista: sus palabras han tenido apariencia patriótica y pacificadora, pero muchos, entre los que me cuento, hemos entendido que ha querido transmitir este mensaje: ya hay sentencia, pasemos página, no investiguemos más; en consecuencia, si alguien lo hace estará tratando de politizar la justicia. O sea: más de lo mismo, y así habremos de seguir hasta las elecciones del 9 de marzo.El ejercicio del periodismo en las condiciones presentes no es ni grato, ni cómodo, ni da la impresión de servir de gran cosa al servicio del público, porque el camino hacia la información tiene más trampas que una película de Fumanchú, como se decía hace años. En verdad, resulta muy fatigoso pasarse los días tratando de averiguar a qué intereses está uno sirviendo sin saberlo. Pero tampoco este fenómeno es nuevo. Recuerdo que, ya a fines de los años 70 y principios de los 80, agencia de imagen hubo que se comprometía con algún cliente a garantizarle a cambio de suculentos honorarios la publicación de opiniones favorables a sus intereses políticos, y que recopilaba después columnas y artículos que servían a sus propósitos, aunque casi todos (entre ellos alguno mío) habían sido escritos y publicados con completa ignorancia de este compromiso.Las víctimas principales de todo esto no somos, sin embargo, los profesionales del periodismo, sino los ciudadanos, que en su mayor parte tienden a creer lo que leen, oyen y ven, aunque sea un lugar común muy repetido eso de que los periodistas no hacemos más que decir mentiras. Lo cierto es que nunca me cansaré de recomendar a los lectores, oyentes y teles-pectadores que se formen su criterio de acuerdo con su leal saber y entender, que no se conformen nunca con una sola fuente y que traten de encontrar sus propias respuestas a las cuestiones que se suscitan cada día. Los hombres libres somos dueños y, por tanto, responsables de nuestros propios actos.





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